INTERNACIONAL
Reino Unido

Londres encarcela al cabecilla de una red de espionaje y a sus cinco 'Minions' tras espiar para Rusia

Los seis ciudadanos búlgaros, detenidos en febrero de 2023, han sido condenados a penas de hasta casi 11 años de prisión por su participación en operaciones que "pusieron en peligro vidas humanas y la seguridad nacional"

Orlin Roussev, cabecilla de la red de espionaje ruso.
Orlin Roussev, cabecilla de la red de espionaje ruso.POLICÍA METROPOLITANA DE LONDRES
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Es un caso que la Policía Metropolitana de Londres describió como algo que uno "esperaría leer en una novela de espías". Lo tenía todo: un triángulo amoroso, identidades falsas, ataques contra políticos extranjeros, complots para secuestrar y matar a objetivos e incluso peluches de Minions con cámaras ocultas. Pero hoy ha llegado a su fin: el cabecilla de una red de "espionaje de alto nivel", que operaba en Reino Unido bajo la dirección del ex directivo de Wirecard, ha sido condenado este lunes a diez años y ocho meses de prisión por espiar para Rusia.

Orlin Roussev, ciudadano búlgaro de 47 años, lideraba esta red de espionaje ruso desde una antigua casa de huéspedes en Great Yarmouth, en el condado de Norfolk, junto a sus cinco "Minions" -como ellos mismos se apodaban, en referencia a los personaje amarillos de la película Gru, mi villano favorito, en una especie de broma interna-, todos al servicio de la agencia de Inteligencia rusa GRU. Según la Fiscalía, el grupo "puso vidas en peligro vidas humanas y la seguridad nacional" al ejecutar operaciones en Reino Unido, Alemania, Austria, España y Montenegro entre 2020 y 2023, que incluían planes para secuestrar y asesinar. También se les descubrió intentando atrapar a objetivos en las llamadas "trampas de miel".

El segundo de Roussev, Biser Dzhambazov, de 44 años, e Ivan Stoyanov, de 33, ya habían admitido previamente su implicación en la célula que Scotland Yard desarticuló en febrero de 2023, mientras que Katrin Ivanova (33), Vanya Gaberova (30) y el ex nadador profesional Tihomir Ivanov Ivanchev (39) fueron declarados culpables por unanimidad en marzo de conspirar para espiar para un Estado enemigo.

Según los fiscales, Roussev trabajaba para el presunto agente ruso Jan Marsalek, fugitivo austríaco buscado por Interpol por fraude y malversación tras la quiebra de la empresa alemana de procesamiento de pagos Wirecard en 2020. Antes del juicio, negó haber estado implicado en ninguna "actividad a lo James Bond" durante los interrogatorios policiales. Sin embargo, tras descubrir miles de mensajes entre él y Marsalek, se declaró culpable de cargos de espionaje y posesión de documentación falsa y fue condenado a diez años y ocho meses por el juez Nicholas Hilliard. Roussev fue el primero del grupo en recibir sentencia en el Tribunal Penal de Londres este lunes. Su lugarteniente, Dzhambazov, recibió diez años y dos meses de cárcel tras declararse culpable de los mismos cargos.

Ivanova, por su parte, fue condenada a nueve años y ocho meses, e Ivanchev a ocho años. Las sentencias más leves fueron impuestas a Gaberova -seis años, ocho meses y tres semanas- y a Stoyanov, cinco años y tres semanas de cárcel. De acuerdo con el juez, los acusados cumplirán la mitad de su condena en prisión, antes de poder ser deportados a Bulgaria.

El comandante Dominic Murphy, jefe de la unidad antiterrorista de la Policía Metropolitana de Londres, calificó sus actividades como "espionaje a escala industrial al servicio de Rusia". La célula tenía como objetivos a periodistas, diplomáticos y militares ucranianos, e incluso llegó a debatir la posibilidad de secuestrar o asesinar a opositores del Kremlin. Los fiscales se centraron en seis operaciones clave llevadas a cabo por el grupo. Aunque no todos participaron en todas, cada miembro sí desempeñó un papel en al menos dos de ellas.

En una de sus operaciones, intentaron atraer con un "anzuelo romántico" a un periodista búlgaro que había revelado la implicación de Moscú en el envenenamiento con Novichok de Sergei Skripal en Salisbury, en 2018. Los espías siguieron al periodista de Bellingcat, Christo Grozev, desde Viena hasta una conferencia en Valencia, y los cabecillas de la red discutieron si debían robarle y matarlo, o secuestrarlo y llevarlo a Rusia.

"Enterarme a posteriori de que agentes extranjeros llevaban tiempo vigilando mis movimientos, comunicaciones y hogar, y espiaban a mis seres queridos, ha sido una experiencia aterradora, desorientadora y profundamente desestabilizadora", afirmó Grozev en una declaración leída durante las cuatro jornadas de la vista de sentencia. "Las consecuencias no se han desvanecido con el tiempo: han cambiado radicalmente mi forma de vivir el día a día y de relacionarme con el mundo".

Roussev almacenaba en la antigua casa de huéspedes un arsenal de equipos de espionaje que la Policía describió como una "cueva de Aladino". Allí se hallaron 221 teléfonos móviles, 495 tarjetas SIM, 75 pasaportes y documentos de identidad (55 con nombres falsos), 11 drones, cámaras ocultas en gafas de sol, bolígrafos, corbatas y muñecos de peluche, además de tecnología para bloquear señales de wifi y GPS, dispositivos de escucha y rastreadores de vehículos.

Dzhambazov, que trabajaba como repartidor médico y se hacía pasar por agente de Interpol, también protagonizó un triángulo amoroso con su pareja oficial, la asistente de laboratorio Ivanova, y la esteticista Gaberova. Esta última había dejado a su anterior pareja, el pintor-decorador Ivanchev, para estar con Dzhambazov, quien la llevaba a restaurantes con estrellas Michelin y se alojaba con ella en hoteles de cinco estrellas. Cuando la Policía arrestó a los sospechosos en febrero de 2023, encontraron a Dzhambazov desnudo en la cama con Gaberova, en lugar de estar en casa con Ivanova. Ambas mujeres alegaron durante el juicio haber sido engañadas y manipuladas por Dzhambazov, algo que el juez rechazó rotundamente. "Sabías que lo que hacías era en beneficio de Rusia", le dijo a Gaberova. La motivación de estos actos, aseguró el juez, era "el dinero".

En su sentencia, Hilliard afirmó que utilizar el Reino Unido como base para planificar operaciones de espionaje es un "delito muy grave" que "socava la posición de este país ante sus aliados". "Tomar como objetivo a periodistas... socava la libertad de prensa, uno de nuestros principales valores democráticos", concluyó.