"Un chat grupal gratuito para hablar, jugar y pasar el rato". Con esta presentación, la plataforma estadounidense Discord enganchó en su lanzamiento en 2015 a grandes comunidades de jóvenes gamers, quienes encontraron un espacio seguro y descentralizado en el que podían intercambiar nítidos audios y todo tipo de material multimedia mientras jugaban la partida. En los pasillos virtuales, los clanes de videojuegos habían descubierto una suerte de ágora digital, donde además trascendía un vínculo social, sin los tropiezos técnicos de arcaicas aplicaciones como Skype. Lo que nadie esperaba era que Discord se convirtiera en un territorio fértil para algo más que la camaradería lúdica.
De repente, la app que se concibió como un refugio para los jugadores en línea, se transformó en un espacio maleable, capaz de albergar la logística de multitudinarias protestas sociales o el consuelo de una comunidad reprimida. De las protestas de Nepal a las de Marruecos. Lo que nació como una taberna digital para jugadores se transformó en el armazón invisible de varias revueltas.
El tránsito fue paulatino. Primero lo fueron ocupando grupos marginales de supremacistas blancos de Estados Unidos. Luego, gracias a su relativo anonimato y su organización por canales, saltó hasta Hong Kong en 2019, donde los grupos prodemocracia que desafiaban al aparato de censura de China lo usaban como una herramienta para cartografiar sus manifestaciones. Fue clave también un año después en la coordinación de las ruidosas marchas de los activistas del Black Lives Matter (EEUU) y en la expansión en 2021 por varios países de América Latina de movimientos de protesta liderados por los estudiantes.
En plataformas como Discord los jóvenes vomitan su frustración por la falta de oportunidades, la corrupción y el nepotismo, lo que empujó a Youssef, sobrino de un conocido activista que lleva tres años en prisión por manifestarse contra al rey Mohamed VI, a sumarse a las protestas de esta semana en Rabat. "Hubo una gran indignación sobre todo cuando empezaron a circular vídeos de supervivientes del terremoto de octubre de 2023 (que sacudió la zona montañosa del Alto Atlas, al suroeste de Marrakech) que aseguraban que todas las promesas de reconstrucción de sus hogares y de ayudas sociales habían sido una farsa. Todo ello mientras el Gobierno corrupto presume de grandes inversiones en infraestructuras que no mejoran la vida de la gente, como los estadios para el Mundial de 2030 o puentes llenos de luces", cuenta Youssef.
En la ciudad de Agadir, antes de que estallaran las protestas por varios rincones del país, una treintañera llamada Amira se enteró por su hermana pequeña, quien acaba de entrar en la universidad, que las redes sociales estaban "ardiendo". Ambas han salido a manifestarse esta semana reclamando sobre todo mejoras urgentes en los servicios públicos y más oportunidades laborales. "Yo logré labrarme una buena carrera profesional porque de adolescente emigré a Francia y luego volví de adulta a mi país con un buen curriculum. Pero cada día, entre los de mi generación o los más pequeños, las expectativas son nulas y las conversaciones sobre la corrupción o la falta de empleo se repiten en bucle en las calles", explica Amira
Discord y otras redes sociales han servido como canalizador de una rabia que hasta ahora había estado contenida en un país que va a dos velocidades, la que vende el régimen (más infraestructuras modernas, turismo y mayor proyección internacional) y la que se toca a pie de calle, donde la prosperidad sigue siendo un privilegio de unos pocos.
Estos días, en Marruecos, el mismo canal que sirve para plantear estrategias en un videojuego multijugador, se utiliza para compartir ubicaciones de barricadas y rutas de escape durante las cargas policiales. En un país donde el 41% de la población tiene menos de 25 años, el lenguaje rápido y fragmentado propio de los gamers está sirviendo al grupo que encabeza las movilizaciones, presentado como Gen Z 212, para coordinar las mayores protestas y disturbios en años en el reino alauí, que el miércoles dejaron dos fallecidos tras un fallido intento de asalto al puesto de la gendarmería en un poblado al sur del país.
Ya consolidado como una plataforma híbrida entre el universo gamer y el activismo, Discord acaparó muchos focos mediáticos gracias al levantamiento de la generación Z en Nepal. La plataforma se convirtió inesperadamente en septiembre en un centro de debate político que terminó encendiendo las calles y provocando el colapso del Gobierno de Sharma Oli, quien huyó del país, dejando un vacío de poder que también se resolvió en la aplicación: los representantes de la generación Z llevaron hasta Discord las negociaciones que estaban teniendo con los mandos militares para la formación de un gobierno interino.
Las sesiones en directo en la comunidad nepalí de Discord para discutir un nuevo liderazgo de consenso atraían a cientos de miles de usuarios. Una encuesta virtual en la app a través de un canal de un grupo llamado Jóvenes contra la Corrupción fue el trampolín para que Sushila Karki, ex presidenta del Tribunal Supremo, terminara siendo elegida primera ministra interina de Nepal.
Tras las protestas en el país del sur de Asia, Discord sirvió como catapulta para la oleada de manifestaciones a finales de septiembre que hubo en muchas ciudades de Filipinas por un enorme caso de corrupción multimillonario relacionado con la mala gestión de fondos públicos en proyectos de control de inundaciones. Incluso la plataforma tuvo su eco en el caso del asesinato del activista estadounidense Charlie Kirk. Su presunto asesino, Tyler Robinson, envió mensajes a sus amigos en un chat en Discord horas antes de ser arrestado: "It was me at UVU yesterday. I'm sorry for all of this" ("Fui yo en la Universidad del Valle de Utah ayer. Lo siento por todo esto").
La empresa homónima propietaria de la plataforma facilitó este mensaje a las autoridades. A diferencia de otras plataformas de redes sociales como Facebook o X, la comunicación en un servidor de Discord no es pública por defecto y únicamente es accesible mediante invitación del organizador, dificultando que las autoridades rastreen fácilmente las conversaciones. Dentro de cada servidor, la comunicación se organiza en diferentes canales con propósitos específicos.

