INTERNACIONAL
Oriente Próximo

Reza Pahlavi, el hijo del sha que espera su momento desde hace 40 años en Washington: "Mis queridos compatriotas, Nos esperan momentos decisivos"

Una de las figuras más conocidas y controvertidas de la oposición iraní trata de convencer a la Administración Trump de su valor como líder interino: "hay un billón de dólares en oportunidades para las empresas para la reconstrucción"

Varias personas ondean banderas iraníes anteriores a la Revolución Islámica y sostiene un retrato de Reza Pahlavi, mientras marchan hacia la Casa Blanca durante una manifestación el sábado.
Varias personas ondean banderas iraníes anteriores a la Revolución Islámica y sostiene un retrato de Reza Pahlavi, mientras marchan hacia la Casa Blanca durante una manifestación el sábado.ABIR SULTANEfe
Actualizado

Reza Pahlavi ha sido durante décadas el principal rostro de la oposición iraní en el exilio, especialmente en Estados Unidos. Para muchos es la opción cómoda de futuro para Occidente, un ex piloto de combate que desde su mansión de Washington ha hecho campaña por la no violencia y un Irán secular. A lo largo de su largo destierro, Pahlavi ha sentido muchas veces que su oportunidad, su momento, había llegado. Pero nunca como ahora.

Pahlavi nació en Teherán el 31 de octubre de 1960, siete años después de que Estados Unidos y Reino Unido organizaran un golpe de Estado contra el primer ministro, Mohammad Mosaddegh, porque había nacionalizado los activos de la compañía petrolera anglo-persa, ahora conocida como BP. Hijo mayor de Mohammad Reza Shah y Shahbanou Farah Pahlavi, Farah Diba, la tercera esposa del rey, fue nombrado príncipe heredero en 1967, durante la coronación de su padre. Se mudó a Estados Unidos en el verano de 1978, con la mayoría de edad, para completar su entrenamiento, pero mientras estaba fuera, llegó la Revolución, la monarquía cayó y ya nunca regresó. Estudió Ciencias Políticas, se casó con Yasmine Etemad-Amini y tuvieron tren hijos, con los que vive en las afueras de Washington.

Para saber más

"Mis compatriotas, Ali Jamenei, el déspota sanguinario de nuestra época, asesino de decenas de miles de los hijos e hijas más valientes de Irán, ha sido borrado de la faz de la historia. Con su muerte, la República Islámica ha llegado a su fin y muy pronto será relegada al olvido. Cualquier intento de los remanentes del régimen de nombrar un sucesor para Jamenei está condenado al fracaso desde el principio. Quienquiera que lo sustituyan no tendrá ni legitimidad ni longevidad, y sin duda también será cómplice de los crímenes de este régimen", escribió este sábado el príncipe heredero, como le llama a menudo su equipo, en su cuenta de redes sociales.

"A las fuerzas militares, policiales y de seguridad: cualquier esfuerzo por preservar un régimen en colapso fracasará. Esta es su última oportunidad de unirse a la nación, de ayudar a garantizar la transición estable de Irán hacia un futuro libre y próspero, y de participar en la construcción de ese futuro", ha instado a los soldados y agentes del país prácticamente en los mismos términos que Donald Trump, que en un vídeo y un tuit ha prometido "inmunidad total" a quien deponga las armas. La alternativa, les dijo, era "una muerte segura".

La parte final del mensaje de Pahlavi ha sido para el pueblo. "La muerte del criminal Jamenei, aunque no venga la sangre derramada, puede servir como bálsamo para los corazones heridos de los padres y madres, esposos y esposas, hijos e hijas afligidos, y las familias de aquellos que dieron sus vidas en la Revolución Nacional del León y el Sol de Irán. Honorable y valiente pueblo de Irán, Este puede ser el comienzo de nuestra gran celebración nacional, pero no es el final del camino. Manténganse alerta y preparados. El momento de una presencia generalizada y decisiva en las calles está muy cerca. Juntos, unidos y firmes, lograremos la victoria final y celebraremos la libertad de Irán en toda nuestra querida patria", añadió.

Una figura polémica y divisiva

Pahlavi es, para muchos, la mejor opción en una transición hacia la democracia. O al menos para la salida del régimen teocrático que domina el país desde 1979. Él se ha presentado a la Administración estadounidense como un líder interino, con apoyo, infraestructura y aliados, capaz de unir a las distintas facciones dentro y fuera del país, en un camino hacia elecciones y una nueva Constitución. También, usando los códigos que mejor funcionan con Trump, ha afirmado que hay "una oportunidad de negocio de un billón de dólares" para empresas estadounidenses en la reconstrucción del país.

Pero para muchos otros es el recordatorio de que antes de los ayatolás tampoco había democracia, sino una familia que impuso la violencia, castigó la oposición y se enriqueció. O un agente (o al menos el favorito) de Israel que, según diversos analistas, ha ayudado a su causa en los últimos meses con campañas de desinformación en redes sociales para que parezca que tiene un apoyo sobre el terreno mucho más grande del real.

En todo caso, lo cierto es que su popularidad ha aumentado en los últimos años, de la mano de la secularización y modernización de la sociedad civil, de las redes sociales y el hartazgo económico, pero también del giro nacionalista. Su movimiento es hoy mucho más organizado, más efectivo y profesional. Tanbién más agresivo. Capaz de juntar a 250.000 personas en las calles de una ciudad como Múnich, al grito de "cambio para Irán", como hizo hace unas semanas en los márgenes de la Conferencia de Seguridad que cada año acoge en Alemania a todos los pesos pesado de la comunidad global de Defensa.

Durante mucho tiempo, el centro del discurso de Pahlavi giró en torno a las aspiraciones genéricas de democracia y la libertad, asegurando que no buscaba ni a la restauración de la monarquía ni siquiera asumir él mismo el poder. Dedicaba todo su tiempo y energía a ello, en permanente contacto con gente en Teherán y con exiliados de todo el planeta, aprovechando que su fortuna, nunca calculada, se lo permitía.

Tras las protestas de 2016, 2019 y sobre todo, 2022 todo cambió para el líder opositor. En 2024 Pahlavi anunció que "a petición de sus compatriotas" se veía preparado "para liderar la revolución nacional y el período de transición". El régimen no cayó entonces, ni está claro que lo vaya a hacer ahora, pero la estructura militar religiosa es más débil y vulnerable que nunca. "Yo también me preparo para regresar a la patria para, en el momento de la victoria de nuestra revolución nacional, estar a vuestro lado", afirmó a mediados de enero en un vídeo animando a los manifestantes a tomar las calles de las ciudades.

El pasado viernes, el hijo del sha publicó una versión actualizada de lo que denomina 'Manual de la Fase de Emergencia de su Proyecto de Prosperidad para Irán', una parte bien elaborada de su estrategia para reconstruir la nación. El folleto, explica, se centra en las necesidades más urgentes durante los primeros seis meses tras el potencial colapso del régimen. No es probablemente el mejor plan, pero sí lo más parecido a una hoja de ruta.

Su mayor problema es que esta oportunidad llega quizás 20 años tarde. Trump ha ordenado el ataque que ninguno de sus predecesores se atrevió. Y está flirteando con un cambio de régimen de una manera que sólo los neocons más convencidos soñaron entonces. El pasado 22 de enero, Pahlavi y María Corina Machado, la líder opositora venezolana que ahora vive temporalmente también en Washington, tuvieron un encuentro. "Hemos intercambiado perspectivas sobre nuestras respectivas luchas y unimos nuestros esfuerzos hacia un objetivo común: la liberación de Irán y Venezuela de la opresión", explicaron. "A medida que los regímenes autoritarios profundizan su cooperación criminal, quienes defendemos la libertad debemos coordinarnos aún más estrechamente", añadieron.

Las luchas de ambos reflejan ese cambio de mentalidad en la gran superpotencia y las élites, pero sobre todo en la Casa Blanca. Cuando EEUU invadió Irak y derrocó a Sadam Husein, en Washington la sensación dominante era que todo era posible. Que tras la caída de la URSS, Estados Unido podía lograr cualquier cosa, especialmente apostando por cambios de régimen y construcción de naciones. Los neoconservadores, entonces, se dejaron seducir y auparon a Ahmed Chalabi, un exiliado con buena labia y muchos contactos que convenció al Gobierno de George Bush de que los iraquíes recibirían con los brazos abiertos a los soldados y que él sería un candidato inmejorable para dirigir el país. "El George Washington de Badgad", lo apodaron. El desastre fue absoluto.

Muchos temen que lo mismo puede ocurrir ahora con el hijo del sha. "Bueno, lo he observado y parece una buena persona", dijo Trump recientemente de Pahlavi. "Pero no estoy seguro de que sea apropiado en este momento reunirme con él como presidente. Creo que deberíamos dejar que todos salgan a ver quién emerge", zanjó hablando de los opositores. En las últimas semanas, para tender puentes, el iraní ha multiplicado sus apariciones en la Cadena Fox, la de referencia para el presidente. Y ha criticado a los demócratas mientras elogiaba a Trump y se deja ver por todo tipo de actos del mundo conservador y republicano. El presidente Trump pasará a la historia iraní como el líder extranjero más célebre que cambió el panorama y, como resultado, el mundo", dijo el sábado en televisión.

Corteando a la Casa Blanca

Pahlavi ha sido siempre una figura divisiva, dentro y fuera del país, especialmente entre las minorías étnicas. Alguien que nunca ha reconocido los crímenes del régimen autoritario de su familia, ni pedido perdón por las torturas. Sus principales asesores y colaboradores, además, hablan a menudo de venganza y violencia, y son extremadamente combativos, agresivos y hasta amenazantes con otros sectores de la oposición.

Mi plan es, en primer lugar, la integridad territorial de Irán. En segundo lugar, la clara separación entre la religión y el Estado, requisito indispensable para la democracia. Ya pagamos el precio, al comprender lo que significa vivir bajo una dictadura religiosa. En tercer lugar, por supuesto, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y las libertades individuales. Y, lo más importante, el proceso, o proceso democrático, que permita al pueblo elegir y decidir cuál será el futuro sistema de gobierno", dijo este fin de semana en una entrevista en el famoso programa 60 minutos de la CBS, abriendo la puerta a una monarquía.

El hijo del sha no es la única alternativa, pero quizás la mejor posicionada de cara a Washington. Por eso estas semanas, mientras cortejaba a Trump y su equipo, Pahlavi ha endurecido el tono hacia sus rivales, atacando a otros opositores como la ganadora del Nobel de la Paz Narges Mohammadi, descalificándolos o acusándolos de ser "izquierdistas", "terroristas" y "wokes".

Los analistas afirman que es difícil estimar cuántos iraníes esperan realmente el regreso de Pahlavi, que estos días usa a destajo las redes, comunicaciones por satélite e incluso la radio para llegar a los ciudadanos. Sus críticos dicen que exagera su apoyo y que no tiene ningún tipo de experiencia o formación para liderar un país que no ha pisado en casi 50 años. Pero él cree que sí, que tiene el carisma, el respaldo y al apellido para hacer que "Irán vuelva a ser grande de nuevo", usando el eslogan de Trump. En las encuestas de opinión más recientes, alrededor de un tercio de los iraníes decía apoyar a Pahlavi, mientras que otro tercio se oponía firmemente a él, según los datos del encuestador holandés Ammar Maleki. Pero sin duda está por delante en popularidad que cualquier otro opositor.

"Mis queridos compatriotas, Nos esperan momentos decisivos. La ayuda que el presidente de Estados Unidos prometió al valiente pueblo iraní ya ha llegado. Se trata de una intervención humanitaria, y su objetivo es la República Islámica, su aparato represivo y su maquinaria de exterminio, no el país y la gran nación de Irán. Sin embargo, a pesar de la llegada de esta ayuda, la victoria final la alcanzaremos nosotros. Somos nosotros, el pueblo iraní, quienes culminaremos esta tarea en esta batalla final. Se acerca el momento de volver a las calles", insistió el sábado por la noche animando una vez más a las protestas.