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Música

Niño de Elche: "Antes el jazz me producía más risa que rechazo"

El músico, compositor y cantaor vuelve a asomarse al abismo de los sonidos más ruidosos y disonantes en su primera incursión en el género de la mano del trío gallego Sumrrá

El cantante y ex flamenco Niño de Elche.
El cantante y ex flamenco Niño de Elche.Ernesto Artillo
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Hace no mucho tiempo, apenas unos años, Francisco Contreras Molina (Elche, 1985) renegaba del jazz en las entrevistas con su habitual y cultísima irreverencia. «Dije cosas que hoy no pienso, pero ¿acaso no consiste mi trabajo en ir superando prejuicios a través del arte?», se sincera el cantaor anti-jondo. Todo tiene su momento, y el suyo llegó después de una digestión lenta al hilo de largas conversaciones quién sabe ya con quién. «Para mí el jazz era una cosa pretenciosa basada en esa idea de improvisación virtuosa que me producía más risa que rechazo», prosigue. «Pero tengo buenos amigos que me previenen y aconsejan, incluso me escarmientan, así que empecé a prestar atención a ciertas propuestas». Se cayó entonces de ese caballo en el que acostumbra a cabalgar, entre el flamenco experimental y la performance, para que nadie lo alcance, siempre al trote de los tiempos, pero en sentido contrario.

En aquellos días de «escucha meditada» y «permanente cuestionamiento de certezas» se dejó cautivar por la energía visceral del saxofonista Albert Ayler y los sonidos cósmicos que emanan del piano de Alice Coltrane. «Me interesaban los extremos, el tintineo minimalista o el ruido más disonante, sin término medio, para evitar esas zonas grises donde la música se reconoce a sí misma y se gusta». Sólo cuando hubo recorrido los caminos más inhóspitos del repertorio recurrió a la magia de algunos clásicos (John Coltrane, Miles Davis, Nina Simone...), que disfrutó sin los previsibles complejos, orgulloso, ahora sí, de pertenecer por fin al selecto club de ex jazzeros convencidos. «Esa negación es fundamental en mi forma de asimilar ciertas tradiciones», reconoce con insobornable ironía. «De mí se han dicho muchas cosas, no todas buenas, pero lo que mejor me define es el interrogante, la duda como antídoto».

FORTUITO PEREGRINAJE HACIA EL JAZZ

Y entonces apareció la respuesta, la oportunidad, también el reto, a tantos meses de inquietud y búsqueda. Ocurrió en una tasca, hace cosa de un año, a la salida de un concierto en el que puso voz a un ciclo de cine mudo surrealista en Santiago de Compostela. Allí coincidió, por casualidad, con Manuel Gutiérrez, Xacobe Martínez Antelo y Lar Legido, piano, contrabajo y batería, respectivamente, del trío de jazz gallego Sumrrá, uno de los grupos de culto más creativos e inconformistas de su especie. «Hubo una gran sintonía desde el primer trago», recuerda Niño de Elche. «A las dos horas o así ya habíamos acordado una colaboración, que llegó justo cuando me sentía preparado para adentrarme en este campo». El nuevo proyecto, que de momento no tiene título, se presentará en el Mendizorrotza del Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz (19 de julio) y viajará después al Baluarte de Candelaria dentro de la programación del Festival Jazz Cádiz (día 26). «El resultado combinará influencias de todo tipo, nada que se haya escuchado antes», se jacta.

Y poco más puede añadir de esta su primera incursión en el jazz, si es que se puede definir así. «Nos juntaremos para prepararlo cuatro o cinco días antes del estreno», confiesa el más controvertido e inclasificable de los cantaores ex flamencos. «Hay músicos a los que les gusta citarse dos meses antes para una masturbación colectiva, pero yo llevo con este proyecto en la cabeza mucho antes de que surgiera». En una mochila se llevará varios textos del monje trapense Thomas Merton sobre la espiritualidad, la contemplación y el encuentro con lo desconocido. «Nada de mindfulness ni orientalismo precocinado. Siempre me he considerado creyente de todo lo que viene antes del gesto, nunca del gesto en sí mismo. Habrá algunas pautas y mucha improvisación. Pero sobre todo trabajo previo, que no es lo mismo que ensayos. La clave no está en lo que haces, sino en desde dónde lo haces. Por eso los conciertos no terminan nunca...».

"La negación es claveen mi forma de asimilar ciertas tradiciones. Nunca es lo que hago, sino desde dónde lo hago", confiesa el cantaor ex flamenco

A veces le basta con una silla, como la de su reciente homenaje sonoro a Antoni Tàpies en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, para dar rienda suelta a la creatividad más inesperada, heterogénea y multidisciplinar. O un mantón de manila, del que se sirvió en su intervención en la última Bienal de Sídney para desplegar las resonancias ocultas de las antípodas del flamenco. El punto de partida no siempre es una imagen, ni siquiera un objeto, sino una abstracción sintetizada en un suspiro, con el que arrancaba hace unos días Y entonces, una serie de variaciones canónicas a partir de la música de Luigi Nono que convocó a una multitud en las escaleras del vestíbulo de la Fundación Luis Seoane para presenciar un espectáculo único y difícilmente descriptible, como las «fuentes primarias» de Lorca que recuperó para su insólita adaptación de Poeta en Nueva York en las Naves del Español en Matadero, hace sólo unos días.

En octubre, después de participar en varios ciclos de conferencias (en el Museo del Prado y en los cursos de verano de Santander y Málaga) y otros tantos festivales de verano (Sierra Sonora, República Checa, Quimper, Múnich...), presentará el disco Cante a lo gitano, con el que seguramente revalidará su enfrentamiento con la ortodoxia del flamenco. «Jamás he planteado un trabajo para molestar o resultar incómodo», se sincera. «Ahora bien, yo no comulgo con los términos sagrados o prohibidos que nos quieren imponer ciertos profetas. Este disco forma parte de una reflexión profunda sobre las tensiones y vaivenes de un concepto que abarca muchas perspectivas, algunas paradójicas y hasta contradictorias». Como cuando en Sidney tuvo que aclarar que gitano (gipsy, en inglés) no exige una connotación peyorativa. «Todo según se diga, claro. Y ya sabemos que cada vez hay más gente preparada para la ofensa».