INTERNACIONAL
Reino Unido

La Casa Real británica de nuevo en el huracán por el "grano de pimienta" que paga el príncipe Eduardo, hermano del rey, como alquiler por una mansión de la Corona de 120 habitaciones

El periódico The Times revela que el benjamín de la difunta Isabel II desembolsa la misma cantidad simbólica que pagaba el defenestrado Andrés por su residencia

El príncipe Eduardo, junto a su hermana la princesa Ana.
El príncipe Eduardo, junto a su hermana la princesa Ana.AP
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Cuando el rey Carlos III despojó a finales de octubre a su hermano Andrés de la dignidad de príncipe y le exigió la salida del palacete conocido como Royal Lodge (en los dominios de Windsor), en el que lleva viviendo desde 2004, no hacía sino mostrar un gesto de firmeza para atajar la mayor crisis reputacional de la Corona británica de las últimas décadas, a cuenta de la creciente bola de nieve que representaban las nuevas revelaciones de la implicación del ya ex duque de York con el fallecido empresario pedófilo Jeffrey Epstein. Pero era evidente que también estaba abriendo la puerta a una era desconocida para la familia real, dado que los listones de ejemplaridad van a ser mucho más rígidos para todos sus miembros, y el escrutinio público sobre asuntos que hasta ahora han permanecido en penumbra ya resulta imparable.

Sólo era cuestión de tiempo que algún otro Windsor se viera señalado en ese riguroso examen sobre la ética y el estilo de vida de los representantes de la dinastía. Y el afectado esta vez es el hermano menor del rey, el príncipe Eduardo (61 años), duque de Edimburgo. No es que el benjamín de la difunta Isabel II esté implicado en ningún asunto escabroso ni que se le haya cogido en algún renuncio. Se trata, lisa y llanamente, de que lo que antes no se difundía ahora pasa a ser de dominio público, en aras de la transparencia en la institución, y a muchos les puede despertar ampollas. Porque el diario The Times revela que Eduardo sólo paga "un grano de pimienta" como alquiler por la mansión de 120 habitaciones en la que reside junto a su familia, Bagshot Park, ubicada en el frondoso Surrey, la misma cantidad simbólica que se supo que desembolsaba -es un decir- el caído en desgracia Andrés.

La chocita de la época victoriana forma parte del Crown Estate, el conglomerado del sinfín de tierras y propiedades en el Reino Unido que pertenecen nominalmente a la Corona y que, además de incluir todos los palacios y residencias reales a disposición del monarca y al servicio de la Jefatura del Estado, engloba muchas explotaciones que generan pingües beneficios a las arcas públicas. Una parte de ellos es lo que el Gobierno destina a la Casa Real como Subvención Soberana, en la actualidad unos 82 millones de libras al año.

The Times informa que Eduardo, que reside en Bagshot Park desde 1998, Inicialmente pagaba una renta anual de 5.000 libras por un contrato de arrendamiento de 50 años. La cifra aumentó posteriormente a 90.000 libras y, además, el príncipe tuvo que costear de su bolsillo 1,36 millones de libras por obras de renovación de la propiedad, mientras que el Patrimonio de la Corona cubrió el resto de la reforma, que ascendía a un total de tres millones. Pero la situación cambió cuando Eduardo firmó en 2007 un contrato de arrendamiento por 150 años -podría pasar, por tanto, a sus herederos- con un adelanto de cinco millones de libras. Y ya, desde entonces, sólo paga una cantidad mínima, lo que se denomina "el grano de pimienta".

Los arrendamientos a largo plazo son una práctica habitual en el Crown Estate y quienes han salido en apoyo de Eduardo subrayan que las primas iniciales pueden compensar el valor del alquiler futuro.

No han faltado voces ya que reclaman que la finca de Bagshot Park sea alquilada mediante un contrato comercial estándar a terceros o vendida con el objetivo de generar sustanciales ingresos para las arcas públicas.

Eduardo de Inglaterra ocupa la decimoquinta posición en la línea sucesoria de la Casa Windsor. Y el diario que revela la información abre ahora un nuevo melón para la familia real que a buen seguro va a generar un intenso debate: si un integrante de la dinastía presumiblemente tan alejado del Trono debe disfrutar o no de un privilegio semejante.

La boda del príncipe Eduardo con Sofía Rhys-Jones se celebró el 19 de junio de 1999 en la Capilla de San Jorge en Windsor en vez de en la abadía de Westminster o la Catedral de San Pablo. Poco después del enlace, el matrimonio se instaló en la amplia propiedad ahora en el punto de mira, que se encuentra en un terreno de 21 hectáreas. El novio, en vez de un titulo de duque, solicitó a su madre el inferior de Conde de Wessex. Pero, ya con Carlos III como rey, sí recibió con agrado y gran orgullo el ducado de Edimburgo, que era el que había ostentado su padre, el príncipe Felipe.

Antes de convertirse en un miembro activo de la Corona ejemplar, Eduardo le dio algunos quebraderos de cabeza a su progenitora, la entonces reina Isabel II, cuando decidió entregarse a su pasión, el teatro. Comenzó como asistente de producción y, después, montó una productora de televisión, Ardent Productions, que acabó cerrando tras algunos escándalos, como la gran polémica de 2001 cuando esta empresa grabó sin permiso al príncipe Guillermo mientras estudiaba en la universidad.

Eduardo y Sofía tienen dos hijos: James, conde de Wessex, y Lady Louise Windsor.