En lo alto de la colina Esquilina, donde la piedra y la fe se abrazan desde hace siglos, ha resurgido esta semana en la capital italiana un antiguo gesto: la peregrinación a la basílica de Santa María la Mayor. Bajo el cálido sol romano, miles de turistas, fieles y vecinos se han acercado este martes a sus puertas, con la esperanza de ver el templo que el Papa Francisco eligió como su último lugar de descanso, firmar en el libro de condolencias y honrar su memoria en presencia de Dios.
"Que haya elegido Santa María y no San Pedro para ser sepultado es un acto de sencillez que resume todo su papado y dice mucho de la persona que fue: humilde, cercano, humano... Era uno más". Quienes hablan son Dani y Lucía, una joven pareja extremeña de veintipocos años que se encuentra de viaje por el norte de Italia. Llegaron a la città eterna el lunes, casi al mismo tiempo en que se conoció la muerte del Pontífice, y tenían claro que querían acercarse a ver el lugar donde, tras su funeral este sábado, Jorge Mario Bergoglio descansará en paz.
Corazón espiritual del Cristianismo, este templo tenía un significado especial para el Papa. Fue allí donde, en el primer día de su pontificado, rezó ante la Virgen Salus Populi Romani, el icono mariano más venerado, que preside la Capilla Paulina. Aquel gesto se convertiría en una constante: lo repitió más de 115 veces a lo largo de su papado, al encomendar sus viajes apostólicos -visitándola antes de partir y al regresar al Vaticano-, así como los grandes acontecimientos de la Iglesia, a la protección de la Virgen María. Era su manera de agradecer y de pedir amparo, en una práctica que seguía una tradición jesuita que se remonta a los orígenes de la Compañía de Jesús, cuyos miembros promovieron la devoción mariana y difundieron copias del icono por todo el mundo.
"Quizás la noticia no nos ha impactado tanto como si hubiese pasado en otra fecha", explica Lucía, quien aprecia el simbolismo de la defunción de Francisco "justo después de Pascua". "Pero nos emociona igualmente", sigue Dani, "porque los valores de la Iglesia se han reflejado mucho en él". "Su mensaje de que todos somos iguales es el que deberíamos llevar con nosotros siempre", concluye Lucía, ya en la puerta de la Capilla Sforza, en la nave lateral de la basílica.
A escasos metros, antes de llegar a la Capilla Paulina, descansa una imponente estructura de madera conglomerada. "¿Sabes qué es eso?", preguntan a la reportera. "Es allí donde descansará el Papa", nos explica un custodio, quien asegura que somos los primeros a quienes ha confirmado el lugar exacto de su sepultura. La presencia del fotógrafo, que captura varias imágenes desde varios ángulos, provoca que varios visitantes se detengan a observarla. Entienden que están ante lo que pronto será un lugar muy sagrado: el nicho entre las Capillas Paulina y Sforza.
El deseo del Papa de ser enterrado en esta basílica lo manifestó en varias ocasiones, llegando a admitir que ese templo era "su gran devoción", pero la primera vez fue durante una entrevista concedida a la periodista mexicana Valentina Alazraki para el canal N+ de Televisa en diciembre de 2023. "Cuando fallezca, no me enterrarán en San Pedro, sino en Santa María la Mayor. El Vaticano es la casa de mi último servicio, no de la eternidad", reveló entonces el cabeza de la Iglesia, una petición que repitió en su testamento, hecho público este lunes, en el que no sólo expresó su deseo de ser enterrado allí, sino también el punto exacto donde quería guardar reposo.
"Siempre he confiado mi vida y mi ministerio sacerdotal y episcopal a la Madre de Nuestro Señor, Santa María. Por lo tanto, pido que mis restos mortales descansen en espera del día de la resurrección en la Basílica Papal de Santa María la Mayor", se lee en la última voluntad del Pontífice. "Pido que mi tumba sea preparada en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina [Capilla de la Salus Populi Romani] y la Capilla Sforza de la mencionada basílica como queda indicado en el anexo adjunto".
"Pasados unos minutos, un sacerdote diocesano se asoma a grabar el ambiente. Se llama Rubén Martínez y es del seminario diocesano misionero Redemptoris Mater de Pamplona. A diferencia de la mayoría de los que visitan la ciudad estos días, él ha venido expresamente tras conocer la defunción de Francisco el lunes. "Llegué esta mañana y he venido casi directo a Santa María la Mayor", explica a este diario. "Mañana queremos ir a ver su cuerpo en San Pedro, pero, por desgracia, volvemos a España el viernes, por lo que nos perderemos el funeral".
El sacerdote admite haber recibido la noticia "con sorpresa" tras "haberlo visto el domingo en el Urbi et Orbi", pero reconoce que "era algo esperado al verle la cara". A pesar de lo que algunos podrían pensar, no recibe la noticia con tristeza, sino con "esperanza": "Yo no vengo aquí a ponerme triste. Esta vez no veré al Papa en su tumba, pero estuve delante de donde estará, y la próxima vez que venga, sí estará. Quizá entonces me emocionaré, pero será desde la alegría, no la tristeza".
Faltan varios días para conocer al sucesor de Bergoglio al frente de la Iglesia, pero Martínez no quiere dejar pasar la oportunidad de destacar que será "el Espíritu Santo quien lo elegirá, no los cardenales según cierta ideología de derechas o izquierdas, como suele decir la prensa".
"En este momento, el Espíritu Santo necesitaba un Papa reformista, como ha sido Francisco, pero también serio, entregado y abierto, cualidades que muchas veces no se mencionan, pero que deberían destacarse", añade. "Lo importante ahora es que tengamos un nuevo Papa que, como Francisco, luchará por la paz, por la vida y por la familia, porque es lo que necesita la sociedad, unido a Jesucristo, quien es el que salva", concluye.
A la salida de la basílica, comienza a formarse una fila de personas ansiosas por dejar un mensaje de condolencia o agradecimiento al Pontífice. Algunos son breves, mientras que otros más bien parecen ensayos, lo que provoca el hartazgo de más de una persona. Allí esperan pacientemente Marisol y Miguel Ángel, pareja barcelonesa que está de paso por la ciudad antes de volver a la ciudad condal este miércoles. Marisol graba el momento de la firma, feliz de poder ser partícipe de este acontecimiento único. "No hay Iglesia que salta, así que aquí hemos venido y encontrarnos con este libro y la foto del Papa ha sido una grata sorpresa", cuenta, momentos antes de que el obispo de Ratisbona, Rudolf Voderholzer, empiece una oración en presencia de varios peregrinos alemanes.
Como ellos, miles de personas han hecho de esta visita un pequeño acto de fe y gratitud, en el mismo lugar al que Francisco eligió volver para siempre: su refugio, su devoción, su casa.

