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Preguntas con Respuesta

¿A quién afecta el cierre del Gobierno en Estados Unidos?

El impacto del cese temporal en Washington se siente desde hace casi tres semanas en aeropuertos, museos y hasta en el fisco, donde casi la mitad de la plantilla ha sido despedida

Cartel que indica el cierre de uno de los edificios de Washington.
Cartel que indica el cierre de uno de los edificios de Washington.AFP
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En muchos otros países un cierre total o parcial del Gobierno sería un hecho insólito. En Estados Unidos se ha convertido en una ocurrencia relativamente frecuente, en una herramienta política que usan los dos grandes partidos políticos para imponer sus agendas a costa de paralizar una parte del país y de mandar a sus casas, hasta nueva orden, a cientos de miles de funcionarios. La enésima falta de entendimiento entre republicanos y demócratas se ha saldado con el quinto cierre de Gobierno de las últimas dos décadas, una disputa centrada en los subsidios de sanidad para millones de ciudadanos que podría desembocar en el cierre más largo de la historia del país. De momento, ya van a cumplirse tres semanas del cierre que comenzó el 1 de octubre. Y, por ahora, sin viso alguno de resolución.

¿Qué significa eso de que el Gobierno está cerrado?

El cierre de gobierno (government shutdown, en inglés) ocurre en Estados Unidos cuando el Congreso no aprueba el presupuesto federal o una ley temporal de financiamiento antes de que empiece un nuevo año fiscal, es decir, cada 1 de octubre. En ese caso, el Gobierno no puede gastar dinero en la mayoría de sus actividades porque la Constitución exige que todo gasto público esté autorizado por ley.

Por eso, el cierre ha dejado parques nacionales con poco personal, aeropuertos con retrasos ante la escasez de controladores aéreos y a miles de funcionarios en situación de despido temporal, sin saber cuándo volverán a cobrar sus nóminas ni si les pagarán el tiempo trabajado -en el caso de los que permanecen activos como servicios esenciales- cuando termine el encierro.

Donald Trump ha aprovechado este impasse para acelerar la reducción del tamaño del Gobierno con otra oleada de despidos: unos 4.100, con el Departamento del Tesoro y el Departamento de Salud y Servicios Humanos como principales afectados, una medida de presión política que asegura que está orientada hacia los demócratas, a los que culpa directamente del cierre. Aunque, a este respecto, una jueza federal en San Francisco ordenó el miércoles a la Administración Trump que detuviera inmediatamente sus esfuerzos para despedir a trabajadores federales durante el cierre del Gobierno.

Los progresistas se niegan a firmar una extensión del Presupuesto para negociar a posteriori si no se extienden los subsidios de salud del Obamacare, que caducan a final de año, ni se modifican algunas de las condiciones de la ley fiscal de Trump que acabaría con la cobertura sanitaria de millones de estadounidenses.

¿A quién está afectando el cierre?

Mientras demócratas y republicanos se deciden a enterrar el hacha de guerra, lugares emblemáticos para los turistas como la Estatua de la Libertad o el National Mall en Washington permanecen cerrados. Parques nacionales como Yosemite o Yellowstone estarán abiertos, pero con servicios mínimos durante el tiempo que dure el cierre gubernamental, y en aeropuertos como el de Burbank, en California, o el de Nashville, Tennessee, el retraso de los vuelos se ha vuelto una constante ante la falta de controladores aéreos. Muchos han optado por llamar enfermos al trabajo al saber que no les pagarán hasta que haya un acuerdo en Washington.

En la Hacienda estadounidense la desbandada ha sido monumental. El Servicio de Impuestos Interno (IRS, por sus siglas en inglés), anunció la semana pasada que despedía de forma temporal a 34.400 de sus 74.300 empleados, dejando en cuadro al departamento y coincidiendo con una de las fechas límite más importantes del año: 15 de octubre, cuando vencía el plazo para presentar impuestos a los solicitantes de una extensión.

Como alertó a CNN María Ramos, presidenta del Sindicato Nacional de Empleados del Tesoro en Austin, Texas, "las declaraciones de impuestos llegarán, pero no habrá nadie para procesarlas". En total, 600.000 personas se han visto suspendidas de sueldo y empleo y otros muchos siguen en sus puestos sin cobrar.

El pago retroactivo, en el aire

Como parte de la presión a los demócratas, Trump ha amenazado con dejar sin su paga a algunos de los funcionarios que siguen empleados sin recibir su nómina quincenal.

"La mayoría recibirá sus salarios atrasados, y vamos a intentar asegurarnos de que así sea", declaró el miércoles. "Pero algunos están siendo gravemente perjudicados por los demócratas y, por lo tanto, no calificarán" para poder cobrar. Por ley, los trabajadores federales deben ser pagados una vez que se reabra el Gobierno, aunque Trump está sembrando dudas con su habitual retórica amenazante.

Yolanda Jacobs, especialista en salud de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), conoce bien lo que son los cierres gubernamentales, aunque sostiene que este es diferente. "Nunca antes habíamos tenido un cierre en el que los empleados federales fueran utilizados como moneda de cambio", afirma a The New York Times. Mientras espera a que el embrollo político se resuelva, ha optado por recortar gastos frente al panorama de incertidumbre. Ni salidas al cine ni a cenar, como solía hacer antes una vez a la semana con sus tres hijas. Esto tiene pinta de ir para largo.