La línea entre la vida y la muerte es cuestión de un mililitro de menos o más de la droga fantasía. Bajo sus efectos, la experiencia sexual más intensa de la existencia de una persona también puede ser la última. Los consumidores se aferran a la primera idea y las autoridades, a la segunda, mientras inciden en que "no hay dosis que sea segura". El apetito por un viaje del también denominado bute es insaciable, al menos a juzgar por los miles de litros que circulan en el mercado negro de Sídney. Se trata del 1,4-butanodiol, una sustancia que ha hecho saltar todas las alarmas en Australia y que, durante el último año, mantiene en jaque a la Policía Federal (AFP) y a la Fuerza Fronteriza (ABF).
No hay números exactos sobre intoxicaciones, sobredosis o fallecimientos porque es difícil de detectar una vez ingerida. Sin embargo, son tales las cantidades incautadas que, el 1 de marzo de 2024, fue incluida en la lista de sustancias ilegales. Esto significa que su tráfico conlleva una pena máxima de cadena perpetua. A pesar de ello, sigue siendo la droga importada más requisada, algo que ni siquiera la actualización legislativa ha podido frenar. La AFP ha incautado más de 18,3 toneladas de este compuesto desde marzo de 2024 y, en lo que va de año, se han intentado introducir en el país 3,8 toneladas. La importación de esta droga supera la metanfetamina, heroína, cocaína o MDMA. Las enormes cantidades decomisadas indican una demanda de usuarios que la usan de dos maneras: para colocarse o para colocar a sus víctimas.
"El 1,4-BD es peligrosa en muchos niveles. A diferencia de otras drogas ilegales, puede utilizarse como instrumento delictivo en lugar de tomarse generalmente sólo para uso personal", sostiene Paula Hudson, comisaria adjunta en funciones de la AFP. Indica que la Policía y los servicios sanitarios "trabajan juntos para combatir la importación, la distribución y el consumo de esta nociva sustancia ilícita".
La droga fantasía entra dentro de lo que se conoce en Australia como date rape drug o droga de cita y violación. Sus efectos como depresor del sistema nervioso central pueden provocar euforia, relajación, somnolencia, confusión, pérdida de conciencia, amnesia, desmayos, convulsiones o la muerte. Unas gotitas de este líquido en la comida o en la bebida hacen que las víctimas sientan su impacto en un tiempo que va de los 45 minutos a las dos horas de la ingesta.
"Aunque el 1,4-butanodiol tiene un uso industrial legítimo, factores como los importantes volúmenes y los métodos de ocultación utilizados en su importación ilegal sugieren que se destina a un uso más nocivo", declara Hudson. "Hemos visto cómo la delincuencia organizada utiliza la importa oculta en frascos etiquetados como cosméticos, incluidos champús y jabones corporales. Las redes delictivas están creando una demanda y un apetito por esta droga, y cuanto mayor es el apetito, mayores son los beneficios", prosigue.
En febrero se incautaron en Sídney más de 6,5 toneladas con un valor en el mercado de aproximadamente 132 millones de dólares australianos (unos 75 millones de euros) en paquetes provenientes de China con la sustancia oculta en botellas de aceite de oliva y agua de rosas. El 90% de la droga fantasía localizada durante el último año estaba precisamente en la ciudad más poblada de Australia. La gran mayoría de estos cargamentos provienen del gigante asiático y se envían por correo ordinario. Los almacenes del Australian Post Office (como Correos en España) se han convertido en el mejor aliado de las autoridades para destapar estos envíos.
El 1,4-BD se utiliza en diversas industrias como disolvente y para la fabricación de distintos plásticos -algunos biodegradables-, fibras elásticas y poliuretanos. También se usa en productos de limpieza industrial. Para su uso legal en Australia, es necesario tener un permiso especial. Aquellos que lo consumen de manera ilícita experimentan en su cuerpo una transformación del líquido ingerido en ácido gamma-hidroxibutírico (GHB, por sus siglas en inglés) -que también es una droga controlada en las fronteras- mediante la acción de enzimas que oxidan el 1,4-BD. Esto hace que se sientan unos efectos muy similares al GHB.
"Lo tienes que consumir con el estómago vacío y si no, no funciona", explica un joven mientras camina por la calle y se graba a sí mismo con el teléfono. Está realizando lo que cataloga como un "informe sobre su experiencia", que luego ha colgado en YouTube para que otras personas entiendan más sobre los efectos de esta droga. Relata su vivencia con tono pausado. "Te hace sentir relajado y algo mareado", dice, y añade que a él le hizo "hablar por los codos" durante una fiesta. Explica que, al tomar una dosis alta, el cuerpo se siente "cansado", "pesado" y "sedado". Clama que su mente está más "clara" que cuando bebe alcohol y que hace "menos estupideces". Parece tenerlo claro: "Los efectos duran más y es más barato. Creo que es una droga que sustituye muy bien al alcohol". Insiste en que mezclar 1,4-BD con otros depresores "puede matarte".
Hacia personas como él va dirigido el mensaje que lanzan desde la AFP. "No existe una dosis segura de esta droga. La gente debe ser consciente de los peligros de su consumo y de los graves riesgos para la salud, como la pérdida de conciencia, la parada respiratoria e incluso la muerte. Perseguiremos a los grupos delictivos que pretenden lucrarse con el dolor y la pena ajenos", sentencia la comisaria Hudson.
