Perteneciente a la mítica familia ligada a la interpretación, Amparo Larrañaga se halla ahora inmersa en la comedia Victoria en el Teatro Fígaro de Madrid sobre sobre padres, hijos, sueños heredados y la libertad de equivocarse.
- ¿Por qué actúa?
- Por mi abuelo, que se empeñó.
- ¿Qué libro tiraría a una piscina?
- Cincuenta sombras de Grey. Es que no pasé de la página diez.
- ¿María Pombo o Carmen Machi?
- Me da un poco de vergüenza decirlo, pero no sé quién es María Pombo. En cuanto termine la entrevista la buscaré.
- Un olor de la infancia.
- La colonia de mi abuelo Ismael Merlo, el que se ponía en la calva, Floïd Capilar.
- ¿Cuál es su mayor Victoria?
- Estar y seguir en esta profesión 47 años después y sin tener redes sociales.
- "El amor es...".
- Motivador, agotador, complejo, requiere compromiso... pero es necesario e inevitable también.
- Una anécdota de la madurez.
- Cuando era joven y un tío me miraba en la calle, pensaba que quería ligar. Un día, de pronto, uno lo hizo y sujeté el bolso porque pensé que me quería robar. A cierta edad, las mujeres creemos que ya nadie nos mira.
- ¿Quién es su persona favorita?
- Elijo a mi madre, porque como solo tengo una, no va a haber celos, y además la adoro.
- ¿A qué actriz elegiría para interpretar su biopic?
- No entiendo por qué alguien querría hacer uno de mi vida, sinceramente. Quizás de toda mi familia, pero eso daría para una serie de muchas temporadas.
- ¿Qué falla con usted?
- La salud. He tenido de todo desde niña, pero nada me tumba, siempre sigo ahí.
- Su nueva obra habla de la libertad de equivocarse. ¿Cuál ha sido su peor error?
- He cometido y cometo demasiados como para elegir uno.

