La caída del ex presidente surcoreano Yoon Suk Yeol ya tiene sentencia definitiva: cadena perpetua por liderar una insurrección tras la efímera declaración de ley marcial en diciembre de 2024. El veredicto, dictado este jueves por un tribunal de Seúl, pone fin a uno de los capítulos más convulsos de la historia reciente surcoreana y coloca a la cuarta economía de Asia ante el espejo de su propia resistencia democrática.
Yoon (65 años) se enfrentaba incluso a la pena de muerte por su intento fallido de instaurar un Gobierno militar. El tribunal ha considerado probado que el entonces presidente intentó subvertir el orden constitucional al activar un mecanismo reservado para situaciones de guerra o emergencia nacional sin que existiera amenaza real e inminente.
El 3 de diciembre de 2024, en una comparecencia televisada pasada la medianoche, Yoon denunció la presencia de "fuerzas antiestatales" infiltradas en la oposición, a las que acusó de simpatizar con Corea del Norte. Fue el pistoletazo de salida de una crisis que, durante horas, hizo temer el regreso a un pasado autoritario.
La escena que siguió quedó grabada en la memoria colectiva: helicópteros militares sobrevolando el edificio de la Asamblea Nacional (el Parlamento); soldados descendiendo con fusiles para tratar de asegurar el hemiciclo; diputados y trabajadores atrincherados; manifestantes bloqueando accesos con sus propios cuerpos. Todo retransmitido en directo. La democracia surcoreana, joven pero curtida, resistía a la vista de todos.
El Parlamento logró finalmente forzar una votación en contra del autoritario decreto, que fue rápidamente declarado inconstitucional por el Tribunal Supremo. Yoon fue destituido de su cargo y encarcelado semanas más tarde. Él siempre ha defendido que todo lo que hizo seguía el plan de "restablecer el orden democrático", asegurando que el país estaba siendo asediado por la oposición y fuerzas "antiestatales".
Los jueces, sin embargo, han concluido que no existía base fáctica para semejante medida y que la invocación de la seguridad nacional fue un pretexto para neutralizar a la oposición parlamentaria.
Este proceso ha marcado un momento crucial en la relativamente joven historia democrática de Corea del Sur. Esta se remonta a 1987, tras un levantamiento que derrocó al régimen militar de Chun Doo-hwan, quien fue condenado a muerte en 1996 tras ser declarado culpable de cargos similares de insurrección por tomar el poder durante un golpe de Estado en 1979. En apelación, la pena fue conmutada por cadena perpetua y posteriormente indultado.
El mes pasado, un tribunal de Seúl ya condenó a Yoon a cinco años de prisión por obstrucción de la ejecución de una orden de arresto, abuso de poder y fabricación y destrucción de documentos oficiales. Este caso giraba en torno al intento del ex presidente de impedir su propia detención cuando los investigadores acudieron a arrestarlo a principios de 2025. Tras la fallida ley marcial, Yoon se atrincheró en su complejo residencial y ordenó a sus guardaespaldas que impidieran que los investigadores lo arrestaran.
Según esa acusación, Yoon ordenó al Servicio de Seguridad Presidencial que bloquease la ejecución de la orden de detención, utilizando a un cuerpo del Estado como escudo personal. Para los jueces, no se trató de una maniobra defensiva, sino de una vulneración frontal del Estado de derecho.
En total, Yoon afronta ocho procesos que incluyen presuntos casos de corrupción que afectan a su entorno familiar y la investigación por la muerte de un marine en 2023, un episodio que también salpica a su administración. El mosaico dibuja el retrato de una presidencia que pasó en apenas dos años de prometer mano dura contra la corrupción a quedar atrapada en su propio laberinto judicial.
El juicio a Yoon se ha estado retransmitiendo en directo mientras sus simpatizantes se manifestaban fuera del tribunal. No es la primera vez que esto ocurre. En 2018, los surcoreanos pudieron seguir por televisión las sentencias contra los ex presidentes Park Geun-hye y Lee Myung-bak, ambos condenados por corrupción. Ahora, de nuevo, las cámaras han seguido cada sesión del juicio a Yoon, subrayando la voluntad institucional de exhibir transparencia tras sortear con éxito un intento de golpe militar.

