La obra del artista danés Vilhelm Hammershøi está ya en España. El madrileño Museo Thyssen-Bornemisza abre al público la primera retrospectiva dedicada al pintor que se celebra en nuestro país. Olvidado durante buena parte del siglo XX debido a la consolidación de las vanguardias históricas, su obra ha adquirido gran fuerza en las últimas décadas y coleccionistas, expertos e historiadores del arte han revindicado la modernidad de su paleta. El interés internacional por sus trabajos no deja de crecer y, más de cien años después de su muerte, sigue intrigando a quienes descubren su lenguaje intimista y personalísimo. No en vano, el subtítulo de la exposición, El ojo que escucha, remite a la relación metafórica entre su pintura, el silencio y el interés del artista por la música.
La antológica arranca con una sala en la que se presentan los años de formación de Hammershøi y las primeras obras que expone en público. En ellas se encuentran muchos de los rasgos que caracterizarán todos sus trabajos posteriores, como la reducción de elementos y una paleta dominada por los blancos, negros y grises. A continuación, se exhiben los grandes temas de su pintura: retratos y figuras, donde se añade una sala adicional dedicada a Ida, su mujer; interiores domésticos muy depurados que le convirtieron en un artista popular en vida; paisajes urbanos y rurales, en los que es llamativa la ausencia de seres humanos; y una última sala con grandes obras de sus últimos años que funcionan como su testamento artístico.
La comisaria de la muestra, Clara Marcellán, destaca entre los trabajos del danés obras como Rayos de sol o Motas de polvo bailando en los rayos de sol. Strandgade 30, fechada en 1900, y quizás su obra más icónica. «Reúne el carácter enigmático de sus interiores vacíos, austeros, y el efecto poético de la luz que entra por la ventana», señala. Por su parte, otra de las composiciones más emblemáticas es la titulada Retrato de Ida Ilsted, de 1890. Se trata de la representación de la futura esposa del artista, ya que contrae matrimonio con ella un año después de realizar esta obra. «Es un trabajo temprano y fundamental por su monumentalidad y delicadeza, además de ser el primero de los muchos retratos que realizará de ella», comenta Marcellán.
Ida era hermana de Peter Ilsted, pintor y compañero de Hammershøi, una mujer discreta que tocaba el piano, acompañaba al artista en sus viajes y largas estancias en el extranjero, hablaba con él de su pintura y participaba activamente de sus encuentros sociales y con coleccionistas. «Posaba para él a diario, a veces como una figura anónima al modo de la mujer vestida de negro y de espaldas que aparece en muchos de los interiores del artista, y otras como un personaje más cercano en que podemos reconocer sus rasgos y sus estados de ánimo», indica la comisaria.
Puertas abiertas, obra firmada en 1905, es otra de las más relevantes ya que muestra una sucesión de habitaciones localizadas en Strandgade 30, residencia del artista entre 1898 y 1909 (entre 1913 y 1916 se trasladaron al número 25) y uno de los temas predilectos de sus composiciones.
«Se trata de un interior vacío y austero donde las puertas blancas que conectan los cuartos están abiertas en distintos ángulos en una suerte de conversación pausada en la que, en ausencia de otros elementos, estas parecen cobrar vida», apunta Marcellán.
Más de 40 prestadores han contribuido a configurar esta completa exposición, entre los que destacan instituciones danesas como la National Gallery, la David Collection y el Museo Ordrupgaard, además de un sinfín de colecciones públicas y privadas procedentes de países como Suecia, Alemania, Francia, Reino Unido o EEUU.
De Hammershøi quienes le conocieron afirmaban que era una persona taciturna e introvertida, a pesar de que contó con arduos defensores de su obra. Mantuvo amistad con otros artistas daneses como Jens Ferdinand Willumsen o Carl Holsøe, y con el violonchelista Alfred Bramsen o con el pianista Leonard Borwick, dos de sus más fieles promotores. Clara Marcellán explica cómo en su obra los espacios vacíos, las figuras ensimismadas y la aparente ausencia de acción contribuyen a potenciar un efecto silencioso, reforzado por el color y las veladuras grises que unifican sus pinturas. En esta paleta tan reducida cobra especial protagonismo el blanco, un color que, como apuntaba Kandinsky, transmite un silencio lleno de posibilidades y funciona de manera similar a una pausa musical: crea expectación y es condición necesaria para la escucha.
Poul Vad, uno de los grandes historiadores daneses y estudioso de su obra, menciona la pasión que Hammershøi sentía por la música, que estaba muy presente en su hogar y en su círculo de amigos. Para el artista resultaba esencial la armonía y, en sus composiciones, también empleaba variaciones sobre un mismo motivo, e incluso la sucesión rítmica de elementos que poseían un eco musical. En 1907, durante una de las pocas entrevistas que concedió, Hammershøi declaró que lo que le llevaba a escoger un motivo era, en gran medida, las líneas que contenía, algo a lo que denominó «la actitud arquitectónica de la imagen», aunque concedió también importancia a la luz y al color.
Vilhelm Hammershøi es uno de los artistas daneses más valorados en la actualidad y fue muy apreciado en su tiempo, si bien entre la década de 1930 y 1980 cayó, desgraciadamente, en el olvido. Buscó su inspiración en al arte antiguo, que pudo apreciar durante sus visitas al parisino Museo del Louvre o al londinense British Museum, se dejó seducir por la pintura holandesa del siglo XVII, por la de los maestros daneses de la primera mitad del siglo XIX o por la obra de pintores contemporáneos como Whistler. Hoy es él quien sirve de fuente de inspiración a artistas como Elmgreen & Dragset, quienes organizaron una exposición en la National Gallery de Dinamarca en 2019 que partía de su fascinación por los interiores de Hammershøi y que mostraba su obra junto a la de otros artistas actuales. También Hammershøi fue una fuente importante de inspiración, tal y como comenta la comisaria de la exposición, para el mundo del cine, como en el caso de la película La chica danesa, de 2015, con una marcada estética basada en su pintura, donde se enfatizan los tonos fríos y los interiores melancólicos. El Centro de Cultura Contermporánea de Barcelona (CCCB) ya exploró en 2007 esa dimensión cinematográfica enfrentándolo al cineasta Carl Dreyer en el seminal cara a cara Hammershøi y Dreyer. Sin duda, uno de los grandes referentes del realismo europeo que merece ser escuchado a través de su pintura.
Hammershøi. El ojo que escucha
Del 17 de febrero al 31 de mayo.
Comisaria: Clara Marcellán.

