INTERNACIONAL
Guerra en Oriente Próximo

Movilizaciones de ira entre la comunidad musulmana chií: "EEUU e Israel tendrán una guerra de años. La querían y la tienen"

Desde Pakistán a Nigeria, la minoría chií expresa su rabia por la muerte de Jamenei

Agentes de policía reprimen musulmanes chiíes en Islamabad, Pakistán.
Agentes de policía reprimen musulmanes chiíes en Islamabad, Pakistán.AP
Actualizado

Miles de residentes de Beirut que se habían congregado por la tarde en los suburbios sureños habitados por la comunidad chií se golpeaban el pecho de forma rítmica, al son de la melodía casi plañidera que entonaba el locutor. Parecía una escena sacada de los días de duelo que dominan el Ashura, cuando los musulmanes chiíes recuerdan la muerte de Hussein en la batalla de Kerbala, un hito emblemático en las creencias de esta comunidad.

Ya Mehdi!", repetían a coro miles de voces, aludiendo a esa especie de mesías -el Mehdi- cuyo regreso esperan desde hace siglos. Muchos de los presentes sollozaban al escuchar los cánticos. El negro era el color oficial de la multitud. Roto sólo por los tonos amarillos de las banderas de Hizbulá, las verdes de Amal -las dos principales agrupaciones chías libanesas- y el tricolor de la enseña iraní. Había devotos que exhibían al unísono los retratos de Hassan Nasrallah, el jefe de filas de Hizbulá asesinado en 2024, y del ayatolá Ali Jamenei.

Ahmad Hannan, de 36 años, había acudido con su esposa y su hijo de pocos años, al que acarreaba en un carrito. Él mismo enarbolaba una bandera de Hizbulá. "Es como si hubieran asesinado al Papa (católico). Jamenei era nuestro Papa. EEUU e Israel han elegido la guerra. La querían y la tendrán durante años. Sólo queremos venganza", explicó en un perfecto inglés.

A su lado, varios padres se abrazaban conmocionados al tiempo que acarreaban a sus pequeños retoños vestidos con uniformes y las típicas cintas en el cráneo que se colocan los que buscan la muerte. "Todos seremos mártires. Tendrán que matarnos a todos si quieren acabar con nuestra resistencia. Han matado a nuestro líder pero no han acabado con sus ideas", proclamó desafiante otra muchacha, Zahra Qayali, de 23 años.

Así, rebosando de odio y deseos de venganza, decenas de miles de libaneses chiés se sumaron el domingo a las conmemoraciones luctuosas que se llevaron a cabo en todo el orbe tras confirmarse la muerte del líder iraní Ali Jamenei.

La población de los suburbios chiíes de Beirut ya había acogido la noticia del fallecimiento de Jamenei durante la madrugada con ráfagas de ametralladoras al aire y manifestaciones espontáneas de ira. Además de su principal apoyo militar, el ayatolá era el jefe religioso de Hizbulá, un elemento clave para entender el vínculo de esta formación armada y Teherán.

Los musulmanes de confesión chií no siguen a una única figura que acumule toda la autoridad religiosa como sería el caso del citado jefe de la Iglesia Católica. Los referentes de esa comunidad, los llamados marya -Jamenei lo era-, adquieren esa categoría con los años de desempeño y son los devotos los que eligen a quien seguir, independientemente de su nacionalidad o residencia. En el mundo de los devotos, sus dictámenes religiosos -las fatuas- son normas de obligado cumplimiento. En este sentido, uno de los clérigos más influyentes de Irán, el centenario Sheij Nouri Hamdani, exigió ayer a "todos los musulmanes" que "venguen" la muerte del líder iraní en la persona de "los perpetradores de este crimen".

Para un amplio sector de la minoría chií, parafraseando al imán (clérigo) de la ciudad libanesa de Kfar Kila, Abbas Fallalah, la muerte de Jamenei "abre una nueva era" en una confrontación con Washington y Tel Aviv, que auguran se extenderá en el tiempo hasta el infinito. Una opinión que compartía con el jefe de filas de la minoría drusa libanesa, Walid Jumblat, que señaló que el asalto aéreo de Tel Aviv y Washington es el inicio "de una larga guerra de consecuencias inimaginables para la región".

La gran incógnita para el Líbano es la futura actitud de Hizbulá, pero también la de Tel Aviv, que no ha cesado de atacar a los miembros de este grupo durante los últimos meses pese al cese el fuego que firmó en noviembre del 2024. Un portavoz de Hizbulá había indicado el miércoles a Afp que la figura de Jamenei era una "línea roja" que Washington y Tel Aviv no debían cruzar. El sucesor de Nasrallah, Naim Qassem, difundió un comunicado en el tachaba la agresión contra Jamenei de "crimen supremo" y decía que su formación "cumplirá con su deber enfrentando la agresión".

Sin embargo, resulta cuestionable que el llamado Partido de Dios se haya recuperado del ingente varapalo que sufrió a manos del ejército israelí en la última confrontación. El propio presidente libanés, Joseph Aoun, se apresuró a emitir un comunicado en el que intentaba controlar las repercusiones del suceso, para un estado que continúa repleto de aldeas arrasadas por la última guerra contra Israel. "El presidente ha recibido a través del embajador de EEUU en Beirut un mensaje que confirma que Israel no tiene intención de escalar la situación en Líbano", manifestó en un comunicado la oficina del jefe de estado.

Para los residentes de Dahiyeh, el barrio chií de Beirut, cualquier declaración de EEUU o Israel tras la ofensiva lanzada en plenas negociaciones con Irán, carece de la más absoluta credibilidad. "¡Son unos cobardes que atacan a traición!", comentó la citada Zahra Qayali.

Inspirados por esta oleada de rabia incontenible, el mortal ataque contra Jamenei provocó movilizaciones -muchas de ellas violentas- en países tan dispares como Irak, Pakistán, Bahrein o incluso Nigeria, en África. En Bagdad, miles de iraquíes se lanzaron desde primeras horas de la mañana hacia la embajada de EEUU ubicada en la llamada Zona Verde de Bagdad, el perímetro acotado que se sitúa en el centro de la ciudad desde que Washington ocupó el país en 2003, con la intención de saquearla. Las fuerzas de seguridad tuvieron que impedir su avance disparando gases lacrimógenos y enfrentándose a los congregados durante horas.

La máxima autoridad espiritual de toda la comunidad chía iraquí, el gran ayatolá Ali Al Sistani -que es considerado un moderado en contraposición al ideario que defendía el difunto Jamenei- también cerró filas con sus feligreses y acusó a los "enemigos" de Irán de intentar causar "un gran daño" a la nación vecina, pidiendo a los iraníes que mantengan su "unidad" y no "permitan que el agresor consiga sus siniestros objetivos".

Irak se ve arrastrada poco a poco a la guerra regional abierta por el ataque de Israel y EEUU, ya que las facciones paramilitares aliadas de Teherán, han comenzado a atacar intereses y objetivos estadounidenses, al tiempo que eran golpeadas por bombardeos atribuidos a las fuerzas aéreas de los dos aliados. De hecho, cuatro milicianos murieron y otros ocho resultaron heridos, en un asalto contra su base en la provincia de Diyala. Varios drones de origen desconocido -presumiblemente lanzados por las facciones pro iraníes- impactaron en torno al aeropuerto de la localidad norteña de Erbil, donde se encuentran estacionados cientos de uniformados estadounidenses. Los ataques se reprodujeron al caer la noche.

Todavía más graves fueron las refriegas que se suscitaron en la ciudad paquistaní de Karachi, donde la multitud llegó a asaltar el consulado de EEUU. Los choques con las fuerzas de seguridad dejaron al menos nueve muertos. "Estamos incendiando el consulado estadounidense. Vengaremos la muerte de nuestro líder", manifestó uno de los congregados en declaraciones a la agencia Afp. Otro conglomerado de deudos prendió fuego a las oficinas de Naciones Unidas en la ciudad norteña de Skardu.

Pero las muestras de condolencia no fueron unánimes, ni siquiera entre los miembros de esta fe. Los vídeos llegados de Irán permitían ver a residentes de Teherán celebrando la desaparición de un dirigente al que identifican con la brutal represión que sufrieron el pasado mes de febrero, un luctuoso suceso que dista mucho de haber sido el primero de su tipo. Según la agencia Afp, algunos grupos de iraníes salieron a la calle para lanzar proclamas de alegría, encendiendo fuegos artificiales y tocando música en público, al conocer la noticia.