INTERNACIONAL
Monarquía

Las hijas del defenestrado Andrés asisten junto al resto de la familia real británica a la Misa de Navidad como claro gesto de unidad en el momento más delicado para la dinastía

Carlos III ofrece a primera hora de la tarde su Mensaje de Navidad, televisado en el Reino Unido y otras naciones de la Commonwealth

La familia real, a su llegada a la Misa de Navidad.
La familia real, a su llegada a la Misa de Navidad.AFP
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Carlos III y su esposa, la reina Camila, han encabezado la procesión hacia la iglesia de Sandringham donde este 25 de diciembre, como es tradición, asisten a la Misa de Navidad. Pero, sin duda, lo más llamativo ha sido que justo detrás de ellos caminaban la princesa Eugenia de York y su esposo, Jack Brooksbank. No parece casual tal protagonismo, ni siquiera aunque el paseo fuera informal. Y también formaban parte de la comitiva Beatriz y su esposo, Edoardo Mapelli. Había mucha expectación por comprobar si las dos princesas acudían al servicio religioso apenas unas semanas después de que su padre haya dejado de ostentar el título de príncipe. El mensaje es claro. Unidad en la dinastía y el inequívoco deseo de Carlos y Guillermo de que la caída en desgracia de quien fuera hijo favorito de Isabel II no afecte a sus hijas. Eugenia, a diferencia de su hermana Beatriz, no acudió en 2024 a la misa con sus familiares.

Además, hasta el templo se han desplazado los príncipes de Gales, Guillermo y Kate, junto con sus tres hijos, George, Charlotte y el pequeño Louis, así como a los otros hermanos del rey, la princesa Ana y el príncipe Eduardo, junto a sus respectivas familias.

La princesa Beatriz y Edoardo Mapelli.
La princesa Beatriz y Edoardo Mapelli.Redes

Ha sido un año muy complicado para la familia real británica. Si las Navidades de 2024 supusieron un respiro para los Windsor, ya que los signos de recuperación en su combate contra el cáncer tanto del rey Carlos III como de su nuera la princesa Kate devolvían el vigor a la institución, las Navidades actuales mantienen a los distintos miembros de la dinastía bajo un foco incómodo a cuenta del gran escándalo que ha erosionado a la Corona en los últimos meses, situando su popularidad en el estadio más bajo desde que el hijo de Isabel II accedió al trono: la relación del ya ex príncipe Andrés con el magnate pedófilo Jeffrey Epstein. En una decisión sin precedentes, el soberano retiró a su hermano caído en desgracia su dignidad principesca, así como todos sus títulos y honores. Una decisión bien recibida por el pueblo británico, que se antojaba imprescindible si Buckingham quería revertir la situación. El problema es que la tardía actuación, sumada a que no dejan de salir nuevas imágenes comprometedoras del hermano de Carlos III en actitudes de gran intimidad con Epstein y con su cómplice en el negocio sexual, Ghislaine Maxwell, en residencias de la familia real como Sandringham o en el palco real de Ascot mientras presenciaban una carrera de caballos en el Día de la Dama celebrado en junio de 2000, entre otros eventos, impiden que el turbio asunto de abusos sexuales y relaciones con menores que llevó a la defenestración de quien ya sólo es el ciudadano Mountbatten Windsor, deje de salpicar a la dinastía.

La familia real saluda a los curiosos, a su llegada al templo.
La familia real saluda a los curiosos, a su llegada al templo.Afp

Precisamente en Sandringham House, en Norfolk, pasan estos días de Navidad el grueso de los miembros de la familia real. Se trata de una casona de campo propiedad privada del rey y no de uno de los tantos palacios e inmuebles de la Corona -es decir, de titularidad estatal-. Es desde hace décadas el lugar favorito de los Windsor para pasar estas fechas, y en esta ocasión, como ya ocurriera el año pasado, ni Andrés ni su ex mujer, Sarah Ferguson, han sido invitados. El cortafuegos, el cordón sanitario en torno a los apestados de la familia, ya no admitía medias tintas. Carlos III es muy consciente del profundo malestar ciudadano y se ha visto obligado a ir mucho más lejos de lo que parecía desear, en esa estrategia de cortar por lo sano en la que tanto han pesado las decisiones de quien está llamado a ser el futuro rey, el príncipe Guillermo.

Por todo, era enorme la expectación por ver a la familia real asistir este jueves a la Misa de Navidad en la iglesia Santa María Magdalena, de Sandringham. O mejor dicho, por ver qué miembros lo hacían, y quiénes no; y con qué semblantes.

Decenas de personas se han agolpado ante el recinto desde bien temprano, a pesar de las bajas temperaturas, decididos a coger el mejor sitio para ver de cerca al monarca y los suyos.

Mensaje de Navidad del rey

A las 15 horas (cuatro de la tarde en España), las televisiones del Reino Unido y de otras naciones de la Commonwealth han emitido el tradicional Mensaje navideño de Carlos III, grabado por primera vez en la Abadía de Westminster, un gesto con el que el soberano británico vuelve a hacer patente su profunda espiritualidad -más allá de que como rey sea cabeza de la Iglesia anglicana- y la importancia que concede al hecho religioso en las relaciones humanas.

El rey Carlos, durante su mensaje navideño televisado.
El rey Carlos, durante su mensaje navideño televisado.AP

El monarca ha instado a sus conciudadanos a "no perder nunca de vista", en un mundo tan dividido, el "coraje" y el "sacrificio" de los que lucharon en la II Guerra Mundial, de cuyo final se han cumplido este 2025 80 años, y ha resaltado la importancia del espíritu comunitario en esta Navidad. "Estos son los valores que han forjado nuestro país y la Commonwealth", ha afirmado, en referencia a la Mancomunidad Británica de Naciones.

Carlos III también ha hecho referencia al impacto que las nuevas tecnologías pueden tener en el bienestar y la cohesión de las comunidades en un mundo que gira "cada vez más rápido", y ha subrayado que las fiestas navideñas podrían ser un momento para recargar energías, instando a los ciudadanos a una "desintoxicación digital".

En su mensaje navideño, el rey no ha hecho ninguna referencia, ni siquiera velada, a la crisis que ha zarandeado a la Monarquía en el último año, ni alusiones a su hermano Andrés.