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Asia

Miles de personas huyen de la frontera mientras continúan los combates entre Tailandia y Camboya

Estos enfrentamientos son los más intensos desde el intercambio de misiles y artillería ocurrido el pasado mes de julio, cuando al menos 48 personas perdieron la vida y unas 300.000 se vieron obligadas a abandonar sus hogares

Ciudadanos tailandeses huyen en la provincia de Oddar Meanchey.
Ciudadanos tailandeses huyen en la provincia de Oddar Meanchey.EFE
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Mientras el presidente estadounidense Donald Trump, principal avalista internacional del acuerdo de paz firmado en octubre entre Tailandia y Camboya, instaba públicamente a ambas partes a cumplir los compromisos adquiridos en el alto el fuego, la realidad sobre el terreno desmentía cualquier atisbo de distensión. Los ejércitos de estos dos vecinos del Sudeste Asiático continuaban los combates a lo largo de la frontera.

En la mañana del martes, las autoridades de Bangkok afirmaron haber detectado la presencia de fuerzas camboyanas dentro de territorio tailandés, concretamente en la provincia sureña de Trat. Según el relato oficial, esta incursión habría obligado al ejército tailandés a lanzar una "operación militar" destinada a expulsar a las tropas extranjeras y restablecer el control de la zona.

"Cohetes, drones suicidas y proyectiles de artillería camboyanos impactaron en tres provincias del noreste de Tailandia el martes por la mañana", añadió un portavoz del ejército tailandés.

Las autoridades del reino budista publicaron imágenes de daños causados por el fuego de artillería camboyana en una zona residencial de otra provincia, Sa Kaeo. Esto, según su versión, evidenciaba un ataque contra civiles.

Desde Phnom Penh, sin embargo, la versión ofrecida fue radicalmente distinta. Las autoridades camboyanas denunciaron que dos civiles murieron durante bombardeos nocturnos del ejército tailandés y acusaron a Bangkok de una escalada deliberada del conflicto.

Las imágenes emitidas por la televisión estatal camboyana mostraban carreteras rurales colapsadas por enormes atascos de coches, motocicletas, vehículos agrícolas y camiones, en medio de evacuaciones masivas desde las zonas fronterizas consideradas de alto riesgo.

Escenas casi idénticas se vivían al otro lado de la línea divisoria, que se extiende a lo largo de 817 kilómetros. En Tailandia, las autoridades informaron de la evacuación de cerca de 438.000 civiles procedentes de cinco provincias fronterizas, mientras que otros residentes optaron por refugiarse en búnkeres improvisados o incluso en grandes tuberías de hormigón utilizadas como protección de emergencia. La gravedad de la situación obligó también al cierre de varios hospitales situados en zonas bajo amenaza directa de los combates.

Ambos gobiernos se acusan mutuamente de haber iniciado las hostilidades durante el fin de semana, en un conflicto que se intensificó notablemente el lunes tras un ataque aéreo del ejército tailandés contra objetivos militares en territorio camboyano. Esa operación dejó al menos cuatro civiles muertos.

"El objetivo del ejército es paralizar la capacidad militar de Camboya durante mucho tiempo y así asegurar la seguridad de nuestros hijos y nietos", dijo el jefe del Estado Mayor del ejército tailandés, el general Chaipruak Doungprapat.

Estos enfrentamientos son los más intensos desde el intercambio de misiles y artillería ocurrido el pasado mes de julio, cuando al menos 48 personas perdieron la vida y unas 300.000 se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Aquella crisis solo logró contenerse tras la mediación directa de Donald Trump, que impulsó un alto el fuego y posteriormente la firma de un acuerdo de paz en octubre. La ceremonia, celebrada en Malasia como país neutral, simbolizó entonces un compromiso de reconciliación bajo el auspicio estadounidense.

Sin embargo, la fragilidad de ese acuerdo quedó rápidamente al descubierto. En noviembre, el primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, anunció la suspensión unilateral de la declaración conjunta de paz, tras acusar a Camboya de haber colocado minas antipersona dentro de territorio tailandés. La explosión de una de ellas causó varios heridos, entre ellos un soldado que perdió una extremidad, lo que provocó indignación en la opinión pública tailandesa y reavivó viejos recelos históricos.