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El atentado en Cachemira deja a India y Pakistán al borde de un conflicto militar: intercambio de disparos en la frontera

Ambos países intercambiaron represalias diplomáticas tras el ataque que dejó 28 muertos en Cachemira

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India y Pakistán, dos viejos archienemigos con armas nucleares, avanzan hacia un peligroso escenario bélico que se ha ido encendiendo desde la masacre islamista del martes en la disputada región de Cachemira, asolada por la violencia durante más de siete décadas, donde un grupo de 25 turistas indios y un nepalí fueron asesinados mientras visitaban un popular valle montañoso a las afueras de la ciudad de Pahalgam.

La región de mayoría musulmana, a las faldas del Himalaya, ha sido objeto de disputa desde la partición de la India colonial en 1947, cuando varios estados semiautónomos en todo el subcontinente fueron incorporándose a India o Pakistán. Ambos países reclaman en su totalidad Cachemira, pero cada uno controla una parte del territorio, dividido por una de las fronteras más militarizadas del mundo: la Línea de Control (LOC), levantada bajo una débil tregua que ha sido rota en varias ocasiones. La última, este mismo viernes.

Las fuerzas indias y pakistaníes han protagonizado un breve intercambio de disparos en la LOC. La primera información salió desde Nueva Delhi, citando fuentes oficiales que echaban la culpa a las tropas pakistaníes de haber sido las primeras en abrir fuego. "No hubo disparos contra la población civil", aseguraron desde Islamabad.

Tras el atentado en el centro turístico de Pahalgam, dentro de la Cachemira controlada por India, comenzó un rifirrafe diplomático cuando Delhi acusó al país vecino de "terrorismo transfronterizo". Pakistán respondió expulsando de su territorio a varios diplomáticos y cancelando las visas emitidas a ciudadanos indios.

El siguiente movimiento por parte de las autoridades pakistaníes fue cerrar su espacio aéreo a los aviones indios y la cancelación del comercio bilateral, mientras que el Gobierno indio anunció que suspendía un viejo tratado que permite un suministro de agua a través del río Indo, clave para el vasto sector agrario del que tanto depende Pakistán, un enorme país donde aproximadamente el 30% de sus 250 millones de habitantes vive en situación de pobreza.

"Cualquier intento de detener o desviar el flujo de agua perteneciente a Pakistán según el tratado de las aguas del Indo será considerado un acto de guerra y se responderá con toda la fuerza a través de todo el espectro del poder nacional", advirtieron el jueves desde Islamabad. Este tratado, que fue mediado por el Banco Mundial, divide el río Indo y sus afluentes entre los países vecinos y regula el reparto de aguas.

Sobre el reciente atentado en Cachemira, ha sido un desconocido grupo islámico, el autodenominado Frente de Resistencia, quien se atribuyó la responsabilidad de la masacre, aunque desde Delhi señalaron rápidamente que Pakistán estaba detrás. "Perseguiremos a los responsables del ataque hasta los confines de la Tierra si es necesario", manifestó el primer ministro indio, Narendra Modi, sobre una masacre contra civiles que ha sido la más mortífera en los últimos 25 años. El jueves, la policía de Cachemira publicó el nombre de tres presuntos terroristas vinculados con el ataque. Todos ellos son ciudadanos pakistaníes.

Durante décadas, los insurgentes armados en Cachemira se han resistido al control por parte de India. Hace seis años, un ataque suicida mató a 41 soldados indios en Cachemira y desencadenó ataques aéreos indios dentro de Pakistán, llevando a los dos países al borde de una guerra total.

Algunos rebeldes apoyan la unificación con Pakistán, mientras que otros luchan por que Cachemira se convierta en un país independiente. La violencia se disparó en 2019, cuando el Gobierno del nacionalista Modi revocó el estatus especial de la región, que le había otorgado una autonomía limitada desde 1949, permitiendo a Cachemira mantener su propia constitución y la libertad de aprobar sus propias leyes.

Tras la suspensión, la región quedó totalmente bajo el control del partido Bharatiya Janata (BJP) de Modi y más de 25.000 soldados indios tomaron el valle para detener a todo aquel que pusiera en duda el dominio de Delhi. Se implementaron nuevas reglas que permitieron a los extranjeros comprar tierras en Cachemira por primera vez, además de ampliar los requisitos para vivir y trabajar, lo que muchos vieron como un intento del partido BJP de despojarlos de sus tierras y cambiar la demografía musulmana.

Para Modi, esta medida supuso "cerrar la puerta al terrorismo" y traer "prosperidad económica" a la región. El líder se jacta del éxito de sus políticas de seguridad en Cachemira. Pero el ataque de esta semana, que coincidió con una visita a Delhi del vicepresidente estadounidense, JD Vance, volvió a poner el foco en un lugar sacudido por décadas de violencia y represión.

"Es hora de reducir a polvo cualquier pequeña tierra que tengan estos terroristas", dijo Modi tras la última masacre. Muchos analistas apuntan a que el ataque no fue ninguna coincidencia: en el año 2000, un grupo de islamistas armados asesinaron a 35 personas una aldea de Cachemira antes de la visita del entonces presidente estadounidense Bill Clinton.