- El libro que Facebook no quiere que leas: "Podrían haber hecho lo correcto, podrían haber dicho la verdad o haber mostrado un poco de decencia... Pero eran solo negocios"
Es una coincidencia sin más. Pero no deja de ser simpático que, en el momento de escribir estas líneas, haya dado comienzo en Delaware el nuevo juicio contra la junta directiva de Facebook, liderada por Mark Zuckerberg, sobre el posible uso indebido de datos privados en la época de Cambridge Analytica. En este caso están en juego unos 8.000 millones de dólares. Algo incluso minúsculo si lo comparamos con la sentencia que Meta tiene pendiente por el juicio antimonopolio celebrado el pasado mes de abril. Y que les amenaza con tener que desprenderse de Whatsapp y de Instagram. ¿Protagonizará Meta un caso como las Baby Bells pero del siglo XXI? Pronto lo sabremos.
Lo que no sabremos nunca son las respuestas que Sarah Wynn-Williams (Nueva Zelanda, 1979) podría dar a este medio, por ejemplo, al hilo del libro que motiva este artículo, Los irresponsables (Península, 2025). Porque Meta ha conseguido prohibirle a Wynn-Williams, la antigua responsable de Políticas Públicas de Facebook, promocionar la obra en ningún medio público. La autora solo pudo ofrecer una entrevista a Business Insider hace tres meses y, a partir de ahí, fundido a negro. Facebook, la plataforma que prometía conectarnos a todos. A algunos menos que a otros.
Los irresponsables
Traducción de Gemma Deza y Ana Camallonga. Península. 464 páginas. 21,90 ¤
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Los irresponsables es el relato autobiográfico de los años en los que la autora trabajó en Facebook, de 2011 a 2017. Lo pintoresco de la historia es que Sarah Wynn-Williams entró a la empresa por vocación. De hecho, insistió durante casi un año para poder entrar en Facebook. Mientras trabajaba en la embajada de Nueva Zelanda en Washington, descubrió la red social y pronto identificó su incalculable potencial. Wynn-Williams estaba convencida de que Facebook iba a cambiar el mundo y que, para ello, iba a necesitar un equipo de asuntos públicos en sus filas, así que buscó la manera de convencer a Facebook de esa necesidad para que la reclutasen. Y lo consiguió.
Entró en Facebook y durante siete años fue su cara pública, acompañando a todos sus directivos, Zuckerberg incluido, a innumerables eventos con presidentes y dirigentes para favorecer los intereses de la compañía. Sin embargo, y según el relato de Wynn-Williams, mientras la notoriedad de Facebook crecía, crecía y crecía, como todos hemos experimentado, la toma de decisiones que respaldaba dicho crecimiento delataba una infantil ausencia de interés y de responsabilidad por cualquier consecuencia derivada de dichas acciones. "Ganan elecciones los candidatos que pagan más y acercarse a aquellos que promueven la violencia o a partidos abiertamente supremacistas no es problema para la compañía, a la que no le importa lo que suceda en esos "países de pacotilla" (sic) como Tailandia, Myanmar o Filipinas" (p. 309).
En realidad, y como han dicho los abogados de Facebook, el libro de Sarah Wynn-Williams no revela ningún caso nuevo que no supiéramos ya sobre la compañía. Jeff Horwitz, entre muchos otros como Max Fisher, ya nos había advertido de mucho de esto en Código roto (Ariel, 2024). Lo novedoso del libro es el relato desde dentro y la vibra interna que recoge Wynn-Williams, algo que no teníamos hasta ahora. Esa visión de la junta de Facebook en primer plano, que confirma lo que ya intuíamos. Move fast and break things, democracias occidentales incluidas.
Una oscura verdad... que ya conocíamos
La autora consigue capturar de forma conmovedora un momento decisivo en la historia de nuestro mundo, y ofrecernos la crónica de una compañía construida sobre la base de un culto al líder al estilo del Nosotros, de Zamiatin. La hipocresía que revela el libro entre los innovadores valores públicos sobre inclusión y diversidad que exhibía Facebook en su día y el dramático relato de Wynn-Williams acerca de su experiencia como madre describe a una empresa en una profunda bancarrota ética.
Desde el punto de vista narrativo, el libro es literariamente interesante (sobre todo en la primera parte) y de un altísimo valor testimonial. La imagen de la autora sale particularmente bien parada, aunque dicha coquetería no le resta valor. Es curioso porque, si los hechos no fueran verdad, este libro podría ser una descacharrante comedia negra. ¿Alguien recuerda Estupor y temblores (Anagrama, 2000) de Amélie Nothomb? Pues algo en esta línea nos encontramos en Los irresponsables (¿se podía haber traducido el título como Los imprudentes?), con un cierre más oscuro, eso sí, dadas las amenazas que señala la autora por la intensidad de la relación de Facebook con China y la guerra fría existente por la IA.
A fin de cuentas, los temas centrales de Los irresponsables se ocupan de las mismas desventuras en las que los seres humanos hemos empleado nuestras energías desde que tenemos noticia: los sueños rotos por la codicia, el poder y la mediocridad. Una verdad oscura.

