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Artista exiliada

Rada Akbar: "Todo lo que pueden hacer las mujeres en Afganistán es quedarse en casa y respirar"

Huyó de Kabul en 2021 con un visado de emergencia ante la ofensiva talibán. Desde su exilio en Francia y a través de sus exposiciones, sigue luchando contra los integristas y dando voz a sus compatriotas

Rada Akbar en la galería Imaginart de Barcelona.
Rada Akbar en la galería Imaginart de Barcelona.PAU BARRENAARABA PRESS
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A sus 35 años, Rada Akbar ha vivido dos exilios. Siendo niña, sus padres huyeron de Afganistán durante el enfrentamiento entre soviéticos y muyahidines. La familia se refugió en Pakistán y regresó en 2002, cuando la OTAN expulsó a los extremistas del poder. Kabul estaba destrozada y Akbar pasó su adolescencia en un país en guerra. Pero pudo estudiar, trabajar como artista, incluso desarrollar un ambicioso proyecto para abrir el primer museo dedicado a la historia de las mujeres, al que las autoridades afganas dieron el visto bueno. Todo cambió en 2021, cuando Estados Unidos retiró sus tropas y los talibanes lanzaron una ofensiva para recuperar el control del país. Akbar tuvo que huir con un visado de emergencia, su vida corría peligro si permanecía en Kabul. Desde su exilio en París, sigue luchando por Afganistán, por sus mujeres. En la impactante exposición Invisible Captivity, que presenta en la galería Imaginart de Barcelona, denuncia el cautiverio de las afganas.

Una de las fotografías de Rada Akbar, con la modelo cubierta de yeso y versos del Corán.
Una de las fotografías de Rada Akbar, con la modelo cubierta de yeso y versos del Corán.

¿Cómo era su vida cuando vivía en Kabul?
La vida no era fácil, pero sí normal. Tenía mi apartamento, mi trabajo, mis proyectos, hacía exposiciones... No digo que fuera perfecto. Quizás no tenía la misma libertad que las mujeres de los países occidentales pero luchábamos por ella y conseguíamos cambios. Sabíamos que nos llevaría mucho tiempo, que sería paso a paso, pero hacíamos progresos.
Hasta el anuncio de la retirada de tropas estadounidenses...
Dejaron el país en manos de los terroristas. Fue un periodo muy convulso. Me pasé casi dos semanas prácticamente encerrada en mi casa, por miedo. Estaba muy comprometida con mi país y la sociedad, mi objetivo era quedarme allí y seguir luchando. Aunque solo se produjera un pequeño cambio, ya valía la pena. Quizás no lo vería mi generación pero puede que la siguiente sí.
¿Cómo fueron sus últimas semanas en Afganistán?
Los talibanes empezaron a ganar terreno y se producían asesinatos selectivos. Empezaban muy pronto, a primera hora de la mañana mataban al primero, dos horas después al segundo... Y acababas el día con la noticia de que habían asesinado a cinco personas... Todos eran buenas personas, formadas, cultas, que se habían significado de alguna manera a favor de los derechos humanos. Querían imponer el miedo y el silencio. Y es lo que pasó. Por ejemplo, en Kabul hay muchas campañas de vacunación contra la polio, es muy común ver a enfermeros en las calles o llamando a la puerta de las casas. Pero los talibanes estaban infiltrados en esa red de vacunación: conseguían información de la gente a través de ella. También recibías llamadas extrañas o de números desconocidos. Y sabías que no tenías que cogerlas. A veces esas llamadas estaban conectadas a una bomba.
¿Cómo?
Le pasó a una amiga mía. Eran las siete de la mañana y la llamó un número oculto. Al descolgar, su coche explotó. Le habían puesto una bomba y murió en el acto. [Hace una pausa, respira y continúa] Cada vez que pierdes a alguien ya no vuelves a ser la misma persona.
Vivir así es una pesadilla...
Esa era nuestra vida. Pasaba cada día. Y cuando algo sucede a diario acabas por normalizarlo. No había tiempo ni para hacer el duelo.
¿Usted llegó a recibir amenazas de muerte?
No de una forma explícita con un 'vamos a matarte'. Pero todo el que tuviera una voz y la alzara públicamente para criticar a los talibanes era un objetivo. Y todos lo sabíamos. Con mis amigos nos decíamos: 'Tenemos que seguir con vida'. De algún modo, sobrevivir se convirtió en nuestro objetivo. Los americanos nos recomendaron que abandonáramos el país y negociaron con India, Turkmenistán y Uzbequistán para que nos dieran visados de emergencia.
Pero no habría visados suficientes para todos...
Tenían una lista. Sabían quiénes eran los objetivos de los talibanes. Las autoridades afganas no se podían hacer cargo de las evacuaciones, la situación estaba fuera de su control.
Al final consiguió un visado para la India. Después, el asilo político en Francia.
Cuando llegué a la India, estaba realmente asustada, bloqueada. Sentía que había perdido el control de todo, la situación era frustrante... Desde que vivo en Europa, estoy a salvo físicamente. Pero mentalmente no estoy aquí, mi corazón y mis pensamientos siguen en Afganistán.
¿Es difícil ver desde Europa cómo sus compatriotas van perdiendo más y más derechos?
Es devastador levantarte cada día y ver todas esas noticias horribles... No puedo disfrutar del todo en Francia porque siento una gran culpa: mi libertad depende de la de mi país y de las mujeres a las que se la han quitado. El simple hecho de ir a la escuela es una lucha. A las niñas les privan de sus derechos desde pequeñas. Las mujeres afganas viven y están solas, el mundo las ha abandonado.
Este año los talibanes han prohibido a las mujeres el acceso a estudios superiores. Según la UNESCO, en 2001 había 5.000 mujeres en la universidad, en 2021 aumentaron a 103.854. En 2023, ninguna.
Ahora mismo, todo lo que pueden hacer las mujeres afganas es quedarse en casa y respirar. Hay una estadística según la cual nueve de cada diez mujeres sufren alguna forma de acoso sexual, ya sea en el espacio público o doméstico. Pero en realidad yo diría que son diez de cada diez... Como mujer, el gran objetivo de tu vida debe ser casarte y, por encima de todo, conservar la virginidad para tu marido. Bajo la fachada del matrimonio se ocultan muchas formas de acoso y violencia. Desafortunadamente, no existe ningún tipo de apoyo a la mujer que sufre esa violencia conyugal. No se les permite trabajar, dependen completamente del marido y están condenadas a sufrir esa violencia.
¿Siendo mujer, cada día es una lucha?
Cada mañana, te levantas y sabes que vas a un campo de batalla, que no vas a tener una vida normal. La vida nunca ha sido fácil para las mujeres en Afganistán y pagamos un precio muy alto por cada pequeño derecho que conseguíamos. Perdimos miles de vidas por cada libertad ganada: periodistas, activistas, abogados, jueces, médicos, escritores, profesores, policías... Ahora, en Afganistán todo vuelve a cero: no hay libertades.
Desde que Estados Unidos abandonó el país, ¿siente que aún hay un mayor desinterés por Afganistán?
Afganistán ya no existe, especialmente después de la guerra contra Ucrania. No es que haya desinterés, en Occidente hay cansancio. Hace unos días vi un vídeo de una humorista americana que fue realmente perturbador. Los talibanes habían ordenado a los comerciantes tapar la cara de los maniquíes femeninos, consideran que no deben tener rostro. Y la humorista usó un tono muy insultante en un sketch: 'Afganistán, danos un respiro... Tantos años de miserias bla bla bla'. Que se pueda hacer un chiste con eso...¡Y todo el mundo reía! Como afgana es humillante. Verlo fue muy triste, como un puñetazo del mundo real en la cara. Así es como la gente, o una gran mayoría, piensa en Afganistán: han transformado la tragedia en comedia.
¿La guerra de Ucrania ha acentuado aún más ese olvido?
En realidad, todo es una tendencia, incluso Ucrania. No existe realmente, no está en el foco de la noticia como al inicio de la guerra. Cuando Rusia invadió Ucrania me produjo una gran tristeza porque siendo una persona que nació en la guerra y que fue criada durante la guerra sé el dolor que se experimenta en un conflicto. Al menos, los ucranianos no sufren racismo. Porque son caucásicos, rubios y de ojos azules...
¿Considera que existe racismo hacia los afganos?
Lamentablemente, sí. Con Afganistán, Iraq o Siria hay indiferencia, como mucho algo de compasión. No nos ven como a iguales; a los ucranianos, sí. Es una idea todavía colonialista, nos ven como un país insuficientemente civilizado en el que no importa si mueren unos cuantos... No sabes el dolor que se siente cuando la OTAN bombardea un edificio, mata a toda una familia y dice 'Oh, ha sido un error', y tú conoces a esa familia y sabes que el niño pequeño tenía tres años...
En general, en Occidente hay un gran desconocimiento sobre la historia de Afganistán, que en los últimos 40 años ha estado marcada por la política de la URSS y Estados Unidos.
Todo lo que se sabe de Afganistán se reduce a guerra y terrorismo. En los últimos 20 años los medios de comunicación no han intentado mostrar la verdadera cara del país, ni educar sobre su legado cultural ni su historia milenaria, mucho más rica de lo que se cree. ¡Existíamos antes del 2001 y también mucho antes de que llegaran los soviéticos! Antes de los muyahidines [entre 1978 y 1992 se sublevaron y derrocaron al gobierno soviético], de la guerra civil [que enfrentó a dos facciones islamistas entre 1992 y 1996] y de los talibanes [que tomaron el poder desde 1996 hasta 2001] nuestra cultura era civilizada. Las mujeres consiguieron el derecho a voto en 1919, como en Estados Unidos y años antes que en Inglaterra [1928]. Las mujeres también participaron en la redacción de la constitución afgana de 1964, que recogía el principio de igualdad. Había parlamentarias, ministras, juezas, escritoras...
A ellas rendía homenaje en sus exposiciones 'Abarzanan' (supermujer, en persa), que organizaba cada 8 de marzo en el antiguo palacio real de Kabul.
Quería honrar a las pioneras, celebrar siglos de mujeres afganas, fuertes e influyentes, redescubrir su contribución a la historia. Había cuadros, vestidos e instalaciones dedicados a cantantes (Parwen), cineastas (Roya Sadat), futbolistas(Khalida Popalzi) pero también a activistas o a Rukshana, la joven de 19 años que fue lapidada por los talibanes. Todas ellas han sido mujeres valientes que se han jugado la vida por ser quienes querían ser. Merecen ser reconocidas.
En la galería podemos ver el impactante vídeo de la última 'Abarzanan', que no pudo celebrar en 2021: apareceusted hablando ante 50 sillas ocupadas por una fotografía de personas asesinadas por los talibanes.
Las autoridades no me dejaron abrirla al público porque era demasiado peligroso, no podían garantizar la seguridad de los visitantes. Así que en un espacio vacío reuní a 50 difuntos, porque eran las sillas que tenía, e hice la exposición para ellos, que murieron defendiendo la paz y la justicia.
En las fotografías de 'Invisible Captivity' cubre a todas las modelos con yeso, parecen maniquíes, estatuas...
Es lo que hacen los talibanes. No nos individualizan. Convierten a las mujeres en estatuas vivientes con burka, intentan matar su alma y espíritu, crean una identidad para ellas antes de que nazcan. Bajo estas máscaras de yeso hay una persona, pero no puedes verla ni siquiera intuirla... Vivimos la época más oscura de nuestra historia.
Fotografía de Rada Akbar.
Fotografía de Rada Akbar.

Contra la misoginia y la opresión islamista

Sobre modelos cubiertas de yeso y con burka, Rada Akbar estampa una huella dactilar con versos del Corán que justifican la sumisión de la mujer. La artista denuncia el cautiverio de las afganas bajo el régimen islamista. Y también lo hace desde la poesía, con 'landays', una tradición poética afgana parecida a los 'haikus', pero anónima y escrita por mujeres, apenas traducida en Occidente.

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