Unos 19 drones rusos de 10.000 euros, audibles, lentos, vulnerables y perfectamente derribables desde tierra con cañones antiaéreos, cruzaron la frontera entre Ucrania y Polonia e ingresaron en el espacio aéreo del país que más porcentaje de su PIB gasta en Defensa (un 4,1%) de toda la Unión Europea. La respuesta común de la OTAN ante esa incursión, incluso estando en alerta por las maniobras rusas Zapad 2025 en Bielorrusia, fue decepcionante por inefectiva y carísimamente desproporcionada. En Ucrania las tasas de derribo de drones de larga distancia rondan el 70%, pero Polonia y sus socios de la OTAN no llegaron ni al 25%.
Camino de cumplir los cuatro años de invasión del país vecino, atacado por enjambres de cientos de drones cada noche, la única manera de tumbar esos aparatos para la Alianza, quizá todos simples señuelos de contrachapado y espuma tipo Gerbera, fue hacer despegar a los F-35, posiblemente el caza de quinta generación más avanzado, para tumbar sólo "tres o cuatro". Según palabras del propio primer ministro Donald Tusk, de los 19 drones, se derribaron cuatro con misiles AIM-120 Amraam, que valen un millón de euros por unidad. Es decir, usaron un proyectil 100 veces más caro que el propio dron.
Este sábado, en el segundo incidente de este tipo, un dron ruso sobrevoló Rumanía durante 50 minutos sin que ninguno de los F-16 que lo buscaban fueran capaces de derribarlo. Trump dijo el viernes que él no iba "a defender a nadie" y el ultimátum, en vez de ponérselo a Rusia, se lo colocó a sus socios de la OTAN para que dejen de comprar petróleo ruso, una condición envenenada que sabe imposible por la política prorrusa de la Hungría de Orban. Es decir, que las incursiones le han salido gratis a Putin, lo que garantiza nuevos movimientos en breve y cada vez más numerosos.
¿Es que nadie ha aprendido nada? ¿Cómo es posible que una alianza militar del tamaño y el presupuesto conjunto de la OTAN no haya preparado una frontera para contener una incursión de drones que suelen pasearse, noche sí y noche también, a unas decenas de kilómetros de ella?
Hay otra pregunta aún más inquietante: ¿Qué pasaría si Rusia lanza un ataque con 800 drones Shahed similar a los que lanza en Ucrania pero sobre ciudades polacas, bálticas o escandinavas? ¿Y qué sucedería si repite ese mismo ataque de 800 aparatos noche tras noche, igual que hace sobre Kiev, Odesa o Járkiv? La OTAN está indefensa por su falta de visión. "No estamos preparados para esto", dijo esta semana un alto funcionario alemán a Reuters. El analista Nico Lange, que lleva siguiendo desde el principio toda la invasión de Ucrania, asegura: "Debido a nuestra falta de respuesta consistente y firme, Rusia violará regularmente el espacio aéreo de los países de la OTAN con drones. Debido a nuestra falta de claridad, Putin está creando una zona gris".
Pero Ucrania no usa sus aviones para derribar drones. Ni siquiera las baterías de misiles Patriot, Nasams o Iris-T, que se utilizan más bien para derribar todo tipo de misiles rusos, tanto los de crucero como los balísticos. Y es por la misma razón: los proyectiles de estas baterías antiaéreas son caros y escasos y no pueden malgastarse en drones. Sin embargo, Ucrania posee una defensa móvil y en capas que incluye cañones antiaéreos Gepard (ya estaban retirados del servicio en Alemania), ametralladoras de varios calibres montadas sobre vehículos pick up, misiles Stinger lanzados desde el hombro (de la Guerra Fría) y aparatos de guerra electrónica destinados a confundir los GPS de estos drones en vuelo para desviarlos de sus objetivos. Con todos esos elementos, la tasa de derribos de Ucrania va del 70% al 90%, dependiendo de la magnitud del ataque o de la ruta.
Ante el fracaso de la OTAN en el primer encontronazo real sobre cielo polaco, el propio Donald Tusk ha enviado a unos cuantos instructores polacos a recibir formación de los cazadores de drones ucranianos, los mayores expertos, a su pesar. Un soldado español de los que participó en el adiestramiento de oficiales ucranianos en España, comentó a este reportero: "La realidad es que son ellos los que deberían enseñarnos a nosotros".
Esta misma semana, el ejército británico presumía en redes sociales de la calidad de sus tropas de asalto con unas imágenes en las que un carro de combate Challenger 2 avanzaba por un campo de maniobras con un grupo de soldados detrás, protegiéndose del fuego y disparando a su vez. En la guerra de Ucrania, esos Royal Marines no hubieran durado ni cinco minutos, lo mismo que el tanque, que ardería al ser alcanzado por varios drones FPV de unos 1.500 euros cada uno. Tras cuatro años de guerra, no hay en Europa ni un solo vehículo brindado con defensas antidrones y con inhibidor activo, lo que en Ucrania llaman "barbacoas", que son como una segunda piel sobre el carro de combate que hace que el explosivo impacte fuera del blindaje y no logre penetrar en el interior. ¿Cómo es posible que la OTAN no haya actualizado todos los vehículos a la guerra actual? ¿Cómo se hace avanzar a los soldados en grupos cerrados teniendo en cuenta que un sólo dron puede acabar con cuatro o cinco en el mismo ataque?
En un reciente informe del think tank Rusi, titulado Capacidades de la OTAN en un posible conflicto con Rusia en 2025, se dice: "La Alianza necesita acelerar mucho más la adquisición y despliegue de sistemas contra drones, porque la proliferación de aparatos baratos por parte de Rusia ya ha alterado el equilibrio, con ataques persistentes y fenómenos de saturación".
El analista Stefan Fürst publica un artículo titulado Reviving Tanks' Manoeuvrability on Modern Battlefields, donde revisa el papel de los blindados de la Alianza en la guerra actual: "Los drones desafían la capacidad de los tanques para maniobrar en el campo de batalla y representan una seria amenaza para ellos, ya que los sistemas de protección no se han mejorado de manera adecuada".
Pese a haber observado cómo se transformaba la guerra de los primeros compases de la invasión mecanizada hacia este conflicto cada vez más robotizado, ninguno de los socios de la OTAN posee una producción de drones interceptores digna de tal nombre. De hecho, esta semana, varios estados han acudido a empresas ucranianas, con enormes listas de espera para abastecer a su propio ejército, con idea no sólo de adquirir un número de drones determinado, sino de participar en la producción a largo plazo. Ahora vienen las prisas y lo mismo sucede con los refugios antibombardeo, las aplicaciones de alertas y las sirenas audibles en los pueblos. La guerra estaba al lado y nadie pensó que llegaría.





