- Literatura. El debut americano de Ayesha L. Rubio: "El desarraigo es la idea que me quedó de Estados Unidos"
- Entrevista. Mick Herron: "La literatura y cualquier arte se basan en el entretenimiento. Sin él una buena novela no tiene sentido"
En estos tiempos de sobre-información, podcasts y fajas, creo que habría que intentar acometer siempre la lectura de los libros con la menor información posible sobre sus autores, sobre su contexto externo o sobre las circunstancias de su escritura, y más cuando se trata de la obra de alguien que debuta.
Por mi parte, sólo al llegar a la página 100 de Volverán como fuego he caído en la tentación de leer la solapa y la contracubierta, y no me ha extrañado encontrar en ambos textos el nombre de Juan Gómez Bárcena, pues efectivamente en este debut de Ayesha L. Rubio se rastrea esa misma atracción del cántabro por los proyectos difíciles, esa ambición de narrar lo grande, ese apego por los desafíos.
Volverán como fuego
Random House. 176 páginas. 19,90 ¤ Ebook: 8,99 ¤
La violencia en muchas de sus formas (ejecuciones, esclavitud, racismo, orfandad, locura, alcoholismo, desplazamientos forzosos, miseria...) protagoniza este libro, que es algo más que una colección de cuentos, pues hay claramente un propósito global, ganas de expresar una sola cosa, elemental y preocupante, a través de diferentes caminos y sirviéndose con gran habilidad de distintos registros literarios.
Si todo comienza con la propuesta de una nueva cosmogonía (para que no haya duda, desde sus primeras palabras, que la literatura de Rubio nace en serio), lo que se cuenta o se sugiere después a través de sueños premonitorios, supersticiones que no lo son tanto o pertinentes referencias musicales (a las que se les concede demasiada importancia en títulos y exergos, pero con sentido) es un desgarro colectivo narrado desde diferentes soledades, peligros o demencias individuales.
La constatación de que no hemos sido libres de elegir nuestros destinos, o la certeza de que no gobernamos nuestras vidas sino que dependemos de circunstancias imprevisibles o caprichos ajenos, se arraiga aquí gracias a una buena conciencia de la Historia, bastante insólita hoy, y a una profunda y poderosa empatía con vidas aparentemente remotas.



