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El loco gasto en conciertos de los jóvenes: "Cuando muera no recordaré qué iPhone tenía, pero sí que Beyoncé me reconoció en primera fila"

Con un futuro incierto y circunstancias desfavorables, los más jóvenes se lanzan al 'carpe diem', gastando todos sus ahorros en ver en vivo a sus artistas favoritos

El loco gasto en conciertos de los jóvenes: "Cuando muera no recordaré qué iPhone tenía, pero sí que Beyoncé me reconoció en primera fila"
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En el minuto exacto en el que Lady Gaga anunció su Mayhem Ball Tour, cierta parte del planeta perdió la cordura. Millones de fans aseguraban estar dispuestos a pagar lo que fuera -sin metáforas, literalmente lo que fuera- por ver a la intérprete de Bad Romance pisar de nuevo los escenarios. En una situación como esta, los autores clásicos apelarían a aquello del carpe diem. Ticketmaster, en cambio, apela a la ley de la oferta y la demanda, convirtiendo sus preventas en una especie de temible subasta conocida como "precios dinámicos". Un sube y baja de cifras semejante a la Bolsa cuando Trump anunció los aranceles. El Mayhem Ball no fue la excepción.

"Nos pasó igual con Beyoncé. En preventa compramos dos entradas en grada por 300 que luego bajaron a 190, un timo. Esperamos poder revenderlas o nos las tendremos que comer con patatas", cuenta Raúl Muñoz, estudiante de máster de 25 años que vive entre Pinto y Stuttgart (Alemania).

Durante el Renaissance Tour de 2023, Muñoz asistió con un amigo a nueve shows europeos, cinco de ellos en zona VIP. "Nos gastamos 6.000 euros entre entradas, vuelos y alojamiento, una ida de olla impresionante. Veníamos de la pandemia y creía que todo se iba a acabar, así que me volví loco". El año anterior, explica, había estado trabajando en un banco y ahorrando lo suficiente para cumplir ese sueño.

En los últimos tiempos, asistir a conciertos de artistas como Beyoncé, Taylor Swift o Lady Gaga se ha convertido en un lujo extraordinario, con entradas a precios cada vez más desorbitados. Otro ejemplo reciente es el de Bad Bunny, que ha desatado la locura por conseguir entradas -desde los 80 hasta los casi 550 euros- para sus conciertos de 2026 en España. Según datos de Pollstar, publicación especializada en la industria del directo, los fans de la generación Z -aquellos nacidos entre 1997 y 2012- están pagando mucho más que las generaciones anteriores cuando eran jóvenes. Para que se hagan una idea: en 1996, el precio medio de una entrada para las 100 giras más importantes a nivel mundial era de 25,80 dólares (unos 23 euros). En 2024, señala The New York Times, esa cifra se disparó hasta los 117 euros.

Muñoz confiesa que, en alguna que otra ocasión, ese gasto excesivo le ha traído "comeduras de cabeza" y discusiones con sus padres o amigos, que "no podían entenderlo". "La entrada más cara que he pagado en mi vida es una VIP de 610 euros. Pensarás que soy un psicópata", ríe. "Me he arrepentido bastante y creo que ya he aprendido. Los precios de los conciertos son muy altos y están hechos para ir una vez o dos, luego ya pierden valor al no tener ese factor sorpresa", opina el joven, que asistirá solo a dos fechas en la próxima gira deBeyoncé: "Es el número ideal. Un concierto para morir de la adrenalina y otro para recordarlo".

Carmen Herrera, creadora de contenido musical en TikTok, tuvo la suerte -y la billetera- de asistir a tres conciertos del Eras Tour de Taylor Swift el año pasado: dos en Madrid y uno en Milán. "En un principio dije 'ni de coña me gasto 589 euros'. Pero no tenía código de acceso a la preventa, y una amiga llevaba ahorrando toda su vida para verla en primera fila. Cuando cogió la entrada VIP me dije 'pues venga, ya que me hace el favor...'", cuenta. A la entrada tuvo que sumarle dos noches de hotel en la ciudad italiana y los vuelos, claro.

Para los zeta, ir a conciertos con relativa asiduidad puede desequilibrar por completo el presupuesto anual. En una encuesta de la agencia de marketing Merge, el 86% reconoció haber gastado más de la cuenta en eventos en directo. El miedo a perderse algo -el conocido como FOMO, por sus siglas en inglés- fue una de las principales razones que esgrimieron.

Según Paco Lorente, profesor de ESIC University experto en Psicología del Consumidor, todo cambio generacional lleva consigo una mutación en los gustos, deseos y preferencias por la vida. Algo que se refleja, por extensión, en el consumo. "La generación Z vive en un mundo hiperconectado, donde las experiencias tienen un valor social muy alto. No es lo que tienes, es lo que vives y cómo lo cuentas. Ha calado el mensaje de 'vivir el momento'", explica. "Contenido al instante, entregas inmediatas, gratificaciones en forma de likes... Se prefiere lo rápido y seguro frente a lo futuro e incierto. Estamos diseñados así, y parece que la industria se ha dado cuenta".

Fans de Taylor Swift el pasado mayo esperando a entrar en su concierto.
Fans de Taylor Swift el pasado mayo esperando a entrar en su concierto.

"Se ha intensificado el miedo a perderse experiencias, especialmente tras la pandemia. El FOMO nos lleva a sitios que nunca habríamos imaginado", concuerda Victoria Velasco, universitaria madrileña de 19 años. ¿Su inversión más reciente? Una entrada de 104 euros en pista para escuchar a su idolatrada Dua Lipa en el Movistar Arena, tras meses luchando contra los algoritmos imposibles de Ticketmaster y los precios inflados de la reventa. "Es la modernidad líquida de la que habla Bauman. Nada es fijo, todo parece transitorio. Esa mentalidad cortoplacista lleva a lanzarse a planes, viajes o compras que antes no se habrían considerado, con la idea de 'al menos, me lo he pasado bien hoy, quién sabe qué pasará mañana'".

Resumiendo: cuando no tienes expectativas realistas de poder ahorrar para una casa o salir de la burbuja mileurista, el dinero que entra en tu cuenta deja de verse como una inversión en el futuro y se transforma en una herramienta para vivir el presente. La incertidumbre empuja a gastar en el ahora. Arruinarse no es una opción.

"En realidad, la entrada en Milán era un plan B en el caso de no conseguir sitio en los conciertos de Madrid. Pero al final me entró FOMO y quise vivir la experiencia también en el extranjero", reconoce Herrera. En la capital repitió las dos noches en el Santiago Bernabéu, una en grada por 120 euros -"la más barata"- y otra en pista VIP por 330.

Algo similar le sucedió a Sandra Pérez, periodista de 24 años. En 2023, anticipando la que se le venía con la gira de Taylor Swift, tuvo hasta tres trabajos distintos -incluido el de camarera en el Bernabéu- para ahorrar todo lo posible. Gracias a ello, disfrutó de cuatro shows de la artista, entre Madrid, Lisboa y Londres. Calcula que el año pasado desembolsó más de 1.750 euros, sumando las entradas para ver a The 1975 y a tres ex miembros de One Direction en vivo. "Soy consciente del privilegio que es poder gastar dinero en conciertos, pero tampoco me parece descabellado priorizar esos momentos cuando el futuro es tan incierto", dice.

En total, Herrera cifra "la experiencia completa del Eras Tour" en aproximadamente 2.300 euros. Habla de "experiencia completa" porque a las entradas y los viajes se añaden el merchandising de la gira y otros gastos adicionales: "Yo hice mucha vida social durante las semanas previas a los conciertos en Madrid. Tuvimos quedadas e hicimos un montón de eventos de temática swiftie y, aunque en muchos de ellos iba invitada, en otros pagaba por el acceso".

"Hay gente que se gasta un pastizal en ver a su equipo y no se le cuestiona nada"

Melendi, Estopa, Bruce Springsteen, Karol G, Luis Miguel... De acuerdo con el Anuario de la Música en Vivo 2025 presentado por la Asociación de Promotores Musicales, los españoles gastaron una media de 80 euros en espectáculos en directo en 2024 y la facturación por venta de entradas superó los 725 millones, un aumento del 25,32% respecto al año anterior.

"Yo no soy nada materialista. Me da igual no tener un coche propio y no me gasto 2.000 euros en el último modelo de móvil que sale al mercado, como hacen muchos", sentencia Muñoz. "En mi lecho de muerte no voy a recordar si tenía el iPhone 12 o el 15, pero sí que Beyoncé me reconoció y me dijo 'I love you' a dos metros. Es un estado de felicidad que no se puede explicar".

Concuerda Herrera en el estigma que se impone sobre los superfans, algo que no sucede con los hinchas de fútbol: "Hay gente que se gasta un pastizal en ver a su equipo y no se cuestiona nada. Pero en el tema musical nos tachan de obsesivas... y eso me enciende, porque cada uno hace lo que quiere con su dinero".

"Si cobro 1.400 euros y se me va un 65% del sueldo en alquiler, lo que no voy a hacer es quitarme vida social o quitarme ocio, que es lo que me da motivación"

Al margen de grabar vídeos sobre Taylor Swift y otros artistas en su tiempo libre, la joven trabaja en un hotel boutique en Malasaña. Los extras por las guardias nocturnas suelen ir dirigidos a darse caprichos, admite. "Si cobro 1.400 euros y se me va un 65% del sueldo en alquiler, lo que no voy a hacer es quitarme vida social o quitarme ocio, que es lo que me da motivación. Ahora tengo la suerte de que tengo el tiempo, el dinero y la energía para poder comerme siete horas de cola para estar en primera fila en un concierto. Dentro de unos años, seguramente no pueda hacerlo".

En marzo asistió también al concierto de Sabrina Carpenter en el O2 Arena de Londres. ¿La siguiente cita? Con Ed Sheeran, a quien verá desde la grada del estadio Riyadh Air Metropolitano junto a un par de amigas a finales de mayo. "A veces prefiero no mirar la cuenta bancaria", ríe. "El año pasado iba prácticamente a concierto por mes, entre Niall Horan, Olivia Rodrigo, Paula Koops, Chica Sobresalto... Luego tocó comer arroz y pasta, no pasa nada".

Como Sandra, Victoria o Raúl, muchos veinteañeros aún continúan estudiando o no se han independizado del hogar familiar, por lo que dependen de la ayuda de sus padres para subsistir. ¿Retrasamos cada vez más nuestras obligaciones de la edad adulta? Señala Lorente que se trata de un gran cambio respecto a generaciones anteriores y que, por lo general, este retraso no es voluntario, sino que viene impuesto por la precariedad laboral y el coste de la vida.

"Yo no quiero ser padre. Todo ese gasto en los niños, que es enorme y está súper normalizado, prefiero invertirlo en otras cosas que me hagan disfrutar de la vida"

Además, las obligaciones adultas "están siendo reinventadas por los zetas y los millennials", que en muchos casos no se sienten identificados con los valores y tradiciones de generaciones adultas anteriores, como casarse, tener hijos, una casa o un trabajo para toda la vida. "Yo no quiero ser padre, suelo decirlo. Todo ese gasto en los niños, que es enorme y está súper normalizado, prefiero invertirlo en otras cosas que me hagan disfrutar de la vida", argumenta Muñoz.

Entonces, ¿se ha perdido la noción de ahorro y de inversión en favor de la satisfacción inmediata? ¿Sacrificar el futuro por un disfrute momentáneo nos convierte en un modelo de sociedad más irresponsable e individualista? Para Lorente, los jóvenes no ignoran del todo la importancia del ahorro, pero sí que dan prioridad a otras cosas.

"Para ellos es casi imposible poder comprar una vivienda o incluso pensar en una hipotética jubilación. Es estresante y un trabajo mental muy duro, por eso se opta por la felicidad del ahora", afirma el experto. "No lo veo como algo individualista o egoísta, sino como una forma de dejarse llevar por una situación que no parece tener un cambio claro en el futuro cercano".

Opina Velasco que esa falta de garantías a largo plazo cambia radicalmente la relación de los jóvenes con el dinero: "Somos, paradójicamente, la generación más preparada pero con menos expectativas. El sistema ya no garantiza nada. Las dificultades para acceder a una vivienda, la precariedad laboral, la inflación... Es una falta total de certezas".

Y añade Pérez: "He tenido la suerte de no tener un alquiler todavía pero, por mucho que ahorre, los precios son desorbitados, no hay regulación de la vivienda... El problema es estructural, no dependo solo de los ahorros que yo tenga para poder independizarme. No tengo un trabajo estable y, sinceramente, ni siquiera sé si a la larga podré mantenerme".

Volviendo a las expresiones latinas, parece que los zetas tienen claro eso del memento mori: "Recuerda que vas a morir". Mientras todo se tambalea a su alrededor, ellos prefieren exprimir la vida hasta la última gota. O lo que, para el caso, es lo mismo: la cartera.