LA LECTURA

Premios Goya

Hablan los cinco directores nominados al Goya a mejor película: "Una mujer que sufría una depresión me dijo que llevaba cuatro días sin llorar por nuestra historia"

Marcel Barrena, Arantxa Echevarría, Dani de la Orden, Isaki Lacuesta y Javier Macipe discuten sobre el año en el que el cine español se apropió de la taquilla y de la conversación. "Basta ya de 'remakes', de cine familiar y de superhéroes"

El Premio Goya en pleno proceso de fundición.
El Premio Goya en pleno proceso de fundición.
Actualizado

El encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección es lo que, según la más citada de las tradiciones surrealistas, dio como resultado un cadáver exquisito. A veces, los extremos, como los propios extremeños, se tocan y mezclar da resultado. Al menos, poéticamente. A su modo, el cine español ha logrado en 2024, el año que los Premios Goya honran y hasta celebran el próximo 8 de febrero en Granada, una de sus más líricas e inspiradas composiciones. Exquisita incluso (y para nada cadavérica). Y lo ha hecho gracias a la feliz combinación de elementos hasta ahora contradictorios. El año que más presencia ha habido en los festivales internacionales de cine con un hasta ahora inédito León de Oro en Venecia merced a La habitación de la lado, de Pedro Almodóvar, ha sido también la temporada de la enésima reconciliación con el público. Lo dicen las cifras de recaudación que hablan de 90 millones de euros para las producciones españolas y de una cuota de pantalla (relación con el cine de fuera) de casi el 20% y lo confirma la propia conversación a pie de calle (no de todas ellas, pero sí de muchas). De repente, y contra los más tristes y persistentes augurios, hay opción para eso de tan mal gusto que el tiempo (y la autoayuda) ha dado en llamar optimismo. Y sí, es posible juntar máquinas de coser y paraguas sobre la mesa de disección y que rimen.

"Nos hizo mucha ilusión que quitaran sesiones a 'Joker 2' `para programar nuestra película"

Arantxa Echevarría

Cuenta Arantxa Echevarría que una de las mayores alegrías del año se la llevó cuando su distribuidor le comentó que un cine quitaba sesiones de la segunda entrega de Joker para dárselas a La infiltrada. Javier Macipe comenta a su lado que se siente ya de sobra premiado desde el instante preciso en el que una mujer que, según le confesó, sufría una larga depresión se le acercó y, sin más preámbulos, le dio las gracias por La estrella azul: "Después de verla, llevo cuatro días sin llorar", le dijo. Marcel Barrena, obsesivo como dice ser, no salía de su asombro, que también era disgusto, cuando intentó comprar entradas sin conseguirlo para la primera sesión de El 47 en el cine de su infancia. Y así, hasta que cayó en la cuenta, tras el posterior acceso de súbita alegría, de que el problema era simplemente que estaba todo vendido. Para Isaki Lacuesta, director de Segundo premio, todas las anécdotas no son más que el resultado del feliz hallazgo de un cine que ha encontrado, cada película a su modo y desde la más completa diversidad, el cariño de sus espectadores, cada cinta los suyos. Y para Dani de la Orden, responsable de Casa en llamas, se trata simplemente del signo de los tiempos: "Lo que ahora mismo sorprende no son los efectos especiales ni las virguerías digitales sino simplemente la realidad. La realidad es ahora mismo el gran efecto especial del cine español". Ni los paraguas ni las máquinas de cosas, la realidad. Queda claro.

La directora Arantxa Echevarría.
La directora Arantxa Echevarría.

Los que hablan, para situarnos, son los cincos directores de las cinco películas de las que saldrá la producción española del año según los alrededor de 1.800 académicos que votan. Cada uno ha vivido su propia historia, cada uno ha hecho una película esencialmente diferente, diferente entre ellas y, apurando, diferente a lo que cada director había hecho hasta entonces. Pero a todas ellas les une la virtud de la sorpresa. La más sorprendente de todas ha sido La infiltrada. Nadie contaba con ella. La cinta de Echevarría con 13 nominaciones (una menos que El 47) se quedó fuera del festival de San Sebastián y a punto estuvo de simplemente quedarse, quedarse por el camino. "Desde el minuto uno, lo que más escuché", recuerda, "es que los thrillers ya no funcionan; que la gente ya no quiere ver películas de ETA. Y eso por no hablar de que a santo de qué colocar de protagonista a una chavala (Carolina Yuste) que es un chavala normal, que no es Tomb Raider ni una superheroína". El resultado, más allá de los ocho millones de euros largos de recaudación, es, ya se ha dicho, la sensación de sorpresa. "Creo", sigue la directora, "que lo que ha sucedido es un toque de atención a los productores. Hay que arriesgar".

"El público se ha hartado de ver efectos especiales. Quiere historias de verdad que pueda tocar"

Dani de la Orden

No lejos, De la Orden, que ha conseguido que sin pasar por festival alguno, a puro pulso entre el tráfago semanal de estrenos, su película Casa en llamas se haya impuesto en taquilla (más de tres millones de euros) y en cuanto premio ha opositado hasta ahora (que si gaudís, que si feroces), le da la razón a su colega y sube la apuesta. "Lo que se demanda es simplemente cine adulto. Basta ya de remakes de éxitos franceses o italianos, basta de cine familiar, basta de superhéroes, basta de todo lo que no sea proponer al espectador una historia que reconozca como suya, que pueda tocar incluso. Hace no tanto, el principal atractivo para ir a ver una película era la maravilla que pudieran ofrecer los trucos digitales. Pero ahora, con la Inteligencia Artificial capaz de crear en un momento todo lo que puedas imaginar, lo que se demanda es justo lo contrario. Si nos fijamos, hasta las grandes producciones ocultan que utilizan CGI, quieren ser reales", insiste por aquello convertir en regla lo que, sin duda, a él le ha funcionado. Y de qué manera.

El director Dani de la Orden.
El director Dani de la Orden.

Marcel Barrena, el que en puridad parte de favorito puesto que suyo es el récord de nominaciones (eso sí, no está incluido entre los directores del año de manera algo incomprensible) no desautoriza a sus compañeros. Pero sí matiza. "Imagino que también influye que en unos tiempos tan crispados como éstos, las películas que se hagan hablen de todos y propongan un mensaje transversal y positivo, que hagan suyo un tema antiguo para convertirlo en un argumento nuevo", dice. Sea o no acertado el diagnóstico como descripción general, lo cierto es que a él le ha funcionado. Y como prueba presenta a Salustiano. Salustiano vivía en Torre Baró, el barrio de Barcelona donde no llegaba el autobús del título de su película hasta que finalmente llegó. Salustiano llegó a Cataluña desde Andalucía en los años duros como tantos y allí se asentó, vivió y se hizo popular entre los suyos hasta hacerse merecedor del sobrenombre de Picasso de Torre Baró. La ilusión de su vida era llegar a ver la película, su película. No pudo ser. Murió poco antes del estreno. "En un coloquio, un chaval, que se identificó como familiar de Salustiano, dijo que hasta el último día de su vida Salustiano no hizo otra cosa en el hospital donde falleció que recomendar El 47 a todos y cada uno de los médicos con los que trató", recuerda Barrena. Salustiano como la perfecta medida del cine español, de éste y del que vendrá.

"Hace 25 años se hablaba de Nueva Ola. Me gusta que sigamos ahí, que se invente una Nueva Ola cada año"

Isaki Lacuesta

Por Salustiano o por lo que sea, lo indudable es que pocas veces el cine español ha vivido tantas vivencias, valga la redundancia y la vida. Javier Macipe, que ya adelantó una en el segundo párrafo, no puede por menos que traer a la memoria todos y cada uno de los mensaje recibidos. Algunos, incluso, en forma de carta manuscrita. "Imagino", dice, "que tiene que ver con llevar al espectador a un lugar que ni esperaba ni demandaba. La mayor satisfacción para mí ha sido el recibimiento que ha hecho el público a la película. Una chica me contó que había empezado a tocar la guitarra gracias a La estrella azul y que eso le había cambiado la vida... Desde que se estrenó, ha sido un viaje emocional increíble. Y lo de increíble es literal. Me he pasado casi 300 días fuera de casa y llevo recorridos 160.000 kilómetros por toda España". Definitivamente, esté o no cerca de su público la película, su director sin duda lo ha estado y lo sigue estando.

El director Marcel Barrena.
El director Marcel Barrena.

"Algo ha pasado o algo está pasando", toma ahora la palabra Isaki Lacuesta. La frase tiene algo de críptico oráculo y otro poco de la enseñanza que aporta la experiencia. "Llevo 25 años y desde que empecé se habla cada año de una nueva ola, de un nuevo comienzo. Y eso es bueno. No soy capaz de trazar un círculo en el que quepan todas las propuestas de los que estamos nominados, pero lo que sí veo es que lo que antes parecía imposible, ya no lo es. Dos películas musicales eran impensables hasta hace nada. Y aquí estamos", dice el director de Segundo premio. Y sigue: "De todas formas, si hay un hilo de contacto entre todo lo que se ha hecho en España, más allá de nosotros cinco, es la cantidad de películas que hablan de muerte. La de Almodóvar (La habitación de al lado), la de Pilar Palomero (Los destellos), la de Marqués-Marcet (Polvo serán)... Pero lo pienso y, en verdad, el arte habla de la vida y de la muerte, de cómo queremos vivir y de cómo queremos morir. Imagino que ahora es lo que toca, porque es lo que nos importa. La realidad es esa y bien está que el cine habla de nuestra realidad". Y ahí, en una reflexión tan cerca del misterio, lo deja.

El director Isaki Lacuesta.
El director Isaki Lacuesta.

Arantxa está convencida de que todo cine es político. Pero el de este año, queriendo o no, más. "Es importante recordar lo que pasó con ETA, puesto que es parte de nuestra memoria compartida. Me encuentro con muchos chicos en los encuentros que nada saben de lo sucedido. Y eso es grave. Imagino que es responsabilidad del cine plantar una semilla para que cambien las cosas", dice la directora, se detiene y añade: "Lo que no me explico es la diferencia que hay tan enorme entre los mensajes de solidaridad que desprenden las películas que hora se llenan de público y lo egoístas que somos cuando metemos la papeleta en las urnas". Pero eso es otra cuestión. Macipe cree que hay que entender el mensaje político en su sentido más amplio y a ello se aplica como cineasta: "Importa reflexionar sobre nuestra visión del mundo y sobre lo que nos hace felices, que es el modo en el que los griegos entendían la política". En la misma línea, Barrena entiende su trabajo como "una máquina de empatía". Y sigue: "Lo que hacemos cine es gente que queremos a la gente. El cine es básicamente un arte que se comparte en comunidad". Lacuesta, a su modo, prefiere mantenerse al margen. O, en realidad, no del todo. "Cualquier comentario político que hagamos como cineastas está condenado al fracaso. Son las películas, no los directores, los que tienen que mostrarse y declararse políticamente". Y De la Orden, eleva el argumento para mejor que hablar de política sin más, dibujar el espacio en el que hoy se hace posible la propia acción política; una actitud, sin duda, política: "Mi película habla de las madres. De todas esas madres que sacrificaron todo por la familia. Habla del patriarcado. Y de las madres y del patriarcado hablan películas como la de Mar Coll (Salve María) o Paula Ortiz (La virgen roja). El cine ahora se ocupa de la maternidad, de la crianza, de la irrupción sin duda política de la voz de la mujer. Todo eso es fruto de decisiones que son políticas. Hay que asumir que quizá ya haya suficientes directores heteronormativos como yo mismo y que hacen falta otras miradas", comenta y se ríe en un gesto incendiario que se diría muy del responsable de Casa en llamas.

"Una mujer que sufría una depresión me dijo que gracias a mi película llevaba cuatro días sin llorar"

Javier Macipe
El director Javier Macipe.
El director Javier Macipe.

De repente, la historia de un barrio que peleó por estar en el mapa, por tener un autobús; la historia de una mujer que se enfrentó a todas las formas de terrorismo, incluido el del propio machismo; la historia de una mujer que ardió con su familia por puro y desmedido amor; la historia de un músico que se levantó contra todas las formas de impostura de su mundo y de todos los mundos que le rodeaban; la historia de un grupo que aprendió a rehacerse y a trabajar por una única idea. De repente, todas las historia del cine español sobre la mesa de disección. Un paraguas, una máquina de escribir y un Goya. Pura poesía.