LA LECTURA
Historia

El espejismo del Irán moderno de los años 60 y 70: "Jomeini trajo el infierno, antes teníamos la dictadura del Sha"

Durante las décadas de los 60 y 70, Irán vivió una efervescencia cultural y el derecho a voto de las mujeres a pesar del régimen autoritario y la censura de Reza Pahlavi: la Nueva Ola del cine, el existencialismo en literatura, la vanguardia teatral del Shiraz Arts Festival... La politóloga Nazanin Armanian desmitifica aquellos años: "No fueron gloriosos"

La fiesta de 'Le Bal des Petits Lits Blancs', en 1971, que impulsaba la reina Farah en Persépelis. En la imagen, el actor José Luis de Vilallonga, a la derecha.
La fiesta de 'Le Bal des Petits Lits Blancs', en 1971, que impulsaba la reina Farah en Persépelis. En la imagen, el actor José Luis de Vilallonga, a la derecha.
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Sin velo, con vestidos cortos o largos, estampados de topos o geométricos, minifaldas y americanas... Así estrenaron las mujeres su derecho al voto en Irán, en 1963, aunque las elecciones bajo el régimen del Sha, sin partidos políticos reales, fueran más un trámite. Aquel 1963 en que Martin Luther King pronunciaría en Washington su célebre discurso de I Have a Dream, sobre la libertad y la igualdad, había empezado en Teherán con la celebración del aniversario de la ley antivelo, que en 1936 había prohibido el uso del chador y otras prendas tradicionales islámicas (aunque apenas estaría en vigor un lustro). En las fotos de la época, las iraníes parecen francesas o americanas: visten a la moda y con colores llamativos, con elegantes diseños a lo Jackie Kennedy, un toque mod británico o un glamour muy parisino. Incluso algunas desprenden un aire yeyé, como cantaba nuestra Concha Velasco, con el pelo alborotado y medias de color: looks divertidos, liberadores, a base de botas mosqueteras, vistosos pendientes y peinados sofisticados... Pero el sueño de libertad de las mujeres, que ya vivían bajo la tutela masculina aunque fueran físicas nucleares (que las había:cerca del 25%de los científicos que trabajaban en el programa nuclear iraní eran mujeres, tal como destacaba el diario Etela'at en 1968, preguntándose: «¿Cómo se puede conciliar el marido con los átomos?»), terminaría abruptamente en 1979, con la llegada del ayatolá Jomeini y la instauración de su brutal teocracia que las dejaría sin derechos.

A ojos contemporáneos sorprende la estética moderna de las décadas de los 60 y 70 en Irán, un periodo de granl efervescencia cultural a pesar de la dictadura del Sha Mohammad Reza Pahlavi, de quien ahora una parte de la ciudadanía pide el regreso de su heredero, el príncipe que nunca reinó, Reza Pahlavi. Desde la Revolución Blanca de 1963 hasta la fatal Revolución Islámica de 1979, Irán experimentó una Nueva Ola del cine (aunque estaba más cerca del neorrealismo italiano que de la Nouvelle Vague francesa), una potente corriente existencialista en literatura, la formación de grupos musicales que coqueteaban con el rock o el jazz añadiendo influencias persas, una vanguardia teatral que eclosionó en el Shiraz Arts Festival que se celebrara los veranos en las ruinas de la antigua Persépolis... Y las mujeres fueron también protagonistas de esa Renaissance o resistencia cultural, marcada por la censura de la monarquía Pahlavi.

Para saber más

«Era la época de la Guerra Fría, se propagaban las ideas comunistas y había mucho descontento con el Sha. La Revolución Soviética tuvo el mismo impacto en Asia que la Revolución Francesa en Europa. El pueblo reclamaba libertad, pan y trabajo; en realidad, como ahora... Por eso, Pahlavi impulsó desde arriba una Revolución Blanca, para evitar una Roja», sintetiza la politóloga Nazanin Armanian, nacida en Siraz en 1961 y exiliada en España desde 1983. Es autora de varios ensayos sobre Oriente Medio, como el esclarecedorIrán. La revolución constante. Entre la modernidad y el Islam tradicional (Flor del Viento), coescrito junto a Martha Zein, un repaso de la compleja historia del país desde finales del XIX hasta la instauración de una República Islámica, que acabaría con una monarquía milenaria y un éxodo masivo de iraníes. «Si hoy nos sorprende la modernidad de Irán en los 60 y 70 es porque Jomeini eliminó de un plumazo todos los derechos que habíamos conseguido en un siglo. Pero con el Sha vivíamos en una dictadura muy represiva que mantuvo la sharia en el Código de Familia, la poliginia y la tutela del hombre sobre la mujer. Sus reformas fueron superficiales, una fachada», expone Armanian. Ella misma sufrió esa represión, primero con el Sha, después con Jomeini; acabó escapando del país a través de las montañas de Pakistán junto a otros compañeros de la universidad.

Para paliar el creciente descontento popular, el Sha impulsó una serie de medidas para industrializar y occidentalizar el país, mirando hacia el entonces feliz capitalismo de Estados Unidos. La Revolución Blanca -el color que más se aleja del rojo comunista- trajo el voto a las mujeres y una profunda reforma agraria de expropiaciones al clero y a los terratenientes para repartir las tierras, pero no daría los frutos esperados. Para los demócratas era demasiado poco, para los conservadores y religiosos suponía un ultraje que introducía las decadentes y deshonrosas costumbres extranjeras, algo que empezó a criticar un joven y desconocido clérigo, Jomeini, alentando revueltas en Qom, el mayor centro de estudios islámicos chiitas. Aquel 1963 Jomeini acabaría en prisión por sus discursos incendiarios contra el Sha.

Dos mujeres se saludan con un beso en un salón de belleza de Teherán, en 1977.
Dos mujeres se saludan con un beso en un salón de belleza de Teherán, en 1977.ABBAS ATTAR /MAGNUM

censura y represión

La occidentalización de Irán tenía un límite claro:el rock. Cuando la banda de rock psicodélico Tak Khalha, con canciones en persa que rozaban el ska o covers de Play With Fire de los Rolling Stones, empezó a atraer a masas de jóvenes, sobre todo universitarios, las autoridades la consideraron demasiado subversiva, la persiguieron y la relegaron a un circuito underground mientras apoyaban las músicas tradicionales o los grupos de pop ligero e inofensivo. El documental Tak Khal Ha 50 Years Later (2022) recupera la historia del grupo liderado por Bahman Bashi, que se exilió a Nueva York en el 78, cuando se intensificaron las manifestaciones contra el Sha. Meses después, Jomeini iría más lejos y prohibiría el rock por ser una «influencia corruptora».

Aunque fuera la música de moda en medio mundo, tampoco tuvo cabida en el Shiraz Arts Festival, un festival de verano que se celebró durante una década (1967-1977) en las ruinas arqueológicas de la antigua Persépolis y la ciudad de Shiraz. Fue un ambicioso encuentro internacional que buscaba unir Oriente y Occidente, auspiciado por la propia emperatriz Farah Diba, tercera esposa del Sha, la única que le dio descendientes varones y que él mismo proclamó, con cierto delirio napoleónico, Emperatriz en vez de Reina. El Shiraz Arts Festival apostaba por el folklore de los distintos países de Oriente Medio, al tiempo que actuaba como un escaparate para las producciones extranjeras más innovadoras, enfocado sobre todo en la experimentación teatral y con producciones míticas como el Persépolis del artista francogriego Iannis Xenakis, un encargo para inaugurar la edición de 1971 y que aún se representa en museos y auditorios de todo el mundo (CentroCentro lo programó en 2024, en Madrid). Xenakis concibió una pieza electroacústica y multimedia sobre las ruinas de la fortaleza del Emperador Darío II. El espectáculo tuvo dimensiones olímpicas: se desplegaron láseres y proyectores, con 92 focos de luz y grandes hogueras dispersas en las colinas que rodeaban el yacimiento, así como un desfile de 150 niños con antorchas que descendían por las laderas.

«El festival permitió una cierta apertura, sí. Pero también fue una operación de blanqueamiento de la dictadura. Nunca se permitió a los músicos progresistas iraníes que participaran en él. Todos estaban perseguidos...», resalta Armanian. En los últimos años, varias universidades anglosajonas han analizado el impacto de ese efímero festival en encuentros y publicaciones como A Utopian Stage de Vali Mahlouji, comisario y asesor del British Museum.

icono feminista

Si en la década de los 60 hubo un icono femenino en Irán esa fue la poeta Forugh Farrojzad (1935-1967), cuya muerte prematura con solo 32 años contribuyó a afianzar su mito. Sufrió un accidente con su Jeep y las circunstancias siempre quedaron envueltas en un sospechoso misterio. Más allá de protagonizar la crónica rosa por su agitada vida sentimental, la joven Farrojzad se alzó como la gran rapsoda que renovó la rica tradición persa, con poemarios tan líricos y bellos como transgresores. Con sus versos sobre la libertad y el deseo de la mujer, el suyo propio, rompió tabúes y sorteó la censura.

Pero no se limitó a los versos. En 1962, Farrojzad estrenó un aplaudido corto documental que se adelantó al movimiento de la Nueva Ola: La casa es negra. ¿Una mujer directora que se adentraba en una colonia de leprosos con primerísimos planos de sus heridas y su sufrimiento? Puro cine experimental en el que desliza citas del Antiguo Testamento, el Corán y sus propios versos, y que la Mostra de Venecia recuperó en 2019 con una copia restaurada. «Tras años de olvido la figura de Farrojzad vuelve a resurgir», opina Armanian, que ha sido la traductora al español de su poesía completa, reeditada por Gallo Nero en 2025 en el exquisito volumen Eterno anochecer.

Aunque Farrojzad fue la precursora de la Nueva Ola iraní, la película que inauguró oficialmente el movimiento en 1964 fue Piel de serpiente de Hajir Darioush, basada en El amante de Lady Chatterley de D. H. Lawrence. Darioush sería premiado en la Berlinale al año siguiente con Face 75 -75, una mirada crítica a la occidentalización de la cultura rural iraní. Pero Abbas Kiarostami, que empezó a rodar sus primeros films en los 70, se convertiría en el rostro más visible de esa Nueva Ola. Y ya en 1997, cuan vivía en Francia como la mayoría de sus colegas, fue el primer director iraní que consiguió la Palma de Oro en el Festival de Cannes por El sabor de las cerezas.

¿Tuvo más repercusión el cine iraní fuera de sus fronteras que dentro del país? «En Teherán, ir al cine era muy caro, solo se lo podía permitir una cierta élite», señala Amranian. Y recuerda sus días de estudiante: «De repente la embajada de la URSS, que estaba en un edificio enorme, anunció sesiones de cine muy baratas. Y se formaban unas colas larguísimas en la calle para ver El acorazado Potemkin y otras películas soviéticas. Era impensable que el Sha permitiera esa propaganda, pero servía para identificar a los izquierdistas o comunistas. Y al día siguiente el SAVAK, que era como la policía política de Pinochet, llamaba a la puerta de tu casa para saber qué hacías viendo esa película...».

Porque en la represión policial sí había una igualdad de género. En 1971, Pahlavi abrió la primera cárcel para presas políticas y en su ya agonizante 1979 mandó a la horca a la activista Irán Sharifi, acusada de secuestrar y matar a los hijos de su marido. «El asesinato de Sharifi fue impactante para el pueblo iraní ya que el único referente de una condena de este tipo había sucedido en 1860, cuando la feminista bahai Taheré Ghorrat-ol-Ein fue acusada de herejía», apunta Armanian.

Por desgracia, las ejecuciones de mujeres a partir de 1979 se multiplicarán, ya sea por torturas, lapidaciones o fusilamiento. Y lo harán durante décadas, hasta el asesinato de Mahsa Amini, de 22 años, que fue detenida por la Policía de la Moral por no llevar el velo correctamente y que conmocionó al mundo entero en 2022, desatando una ola de protestas en Irán. «Jomeini trajo el infierno. En comparación, la dictadura del Sha puede parecer gloriosa, pero no lo fue. Por eso me da miedo cuando veo manifestantes con la foto de su heredero pidiendo que vuelva el Sha. Irán necesita una verdadera democracia, una república sin más adjetivos», suspira la politóloga. Y recuerda un dicho popular sobre el Irán del Sha y el de ahora: «Antes, los hombres iraníes rezaban en casa e iban a los cabarets a beber. Ahora beben en casa y van a la mezquita a rezar».