Era la sentencia más esperada del año en Hong Kong: el famoso magnate de los medios de comunicación Jimmy Lai, una figura destacada del movimiento pro democracia que lleva más de 1.800 días encerrado bajo aislamiento en una prisión de máxima seguridad, ha sido declarado culpable de delitos contra la seguridad nacional y sedición.
Lai, de 78 años, quien ya cumplía otra condena por fraude, podría enfrentar cadena perpetua por ser, según el veredicto, el "autor intelectual" de conspiraciones diseñadas para desestabilizar al Gobierno chino. La sentencia se conocerá a principios del año que viene. Lai fue arrestado en 2020 en virtud de una ley de seguridad nacional impuesta por las autoridades chinas para sofocar las masivas protestas antigubernamentales que sacudieron la ciudad en 2019.
El juicio ha durado casi dos años y ha estado seguido de cerca por gobiernos extranjeros y observadores internacionales, quienes han denunciado el fin de la independencia judicial y la libertad de prensa en la ex colonia británica, a pesar de que Pekín se comprometió a mantener sus libertades civiles al estilo de las democracias occidentales durante 50 años después de regresar al dominio chino en 1997. Desde entonces, ningún juicio había sido tan seguido como el de Jimmy Lai.
El protagonista era principalmente conocido por ser el fundador del desaparecido periódico Apple Daily, uno de los principales altavoces críticos con Pekín. Los fiscales de Hong Kong alegaban que Lai y otras personas, entre ellas ex empleados del diario, políticos extranjeros y activistas, trabajaron juntos para "cometer colusión con un país extranjero" con el fin de poner en peligro la seguridad nacional de China, incluyendo la imposición de "sanciones, bloqueos u otras actividades hostiles" contra Hong Kong.
Lai, quien obtuvo la ciudadanía británica antes de la devolución de Hong Kong a China, también fue señalado por utilizar el Apple Daily para "publicar materiales sediciosos" entre abril de 2019 y junio de 2021. Esta acusación apuntaba a 161 "artículos sediciosos" publicados en el diario que atentan contra la vigente ley de sedición de la era colonial, incluidas una treintena de columnas de opinión firmadas por el condenado.
Lai se declaró inocente de todos los cargos. Pero los jueces han concluido que utilizó su influencia y riqueza para financiar un grupo pro democracia que habría presionado a países para que impusieran sanciones a China y Hong Kong. Durante el juicio, se enumeró las supuestas conexiones de Lai con activistas y políticos en Estados Unidos, Reino Unido, Taiwan, Japón e Israel, a quienes el magnate habría solicitado "directa o indirectamente" las sanciones.
El propio Lai reconoció en una de las sesiones que se había reunido en 2019 con Mike Pence, entonces vicepresidente de Estados Unidos, y con el ex secretario de Estado Mike Pompeo, pero defendió que en aquellos encuentros únicamente les pidió que expresaran públicamente su apoyo a Hong Kong.
"No tenemos ninguna duda de que el acusado nunca vaciló en su intención de desestabilizar el gobierno del Partido Comunista Chino", dijo el lunes la jueza Esther Toh, quien leyó la sentencia escrita del Tribunal Superior. La próxima audiencia está fijada el próximo 12 de enero y Lai podrá apelar cuando se conozca la sentencia.
Durante todo el juicio, el Reino Unido y el Parlamento Europeo han pedido la liberación de Lai. Incluso el presidente estadounidense Donald Trump prometió públicamente que intentaría "salvarlo". Desde Washington aseguraron que el republicano había planteado la "difícil situación de Lai" al presidente chino Xi Jinping durante la reunión que ambos mantuvieron a finales de octubre en Corea del Sur.
Varias organizaciones de derechos humanos han criticado este lunes la condena. "Lai fue encarcelado simplemente porque él y su periódico Apple Daily criticaron al Gobierno. Las leyes de seguridad nacional de Hong Kong no están diseñadas para proteger a la gente, sino para silenciarla", señala Sarah Brooks, de Amnistía Internacional.
"El maltrato del Gobierno chino a Jimmy Lai tiene como objetivo silenciar a todo aquel que se atreva a criticar al Partido Comunista. Los gobiernos extranjeros deberían responder a la parodia del juicio a Lai presionando para que se anule el caso y se logre su liberación inmediata", manifiesta Elaine Pearson, de Human Rights Watch.
Desde Reporteros sin Fronteras denuncian la "condena ilegal", subrayando que se ha demostrado el alarmante deterioro de la libertad de prensa en la ciudad. "El fundador de Apple Daily ha encarnado el coraje de los periodistas independientes de Hong Kong. Las democracias deben actuar rápido: si no lo hacen, Lai morirá en la cárcel y enviarán una señal clara al régimen chino de que puede difundir su modelo autoritario y violar el derecho internacional sin pagar las consecuencias", aseguran en un comunicado.
La salud de Lai se ha deteriorado durante su encarcelamiento, aunque las autoridades afirman que recibe atención médica adecuada. Su trayectoria personal -llegó de polizón a Hong Kong con 12 años, prosperó como empresario textil y se convirtió en un magnate mediático enfrentado durante décadas al Estado chino- culmina ahora en una condena que simboliza el fin práctico del movimiento prodemocrático en Hong Kong, donde la oposición ha sido encarcelada, silenciada o forzada al exilio.
De polizón a multimillonario
La historia de Lai en Hong Kong comenzó como polizón cuando tenía 12 años. El empresario nació en Guangdong, al sur de China, y con apenas nueve años ya trabajaba cargando bolsas en una estación de tren. En 1960 se escondió en el fondo de un barco que iba a Hong Kong, entonces bajo dominio británico. Comenzó a buscarse la vida trabajando en una fábrica de guantes de lana.
Con 20 años ya había sido nombrado director de la fábrica, pero el negocio estaba en quiebra. Entonces, Lai invirtió todo lo que había ahorrado en Bolsa, con la suerte de que ganó el suficiente dinero para comprar la fábrica y relanzar el negocio como fabricante de suéteres para Estados Unidos.
En la década de 1980 fundó su propia marca de ropa, Giordano. En su primera inmersión en la moda, centrada en vender ropa cara para las élites coloniales de la ciudad, no tuvo mucho éxito. Pero cambió el rumbo y se centró en producir ropa barata para las clases medias y bajas. Unos pocos años después, la empresa ya cotizaba en Bolsa.
Lai ha contado en alguna entrevista que un punto de inflexión en su carrera fue la masacre del 4 de junio de 1989 en la Plaza de Tiananmen. "Fue la represión en Pekín lo que impulsó mi giro hacia los medios. Me dediqué al negocio de la libertad", relataba el empresario.
Primero abrió Next Weekly, una revista especializada en periodismo de investigación. Le siguieron otras publicaciones -culturales, económicas, de viajes- que compartían un editorial siempre muy crítico con Pekín.
Un par de años antes de que Hong Kong volviera al dominio chino, en 1995, Lai puso 100 millones de dólares hongkoneses (alrededor de 12 millones de euros) para abrir el Apple Daily, el periódico que se convertiría rápido en uno de los de mayor tirada de la ciudad y pilar de un imperio mediático que también se expandió con éxito en Taiwan.
El Apple Daily acabó siendo un tabloide en el que se mezclaban artículos con enfoques sensacionalistas sobre acontecimientos locales, páginas rosas con las últimas novedades de las celebrities y reportajes de investigación. Siempre ha habido opiniones enfrentadas sobre este diario. Pero durante los 26 años que estuvo en circulación, el Apple Daily mantuvo en todo momento una línea muy crítica con el Gobierno chino. Esta se acentuó sobre todo en 2019, cuando estallaron las protestas.
Lai, que en el momento de su primer arresto en 2020 poseía una fortuna estimada en 1.200 millones de dólares, fue uno de los grandes benefactores de los movimientos estudiantiles y de los partidos del campo pro democracia que inundaron las calles de Hong Kong pidiendo más libertades. También participó en algunas manifestaciones
Lai fue condenado en 2020 por primera vez a cinco años y nueve meses de prisión por un caso de fraude, aunque él mantuvo que se inventaron un caso de corrupción en su contra. Un año después recibió otra condena a 13 meses de prisión por incitar a los manifestantes a participar en una conmemoración prohibida de la masacre de Tiananmen.

