Desconocer "por completo" el pasado criminal de Jeffrey Epstein, así como restar importancia a sus frecuentes contactos con el financiero y pederasta estadounidense que se suicidó en 2019, han resultado ser dos errores fatales para el noruego Børge Brende, el presidente y director del Foro Económico Mundial (FEM), conocido popularmente como el Foro de Davos.
Acorralado en una posición insostenible, Brende se ha visto obligado a dimitir después de que una investigación independiente encargada por la junta del FEM concluyese que su relación con Epstein, si bien no necesariamente ilegal, fue más estrecha de lo que admitió en un principio.
Brende, conservador y antiguo ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, lideraba el Foro desde 2017. "Tras una cuidadosa reflexión, he decidido renunciar a mi cargo como presidente y director ejecutivo", ha indicado en un escueto comunicado emitido este jueves. "Estoy agradecido por la increíble colaboración con mis colegas, socios y representados, y creo que ahora es el momento adecuado para que el Foro continúe su importante labor sin distracciones".
Documentos del caso Epstein, publicados en varias etapas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, han revelado que Brende mantuvo cenas de negocios con Epstein en tres ocasiones, aparte de comunicarse con él a través de correos electrónicos y mensajes de texto. La investigación encargada por el FEM sobre los vínculos entre ambos comenzó a principios de febrero, después de que el diario económico noruego E24 constatara que hubo comunicación en 30 fechas distintas entre marzo de 2018 y junio de 2019. En total, se reunieron tres veces e intercambiaron 120 correos electrónicos y mensajes de texto.
Epstein murió en una prisión de Nueva York en 2019 mientras esperaba juicio por tráfico de personas y abuso sexual de menores. Ya en 2008 había sido condenado por tráfico de una menor.
Precisamente sobre este último dato reposa la crítica principal a Brende, no porque cometiese un delito, sino por su falta de juicio. La prensa noruega cuestiona cómo un diplomático de su calibre mantuvo contacto con el financiero entre 2018 y 2019, años después de que su condena de 2008 fuera de conocimiento público. Brende asegura que desconocía "por completo las actividades criminales de Epstein".
La investigación de E24 y los documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos no han revelado el contenido íntegro o literal de los 120 mensajes. Sin embargo, tanto el diario económico como la auditoría encargada por el FEM han concluido que las comunicaciones estuvieron principalmente relacionadas con aspectos de coordinación logística, centrada en la organización de las tres cenas de negocios que mantuvieron y en cuadrar agendas para encuentros personales, así como con temas de agenda global. Aquí, Brende buscaba la participación o el apoyo de Epstein en iniciativas del Foro, dado su antiguo estatus como filántropo y sus conexiones con las élites globales.
Para los investigadores, la cuestión más llamativa fue la frecuencia de los contactos en un momento en que el pasado delictivo de Epstein ya era de conocimiento público tras su condena de 2008. Según fuentes del FEM, el motivo de la dimisión de Brende responde más a la pérdida de confianza y al daño reputacional para la institución que a eventuales contenidos ilegales.
El Foro es célebre por su cumbre anual en la estación alpina suiza de Davos, donde jefes de Estado y de Gobierno, líderes empresariales y ONG debaten sobre economía, pobreza, igualdad y cambio climático. En la edición de este año, celebrada a finales de enero, el encuentro estuvo marcado por la polémica presencia de Donald Trump y las tensiones comerciales con Estados Unidos.
La dimisión ha causado un enorme impacto en Noruega. No sólo porque Brende es una figura de altísimo perfil allí, sino porque se trata de la quinta personalidad del país que se ve gravemente salpicada por el caso Epstein. Actualmente, la Policía investiga por "corrupción grave", debido a sus relaciones con el financiero tanto al antiguo primer ministro Thorbjørn Jagland, laborista, como al matrimonio formado por los "superdiplomáticos" Mona Juul y Terje Rød-Larsen, también laboristas y artífices de los Acuerdos de Oslo para Oriente Próximo de 1993.
Juul fue además embajadora de Noruega ante la ONU, en Israel y en Noruega, mientras que Rød-Larsen, quien habría presentado a Epstein y Brende, fue vicesecretario general de la ONU. Aparte de los cuatro políticos, la princesa heredera Mette-Marit también se ha visto implicada en el escándalo tras saberse que su relación con Epstein, aunque no ilegal, fue mucho más estrecha de lo que había admitido y continuó incluso después de conocer su condena de 2008.
