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Las gentes de Chiclayo, que se sienten bendecidas desde el jueves, se echaron anoche a la calle para celebrar con una misa multitudinaria de acción de gracias que el Sumo Pontífice es uno de los suyos. "¡El Papa es chiclayano!" fue el grito repetido por los cuatro costados de la Plaza de Armas, frente a la Catedral, convertido en el eslogan favorito de los hijos de la Ciudad de la Amistad, empeñados en demostrar a los llegados de fuera que su fama está ganada con creces.
"El obispo del norte del Perú, siempre cercano y sensible a la realidad actual. Cómo no dar gracias a Dios. Él estuvo entre nosotros, vivió aquí, aprendió aquí, se dejó evangelizar por el pueblo sencillo y fiel de nuestra tierra. Bebió de la religiosidad popular", resumió Edinson Farfán, el sucesor de Robert Prevost al frente del Obispado de Chiclayo.
Buena parte de los miles de presentes guardan como un tesoro su relación con el Padrecito Roberto o con monseñor, que para eso Prevost es incluso obispo emérito de su diócesis. No importa que sea por asistir a una de sus misas o por una simple comunión, el intercambio de unas palabras o el beneficio directo por sus ayudas constantes a los más necesitados, incluidos los emigrantes venezolanos. En sus memorias o en sus teléfonos móviles permanecen las imágenes del "humilde", "generoso" y "sereno" misionero.
"No importa que fuera obispo, siempre estaba con el pueblo, también con nosotros, los catequistas", aseguró vehemente a EL MUNDO Jorge Tullume, de la parroquia de Monsefú, uno de los 20 distritos de Chiclayo.
Eso sí, serenidad no exenta de firmeza, como demuestra la anécdota vivida por el propio Tullume en su parroquia. En ejercicio de sus funciones, monseñor Prevost decidió cambiar al párroco de Monsefú, lo que una pequeña parte de los feligreses acogió con protestas. Las mañas de aquel sacerdote eran del gusto de algunos, ya se sabe, también en cuestiones eclesiásticas manda aquello de pueblo pequeño, infierno grande.
Prevost no se arredró. "Después de celebrar la misa, monseñor nos dijo que no nos quedáramos callados, que defendiéramos al nuevo párroco frente a los que se oponían al cambio. El nuevo párroco estaba mucho más centrado en los asuntos de la comunidad", desveló Tullume. Hoy nadie se acuerda del viejo párroco.
Más que una misa, Chiclayo vivió una fiesta de homenaje en la casi todo el mundo quería inmortalizar el momento. Carteles gigantes y pantallas con la imagen del papa surcaban un escenario donde se escuchaban bandas musicales y canciones desde distintos ángulos. Algunos marchaban de forma ordenada, otros se arremolinaban más allá de la zona tomada para el evento religioso.
Ernesto Jesús Sánchez, estudiante de 15 años del colegio Santa Lucía, desfiló junto a sus compañeros con un cartel entre las manos: "Un nuevo pastor para la Iglesia, un nuevo guía para los fieles". Está claro que el chico también fue guiado en la leyenda elegida, pero aseguró al reportero que aquel obispo ahora papa también se dejaba caer por su colegio, donde siempre les transmitió cercanía, pese a la austeridad. "Tenemos compañeros a los que ha confirmado", dijo con envidia.
Sus compañeras, bastante más inspiradas con las palabras, confeccionaron sus propios carteles, que exhibían ayer con solvencia. "¡Viva el Papa León XIV, que su reinado sea próspero y lleno de bendiciones!", gritaba el cartel de una de ellas, que no perdía la sonrisa pese al error.
"En tiempos de ruido y sombras que tu voz sea el susurro firme que encienda la esperanza", describía con mucho precisión, retrato a mano de León XIV incluido, otra de las cartulinas escolares.
O se trata de una conspiración gigantesca urdida en pocas horas para presentar al nuevo papa como un dechado de humildad y generosidad o Prevost, como bien parece, dejó su impronta por todos los rincones de Chiclayo. "Extendía sus manos a todos, siempre tenía una sonrisa. Y siempre ayudaba", explicaba un hombre ante un corrillo de gente, tan serio que parecía que estaba dando una misa paralela.
El misionero que se hizo peruano
Fotografías, vídeos y testimonios escritos han dejado para la posteridad un rosario de acciones del misionero que se hizo peruano porque así se lo dijo su corazón. En la pandemia, sus cocinas populares y su batalla para conseguir oxígeno salvaron muchas vidas. Durante las inundaciones de 2022 por los efectos del fenómeno climatológico del Niño también organizó las campañas de Demos una mano, creando sus propias redes y desconfiando de las élites políticas, poseídas por el demonio de la corrupción. Con barro hasta las cejas o a caballo para superar los obstáculos.
"¡Damos la vuelta al mundo!", estalló el pasado jueves el grupo de WhatsApp de los Niños Acólitos, los monaguillos de Chiclayo. Sandro es uno de ellos y en su parroquia del barrio popular de La Victoria ayudó a Prevost a oficiar varias misas. "Bien bueno monseñor, muy paciente con nosotros", sonríe pícaro dos días después.
Sandro acompaña a su madre, Juliana Yacila, que vende turrones de Doña Pepa en un puesto muy cerca de la Catedral. Sólo han transcurrido algo más de 48 horas y el ingenio peruano ha rebautizado la publicidad de este popular postre. Ahora se llama turrón del Papa y viene acompañado de la fotografía de León XIV en su primer saludo al mundo, cuando convirtió a Chiclayo en la ciudad de moda. Tanto que ya se están diseñando recorridos turísticos para dar a conocer los lugares clave donde ejerció el misionero llegado desde Chicago, convertido hoy en "un nuevo sucesor de Pedro, nuestro amado obispo", como dejó muy claro su sucesor durante la misa más alegre en el norte del Perú.

