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A mediados de octubre de 1987 un terrible huracán azotó gran parte del Reino Unido dejando 18 muertos y cuantiosos daños. Justo al día siguiente, entre árboles destrozados y carreteras cortadas, Cora, una mujer atrapada en un abusivo y desolador matrimonio, se dirige al registro junto a su hija de nueve años Maia para inscribir al bebé mientras hablan de nombres. El marido de Cora, Gordon, un amable y respetado pediatra con un siniestro lado en la intimidad del hogar, siempre ha insistido en que el bebé lleve su nombre, una tradición heredada de su familia, pero a Cora le repunga la idea.
Teme que el nombre imponga un cruel destino a su hijo, corrompiendo su inocencia y encadenándolo a una saga de hombres violentos y dominantes. Cora prefiere Julian, que en su libro de nombres para bebés significa "padre celestial" y alberga la ingenua esperanza de que, dado que el nombre honra la paternidad de Gordon, le parezca una solución aceptable. Mientras tanto, Maia sugiere Bear porque suena "suave, tierno y amable... pero también valiente y fuerte".
Los nombres
Traducción de Aurora Echevarría. Salamandra. 352 páginas. 20,90 ¤ Ebook: 9,99 ¤
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Con esta premisa se inicia Los nombres (Salamandra), la primera novela de la británica Florence Knapp, que narra de forma cruda y emotiva, con envolvente hondura, la historia de una familia a lo largo de 35 años, a través de tres versiones paralelas de sus vidas, dependiendo del nombre que una madre le da a su hijo recién nacido. "La chispa inicial fue mi fascinación por indagar en qué es lo que nos hace ser quienes somos, ya sea nuestra educación o nuestras circunstancias", explica Knapp desde su casa en las afueras de Londres.
"Y pensé que los nombres son lo primero que nos dan en la vida y, bueno, los llevamos con nosotros a todas partes, así que nos influyen desde siempre, ya sea por las asociaciones que otras personas hacen al conocerlo o por cómo moldea nuestra identidad", reflexiona la escritora. "Sin darnos cuenta, hacemos un montón de juicios rápidos en base a ellos: nos hacen pensar en el origen de la persona, o nos influye si ésta tiene el mismo nombre que alguien a quien quizás le teníamos mucho cariño, o a quien odiamos. Así que la idea era ver cómo sería de distinta la vida de un niño a través de tres nombres distintos".
De la artesanía a la literatura
Su novela, todo un éxito de crítica en Reino Unido que ha vendido más de 100.000 ejemplares en el mercado anglosajón y que será traducida este año a más de 25 idiomas, es, como explica, la historia de tres nombres, tres versiones de una vida, y las infinitas posibilidades que una sola decisión puede desencadenar. Un tríptico que, a través de la historia de una familia, indaga en cómo nos afecta la violencia, cómo cambia nuestra forma de ser según las circunstancias y en cómo el amor resiste y perdura en una familia, sin importar lo que el destino les depare.
"Nuestros nombres son lo primero que nos dan en la vida, así que nos influyen desde siempre"
A sus casi 50 años, Knapp debuta como novelista, pero no como escritora. A principios de este siglo comenzó un blog de costura centrado en el paper piecing inglés -una técnica manual de costura inventada en el siglo XIX- que le granjeó bastante éxito en el mundo de la artesanía británica, llevándola a escribir un libro sobre costura para el Victoria and Albert Museum y un ensayo sobre este arte y la psicología del trabajo manual, que se publicó en 2018. Sin embargo, su historia de amor con la ficción viene de lejos. "Ya en mis años universitarios, en los 90, empecé a escribir novelas y tenía varias a medio terminar, que es lo más complicado. Durante años todo estuvo aparcado, pero tras publicar aquel ensayo sentí que quizá era el momento de retomarlo", recuerda.
Así, llegamos de nuevo a ese día de 1987 en el que Cora decide el nombre de su hijo. A partir de entonces la novela se desgaja en un tríptico que de siete en siete años nos hace seguir la vida de Bear/Julian/Gordon y los diferentes avatares que afronta. Sin desvelar mucho al lector, diremos en unas pocas pinceladas que en el primer escenario su furibundo padre comete un asesinato que le lleva a prisión dejando a la familia libre de él y generando una crianza tolerante y libre. En el segundo, es años después cuando finalmente mata a Cora, lo que hace que sus hijos, aún niños, vayan a vivir a Irlanda con su abuela materna. Y, por último, la vida de Gordon transcurre en un clima de hostilidad constante en el que Cora es el prototipo de mujer maltratada incapaz de abandonar esa vida por temor a lo que les pasará a sus hijos.
"Fue este tipo de estructura lo que me sostuvo como escritora, lo que me dio una estabilidad y un punto al que ir llegando en cada etapa", confiesa Knapp. "Además, al hacer estos capítulos alternos de historias similares pero diferentes pude equilibrar lo que iba contando, para no someter al lector a una historia demasiado oscura», asegura. Y es que un tema espinoso pero inevitable en Los nombres es el maltrato psicológico y el abuso doméstico, muy presente en cada una de las tres historias, aunque de formas distintas.
En 2020, Knapp formó parte de un grupo de lectura comunitario del Royal Literary Fund, donde una trabajadora de un refugio para mujeres les dio una charla como parte del curso. "Nos contó los detalles de su trabajo y fue desgarrador escucharla. Me costó mucho no cerrar la tapa del portátil", rememora Knapp, «porque me dieron ganas de llorar y me daba vergüenza sentirme así cuando ese era el día a día de su trabajo".
"Mi libro nace para responder a las preguntas básicas que sugiere el maltrato: ¿por qué alguien haría eso? ¿Por qué una mujer no se iría ante algo así?"
"No podía quitarme de la cabeza lo que había oído. A nivel emocional, quería escribir para comprender. Nada de lo que nos contó ese día está en el libro, pero sí me ayudó a crear la dinámica que se crea en torno a un personaje como Gordon padre», explica la escritora, que asegura que el tema del maltrato no fue un objetivo del libro, sino que se integró de forma natural.
"Pensaba en estos tres nombres y en que el impulso del libro surgiría de la reacción del marido a esos nombres. Eso me permitió explorar algunas de esas preguntas básicas que sugiere el maltrato: ¿por qué alguien haría eso? ¿Por qué una mujer no se iría ante algo así? ¿Y cuál sería el impacto en los niños de crecer en un hogar así?", ahonda Knapp. "Eso me abrió narrativas variadas sobre el maltrato: el control financiero y el aislamiento social de una mujer, las palizas físicas, el cuestionamiento de la salud mental de la mujer o la amenaza de quitarle a sus hijos...".
El poder de la familia
Pero más allá de todas estas tramas, Los nombres engarza con solvencia partes más amables hasta conformar un fresco cotidiano que refleja la ambivalencia de la vida y sobre todo, cómo nuestra esencia es independiente, hasta cierto punto, de nuestras vivencias. "Uno de los grandes retos del libro fue crear personajes que fueran lo suficientemente diferentes en la mente del lector para distinguirlos en sus tramas, pero también que el lector sintiera que, en el fondo, son la misma persona", asegura la autora. "Por ejemplo Maia, la hermana, es lesbiana en todas las versiones de su vida, pero según el contexto puede vivirlo de forma abierta, tiene grandes problemas para reconciliarse con su condición o la vive de forma natural pero ocultándosela a su familia", apunta.
En el caso de Bear/Julian/Gordon es la creatividad, que en una de las vidas le hace arqueólogo, en otra orfebre y en la última, la dominada por su padre, un amante de la pintura. En este sentido, la novela deja claro que, incluso en las versiones más benévolas de nuestra vida, nadie está libre de miedos, traumas y fantasmas. "Los tres personajes viven la violencia de forma distinta, pero ninguno sale indemne. En el caso de Julian, cuyo padre mató a su madre, es más evidente, pero de un modo u otro los tres tienen rondando su mente esa pregunta: ‘¿Soy como mi padre?’, y también el deseo de no serlo, sea porque es un asesino o un maltratador. Y eso se filtra en su forma de ser y estar en el mundo", reflexiona Knapp.
"Más allá de quiénes somos y de cómo nos criamos, podemos elegir quiénes queremos ser y cómo queremos comportarnos"
No obstante, a pesar de la crudeza y la oscuridad, condensados también en un impactante epílogo, Los nombres guarda un mensaje implícito de esperanza sobre el poder del amor y nuestra capacidad para cambiar las cosas. "Si bien el libro habla de todos esos determinismos que nos atenazan, empezando por nuestro nombre y lo que implica, me gusta pensar que también muestra que, más allá de quiénes somos y de cómo nos criamos, podemos elegir quiénes queremos ser y cómo queremos comportarnos. Es decir, al final tú decides cómo afectas a los demás y quién eres para ellos. Y por eso el amor familiar, tan complejo, siempre es caótico y defectuoso, pero es el antídoto real contra la violencia de la vida", sentencia la autora.
De vuelta al escritorio
Ahora, tras meses sin escribir después de una extenuante promoción, Knapp ha vuelto al escritorio para embarcarse en una nueva novela -"Me siento mucho más cómoda con esto que con las entrevistas. Disfruto más siendo la espectadora que siendo observada", asegura sonriendo con timidez- de la que todavía no desvela nada. Sólo cuenta que debe tener un impulso especial, aunque parezca algo nimio, pues reivindica que, como en este libro: "una simple decisión impulsiva, un momento de valentía o de resignación puede variar para siempre una vida entera".
"Una simple decisión impulsiva, un momento de valentía o de resignación puede variar para siempre una vida entera"
Y, por último, comparte una anécdota: «El día que conocí a mi marido, él llevaba una camiseta de un grupo que me encanta y me acerqué a él para charlar de música. Y siempre pienso: ‘¿Si se hubiera puesto otra camiseta nos habríamos conocido?’. Para mí, la vida está hecha de muchas pequeñas decisiones cuyo efecto es inimaginable. Y eso es lo que me gusta que refleje la literatura».





