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Con la pluma en la trinchera: 'estetas armados' en el cenagal bélico del siglo XX

Reputado biógrafo y gran conocedor del siglo XX europeo, Maurizio Serra rastrea en este fascinante ensayo a toda una generación de escritores seducida por el último canto de sirena del belicismo

Los escritores británicos W. H. Auden, Christopher Isherwood y Stephen Spender, en 1937.
Los escritores británicos W. H. Auden, Christopher Isherwood y Stephen Spender, en 1937.Howard Coster / NPG
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No todos eran jóvenes, pero todos adoraban la juventud: su fuerza, su vitalidad, su entusiasmo. En un momento de la historia en el que, como escribió el germanista italiano Alessandro Pellegrini, la cultura europea "había alcanzado una extrema pureza de formas y sentimientos", ellos, como si intuyeran que esta pureza llevaba en sí el germen de su destrucción, aparcaron la pluma y se levantaron en armas. Se llamaban Klaus y Erika Mann, Stephen Spender, Antoine de Saint-Exupéry, W. H. Auden, Christopher Isherwood o Lauro de Bosis, entre muchos otros. Eran los escritores guerreros o, como los denomina el estudioso italiano Maurizio Serra (Londres, 1955) en su ensayo homónimo, los "estetas armados".

Para buena parte de esa generación, todo empezó en la Guerra Civil española. Serra sostiene que, con la salvedad de la insurrección húngara de 1956, fue el último conflicto romántico del continente: la guerra de los intelectuales europeos. De hecho, dedica un capítulo entero a esta contienda y a su importancia en el imaginario guerrero de los escritores. "Ningún otro fenómeno de entreguerras tuvo la misma importancia", señala Serra a La Lectura.

"Es trágico que una gran nación pagara el precio. Pero también es la razón por la que, parafraseando a Benedetto Croce, no podemos dejar de llamarnos españoles". Fue entonces cuando los intelectuales abandonaron las comunidades de artistas, como la de Monte Veritá, en Suiza, y enfilaron hacia las trincheras. André Malraux, soldado y esteta, se convirtió en el símbolo de la movilización de intelectuales en la guerra española y abrió el camino del sacrificio a muchos otros poetas.

Una década armada

Pero cada uno entendía el sacrificio a su manera, claro. En aquellos años, la glorificación de la muerte rondaba también los cafés de las capitales europeas. El surrealista René Crevel, uno de tantos que amaba la muerte, se suicidó en 1935, extendiendo una larga sombra sobre el Congreso de Escritores Antifascistas de ese año. Como escribió su compatriota y amigo Pierre Drieu de la Rochelle en El fuego fatuo, se trataba de "dejar la juventud para entrar en la otra vida". Idéntico juvenilismo propugnaba el nazi Joseph Goebbels cuando declaró que "la juventud siempre tiene razón frente a la vejez". El propio Drieu, obsesionado con la decadencia desde joven, se suicidaría en 1945, inhalando gas.

El esteta armado

Traducción de Esther Quirós. Fórcola. 512 páginas. 34,50 ¤
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Drieu, Louis Aragon y el citado Malraux, señala Serra, resumen bien el espíritu de aquella década, la más "armada" ideológicamente del siglo XX. Los tres cubren todo el espectro ideológico, en su caso el francés, de los años treinta y cuarenta: comunismo (Aragon), fascismo (Drieu) y gaullismo (Malraux), "pero siempre y en todo caso esteticismo". Otros, como Spender o Isherwood (junto a Auden, el trío de estetas armados británicos), formaron parte del selecto grupo de supervivientes. Algunos, como Spender, se arrepentirían después por el legado de sangre de aquella generación. Auden, cuyo giro pacifista empezó a intuirse en sus reportajes de nuestra Guerra Civil, en los que denunciaba las masacres de vidas humanas, terminaría siendo el cantor de la vida humilde y casi monacal.

Mussolini conversando con el escritor y líder político Gabriele D'Annunzio.
Mussolini conversando con el escritor y líder político Gabriele D'Annunzio.Henry Guttmann

En un memorable obituario del poeta, Hannah Arendt detallaba su conversión: "En los cuarenta, muchos rechazaron sus antiguas convicciones, pero sólo unos pocos entendieron por qué eran erradas. En vez de abandonar su creencia en la historia y el triunfo, sólo cambiaron de tren; el tren del socialismo y del comunismo estaba mal y lo reemplazaron por el tren del capitalismo o del freudismo, de algún marxismo refinado o una mezcla sofisticada de los tres. Auden, en cambio, se hizo cristiano; es decir, abandonó el tren de la historia por completo".

'La herida de la modernidad'

Maurizio Serra es miembro de la Academia Francesa -el tercer extranjero en conseguirlo- y biógrafo, entre otros, de Italo Svevo, Marinetti y D'Annunzio. Por su trilogía sobre Curzio Malaparte ganó el Premio Goncourt de biografía. Cuenta que empezó a discurrir sobre este ensayo en los años ochenta, cuando era cónsul italiano en el Berlín dividido. "Cada día me preguntaba qué hacía que nuestra cultura aún estuviese unida a pesar de la llamada herida de la modernidad", explica. Así, La ferita della modernità, tituló la continuación de El esteta armado -un libro cuya primera versión tiene ya más de 20 años-, donde ha ampliado su catálogo de intelectuales seducidos por las ideologías de masas.

el militar británico T. E. Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia.
el militar británico T. E. Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia.

Como cualquier generación literaria, los poetas guerreros miraban más o menos críticamente a sus mayores. Los "padres" del esteticismo armado se llamaban D'Annunzio, Jünger, T. E. Lawrence, Kipling, Stefan George. Este último, inspiración del poeta fascistoide y estetizante Daniel zur Höhe del Doktor Faustus de Thomas Mann, es el ejemplo de cómo una alianza estética entre las armas y las letras, por mucho que reniegue de cualquier contraprestación mundana, puede resultar nefasta.

A diferencia de los más jóvenes, los mayores habían vivido la Gran Guerra. Y ellos iniciaron el culto a la juventud y les dijeron a los poetas que tenían que hacer deporte y despreciar la vida sedentaria de los literatos de otros tiempos. En la batalla, siempre con la cabeza alta, la bala debía entrarles por la frente, como al crítico Renato Serra, cuya muerte en una trinchera cuando apenas tenía 30 años se consideró el epítome de una «muerte gloriosa».

el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry.
el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry.

Un sueño hecho añicos

El ideal permeaba todas las ideologías. Según Serra, "al menos hasta el conflicto español, se observan continuas fluctuaciones en la elección de bando". Una figura como la de Lawrence de Arabia fascinaba tanto a la izquierda como a la derecha. Para los estetas armados, reacción y progreso, comunismo y fascismo, representaban, en palabras de Robert Brasillach, "una única poesía del siglo XX". Brasillach, por cierto, fue fusilado en 1945 por colaborar con los nazis durante la ocupación francesa.

Este ideal autodestructivo empujará a un D'Annunzio ya septuagenario a la aventura etíope de 1935, en la que se sumará a las tropas italianas. Y hará que alguien como Klaus Mann -de quien Serra traza un formidable retrato junto al del resto del clan Mann-, que había abandonado Alemania en 1933 huyendo del nazismo, se juegue la vida primero en la Guerra Civil española y más tarde en la Segunda Guerra Mundial, en la que combatió del lado estadounidense. Todo para terminar suicidándose en 1949.

El académico italiano resume así la forma de pensar de todos estos escritores: "Soñaban con oponerse a la decadencia y su sueño se hizo añicos contra el desastre espiritual que sufrió Europa en 1939".

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