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Francia

El desquite del 'preso' Nicolas Sarkozy: "Recé pidiendo fuerzas para soportar la cruz de la injusticia"

El ex presidente francés publica un libro sobre sus 20 días de estancia en la cárcel de La Santé

El ex presidente francés Nicolas Sarkozy.
El ex presidente francés Nicolas Sarkozy.ANTONIO HEREDIA
Actualizado

"¿Pero cómo he podido llegar hasta aquí?", se preguntaba Nicolas Sarkozy, escribiendo a mano con un bic sobre una mesa de contrachapado en su celda de la prisión de La Santé, creyéndose un trasunto de Edmundo Dantés en El conde de Montecristo y sintiendo entre barrotes "la tierna indiferencia del mundo", como el "extranjero" Meursault de Camus.

Diario de un prisionero, el libro del ex presidente francés que sale a la venta la próxima semana, ha provocado todo tipo de analogías literarias, incluida inevitablemente la de Georges Simenon, el creador del comisario Maigret, que escribió 192 novelas y era capaz de ventilarse un libro en dos o tres semanas.

Veinte días fueron los que pasó Nicolas Sarkozy en la cárcel por "asociación ilícita" en el caso de la conexión libia y el dinero que supuestamente pudo recibir de Gadafi para sus campañas. El recurso presentado por sus abogados surtió un efecto fulminante, aunque entre los franceses cunde la sospecha del trato de favor recibido por el ex presidente, que contó incluso con dos guardaespaldas en una celda contigua durante su breve estancia.

Poco antes de ingresar en prisión, Sarkozy fue a ver a Macron al Elíseo y, según cuenta en su libro, le dejó perplejo la aparente indiferencia con la que le trató el presidente, "como si no se diera cuenta de que iba a ser encarcelado en cuatro días". Macron le propuso, eso sí, un traslado de la mazmorra de La Santé (el último vestigio carcelario del siglo XIX en el centro de París) a la prisión más moderna y benévola de Meaux, algo que él rechazó. "No tengo nada que decirle a Macron", asegura a estas alturas con despecho, sin ocultar su indignación cuando le fue arrebatada la Legión de Honor.

"Me impactó sobre todo la ausencia de color: el gris lo dominaba todo", escribió Sarkozy el mismo día que ingresó el prisión, el 21 de octubre, tras contar los 85 escalones que tuvo ascender (a sus 70 años) para llegar a su celda como el prisionero 320.535. Nada más dejar sus pertenencias sobre el camastro, se arrodilló para orar: "Permanecía así varios minutos. Recé pidiendo fuerzas para soportar la cruz de la injusticia", se puede leer, según los extractos adelantados este sábado por Le Figaro.

El ex presidente recuerda el eco de los insultos que le acompañaron a su llegada, en contraste con los cientos de cartas que le remitieron los franceses como muestra de solidaridad. Por la noche, la "agitación" era la moneda corriente. Y por el día, las peleas como la que se saldó con cinco presos detenidos: "La violencia era la realidad diaria de este lugar, cuando se espera por el contrario se prepare a la gente para su reintegración".

Por razones de seguridad, el ex presidente permaneció casi todo el tiempo aislado en su celda de nueve metros cuadrados: "Habría dado cualquier cosa para poder mirar por una ventana y ver a los coches pasar". Su dieta consistió prácticamente de "producto lácteos, barritas de cereales, aguar mineral, zumo de manzana y algunos dulces".

Todos los días, como había prometido al entrar en prisión, llenaba páginas a mano con sus experiencias y sus reflexiones que luego daba a sus abogados y que fue repasando su esposa Carla Bruni para dar forma al libro de poco más de 200 páginas. El punto final al diario lo puso un lunes, 10 de noviembre, cuando un Tribunal de Apelación de París ordenó su puesta el libertad bajo "supervisión judicial" y con un brazalete electrónico, como el que ya llegó a tener por una condena anterior.

En su libro, Sarkozy critica duramente el sistema judicial ("el proceso está diseñado para hacerte sentir culpable") y defiende su inocencia, reiterando su esperanza en poder darle la vuelta a la sentencia en el proceso de apelación, al igual que Marine Le Pen, por quien siente de pronto una inusitada simpatía.

"Las mejores sorpresas provienen de quienes menos lo esperamos", escribe Sarkozy, que arremete contra los ataques a la dirigente ultraderechista provenientes de su propio partido de derecha moderada, Los Republicanos. "Insultar a los votantes de Agrupación Nacional es insultar potencialmente a nuestros propios votantes", advierte, tras reconocer que ha llegado a tantear a la propia Le Pen: "Su voz tiene peso en el electorado de derechas ¿está dispuesta a unirse algún día a algún tipo de frente republicano".