- La otra Ibiza Un oasis de arte con galerías en el bosque y naves-museo
Al enfrentarnos superficialmente a su trabajo podríamos suponer que Stefan Brüggemann (Ciudad de México, 1975) es un artista callejero que ha acabado exponiendo con las galerías más importantes del mercado -entre ellas Hauser&Wirth, nada menos-. Sus obras contienen un léxico visual que puede asimilarse a la jerga urbana de los grafitis. Pero en lugar de proyectarse sobre muros o edificios, las palabras escritas a mano con spray se amontonan en superficies impolutas como el mármol, el pan de oro o los espejos, igual que una ruminación cacofónica de los mensajes que recibimos a diario poluciona un espacio puro y aéreo que puede ser interior o mental. Y también exterior, colectivo.
«No me gusta llamarles grafitis, porque aquellos son como logotipos o mensajes que están más ligados a la calle y la estética de la protesta. Lo que hago es pintura en spray», afirma el artista por teléfono desde Ibiza, donde se ha construido una casa-estudio de espectacular diseño brutalista proyectada por el arquitecto Alberto Kalach.
Para apuntalar su tesis, Brüggemann pone como ejemplo la serie Headlines, que es de las más conocidas de entre las que ha realizado en su relevante trayectoria. «El día que estoy trabajando en el cuadro me fijo en los titulares de periódicos que surgen en el teléfono y los sobrepongo a otros mensajes. Al final sólo queda lo que yo llamo white noise, un ruido blanco que se vuelve abstracto. Replico el contexto en que la obra se está haciendo, aunque no tengo ninguna agenda política, de estar a favor o en contra de algo. Más bien, trato de absorber el contexto y plasmarlo».
Algunos ejemplos del trabajo creado por Stefan Bruggeman en los últimos diez años podrán verse en la recién inaugurada sede ibicenca de la galería londinense Gathering. Pero no estará sólo. Las obras seleccionadas del mexicano se enfrentarán a las del estadounidense Bruce Nauman (1941), uno de los grandes popes del arte contemporáneo.
Desde los años 60, Nauman ha utilizado diferentes técnicas para expresar su desconfianza hacia la propia práctica artística, subvirtiendo la sacralidad de la misma con un humor riguroso y coherente con los materiales precarios y banales que componen sus obras. La performance, el vídeo, el sonido, el dibujo o la escultura son los lenguajes principales que ha venido utilizando. «Todos menos la pintura», apunta Brüggemann, «por eso hemos titulado esta exposición Painting not painting. Este proyecto es un juego que intenta retar a la pintura como medio».
Sobre la contundente simplicidad de las piezas que realiza, y a pesar de utilizar el lenguaje escrito que debería convertirlas en algo accesible y aportar respuestas al espectador, Brüggemann levanta una superficie confusa de paradojas y reflejos distorsionados. «Mi obra te genera siempre muchas dudas. ¿Qué es lo que estoy viendo? ¿Qué me quiere decir? Te deja un poco ahí... Para mí, la duda es libertad. Cuando la obra te deja dudar es que estás siendo libre para entenderla». Esa tierra de nadie acoge también al artista norteamericano, cuyas piezas expuestas en Gathering provienen de colecciones particulares. «Nauman te coloca en una situación que pretende desorientar. No te están diciendo 'esto es así, negro o blanco'», asegura el mexicano de ascendencia alemana.
Nada más llegar a Londres con el cambio de siglo, donde reparte su tiempo junto a su tierra natal e Ibiza, Stefan Brüggemann fue introduciéndose en los círculos de referencia del arte con una tipología artística muy alejada de lo que muchos esperarían de un mexicano. «No entré como artista exótico, sino como un artista global, lo cual tiene sus ventajas y sus desventajas», afirma, al tiempo que comparte una perspectiva desapegada sobre la fiebre neoindigenista que arrebata desde hace unos años en bienales y museos de primera línea: «Mis papás eran arqueólogos. Si alguien sabe de indigenismo y de arqueología ese soy yo, porque tenía que ir con ellos a todas esas pirámides cuando era pequeño. Pero ahora es un discurso muy exotizado... Incluso lo veo como una falta de respeto».
Tanto Bruggemann como Alex Flick, el promotor de la galería londinense Gathering que sólo cuenta con dos años de existencia y ahora se abre a la isla balear, participan de un diálogo global, pero ha sido la dimensión local la que les ha conectado. «Conocía el trabajo de Stefan, pero no a él en persona ni sabía que tiene una magnífica casa a 10 minutos en coche de la galería», responde Flick, que además de Gathering ha abierto un restaurante llamado MIRA en Sant Miquel de Balansat, a 20 minutos en coche al norte de la capital. «La barra, las luces y la gran vela de bronce en el jardín fueron creadas por el ganador del Premio Turner 2019, Tai Shani», explica. «En Ibiza hay muchos residentes semipermanentes que ya tienen grandes colecciones de arte y durante el verano llegan muchos visitantes. Espero que Gathering se convierta en la piedra angular de la oferta artística de la isla».

