LA LECTURA
Teatro

Ernesto Arias: "El teatro de memoria nos enseña a mirar el presente y su progreso"

Ernesto Arias encarna al pedagogo y activista Francisco Ferrer en una obra de José Luis Gómez que convierte la memoria en espejo del presente y la educación en un acto de resistencia

Ernesto Arias: "El teatro de memoria nos enseña a mirar el presente y su progreso"
Geraldine Leloutre
Actualizado

Ernesto Arias vuelve a su casa teatral, La Abadía, para protagonizar Francisco Ferrer. ¡Viva la Escuela Moderna!, un texto del belga Jean-Claude Idée dirigido por José Luis Gómez que se representará hasta el 7 de diciembre. La obra revive la historia del pedagogo catalán fundador de la Escuela Moderna y fusilado en 1909 tras un juicio político que conmocionó a Europa. El montaje revisa su figura, invitando a reflexionar sobre el recuerdo y sobre qué significa hoy en día educar y juzgar.

Para su protagonista, la obra tiene algo de teatro de memoria "y también de reconocer una figura histórica olvidada", explica. "El teatro de memoria nos enseña a mirar el presente y el progreso que ha acarreado", dice, aunque algunas voces se empeñen en negarlo.

El actor, ya habitual de los escenarios de La Abadía al igual que su director, icónico fundador del teatro, habla con la serenidad de quien entiende el teatro como un espacio de conciencia. Asegura que la propuesta encapsula la esencia del director: "Un teatro casi minimalista que trata de evocar situaciones y realidades con mucha poesía escénica".

Arias insiste en que esa simplicidad no significa vacío, sino concentración. En escena, existen unos pocos elementos para evocar todo un mundo. Esa palabra es, dice, la gran aportación de José Luis Gómez al teatro: dejar que el actor sostenga el espectáculo.

El texto reconstruye la historia de Ferrer a través de sus interrogatorios, testimonios y algunas voces cruzadas. "El público hace las veces del propio jurado por momentos, porque nosotros tratamos de exponer los hechos con la mayor imparcialidad", explica el actor.

Tres de esas voces -su esposa, una alumna y su hija Sol- atraviesan el montaje. "Pueden entender que toda la obra pasa en la mente de Francisco Ferrer o incluso de Sol", apunta Arias. El actor celebra que la pieza permita "que el espectador se forme su idea de quién era Ferrer mientras se deja conmover por lo que fue su vida".

Arias confiesa que él, como muchos, tampoco conocía al personaje antes. "Pero, más que conocer su figura, me atrajo la situación humana en la que él estaba. No deja de ser un hombre que se enfrenta a un proceso judicial donde se le pide la pena de muerte. Esa posibilidad está latente y le obliga a recapitular sobre toda su vida". Esos son, por tanto, los dos grandes ejes de la obra: no solo la educación sino también la muerte, el arrepentimiento y la redención que le llevó a abandonar la violencia en pos de la pedagogía.

En esta revisión al personaje, Ferrer aparece como un idealista que, para Arias, dice muchas cosas que parecen muy pertinentes hoy en día. Por ejemplo, "cuando plantea que la enseñanza tiene que ser igualitaria y fomentar el espíritu crítico, sin notas, exámenes ni castigos", valora.

"Ferrer educaba para que la gente fuera capaz no solo de ganarse su libertad, sino de conservarla y gestionarla"

Además, para él la esencia de la obra la encapsula la idea de que "un pueblo ignorante que se subleva, aunque triunfe momentáneamente, será incapaz de conservar sus derechos", recuerda. Y sigue: "Se dejará manipular por algún tirano o por la maquinaria arbitraria de un partido todopoderoso". Por eso, la educación que promovía Ferrer pretendía que la gente fuera capaz "no solo de ganarse su libertad sino de conservarla y gestionarla", asegura Arias.

No fuerza el paralelismo, pero lo sabe inevitable. "Eso resuena hoy en día. Porque desde todos los ámbitos se nos trata de manipular para que compremos, para que hagamos vídeos, para que votemos. Eso solo se puede combatir con una persona bien formada. La educación solo mejora con más educación, igual que la democracia solo mejora con más democracia", contesta tajante.

En esa línea, traza una línea recta entre educación y teatro. Evidentemente, este último cumple muchas funciones, "la primera, seguramente, es la de entretener. Pero también hay un teatro que tiene que ver con la reflexión y, por lo tanto, con la educación". A él no le interesa el teatro que adoctrina, sino ese "que te estimula y te hace replantearte tus propias convicciones".

Ese es el espíritu que respira esta nueva mirada a Ferrer: el de un teatro que pregunta. De alguna manera, para Arias, el jurado es la sociedad española de hoy en día. Y el juicio a Ferrer es también un juicio a nosotros mismos.