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Gran Angular

Una última oportunidad para los 'dinosaurios' de la revolución en América Latina

Rafael Correa y Evo Morales pugnan por recuperar el poder y por ser redimidos de sus delitos

Hugo Chavez, Rafael Correa y Evo Morales, en una ceremonia indígena en 2007 en Ecuador.
Hugo Chavez, Rafael Correa y Evo Morales, en una ceremonia indígena en 2007 en Ecuador.R. BuendíaAFP
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"Estamos en la época de una verdadera revolución". La imagen ya forma parte de la historia política de América Latina, tanto como el dogma que abre esta crónica, compartido con absoluta fe por sus tres protagonistas: Hugo Chávez y Evo Morales, ataviados con poncho indígena y escoltando a Rafael Correa en el día de su toma de posesión, en enero de 2007.

A 3.800 metros de altura, muy cerca del volcán del Cotopaxi, la garganta de fuego que hace siglos estalló en medio de una batalla entre incas y conquistadores españoles. El creador de la revolución bolivariana y gran inspirador de la ola izquierdista convertida en la primera marea rosa aparece en la imagen junto a dos de sus discípulos favoritos, a quienes apoyó con dinero, asesores e ideas para que alcanzaran el poder.

Aquel fue el día de las promesas incumplidas por el propio Correa, que llamó a una verdadera revolución en favor de los indígenas, quienes le limpiaron con hierbas en un rito ancestral para que cristalizara la Asamblea Nacional Constituyente del cambio de régimen. A la postre, el carismático líder acabó persiguiendo a dirigentes indígenas, convirtiendo a la zona andina en un territorio hostil para la Revolución Ciudadana.

Casi dos décadas después, Correa y Morales, dos de los más grandes dinosaurios de la política americana, pugnan no sólo por recuperar el poder perdido, sino también por ser absueltos de sus pecados y de sus delitos por sus sociedades y por los jueces. Quien está más cerca de conseguirlo es el líder de Revolución Ciudadana, convencido de que volverá a Ecuador por la puerta grande, pese a ser el gran prófugo de su país por la condena a ocho años por corrupción.

En busca de su absolución, acaba de lanzar un documental de producción española titulado Influjo psíquico, con el que pretende convencer al mundo de que sus corruptelas no son tales, sino producto del famoso lawfare judicial, justificación nacida en América Latina y extendida a España en el momento más conveniente.

El líder de la revolución indígena, por su parte, no duda en situar a su país frente al abismo para volver a ser candidato presidencial en las elecciones de agosto en Bolivia, al precio que sea. Morales no sólo está inhabilitado: contra el ex presidente planea una orden de detención por su presunta implicación en trata agravada de personas. Evo mantuvo una relación con una menor de edad, que le fue entregada por sus padres a cambio de prebendas y que quedó embarazada. Un escándalo anestesiado durante años por el poder y por ciertas costumbres sociales, tanto como el fraude electoral de 2019, que fue investigado y certificado por la Organización de Estados Americanos (OEA). Morales, declarado en rebeldía por un juez, se mantiene parapetado en la zona cocalera del Trópico de Cochabamba, donde nadie se atreve a entrar para cumplir con la orden de captura.

Un desafío doble en el que ya no contarán con Hugo Chávez, muerto y apartado en parte del imaginario chavista por la debacle venezolana y para dar espacio a Nicolás Maduro y su otro yo, el Superbigote del cómic imposible. La revolución bolivariana, rechazada de forma masiva por los venezolanos, mantiene el poder entre fraudes, represión salvaje, la determinación de sus generales y la fuerza de sus aliados internacionales.

"Yo uso esta fotografía tan simbólica en mis clases", confiesa a EL MUNDO John Polga-Hecimovich, profesor asociado de Ciencias Políticas en la Academia Naval de Estados Unidos. "Y lo hago para explicar que se trata de una de las fotos más representativas de la Marea Rosa que buscó enfrentarse con los EEUU", constata, expectante ante unas elecciones reñidas como nunca.

Cuenta la historia de la humanidad que los grandes dinosaurios desaparecieron víctimas de un meteorito. Pero a los dinosaurios revolucionarios, la política les vuelve a dar una oportunidad en este convulso 2025. La primera opción es para Correa, que cuenta las horas para que hoy domingo cierren los colegios electorales en Ecuador y se confirme el triunfo que se le escapó de las manos con Lenín Moreno en 2017, última victoria revolucionaria antes de las derrotas frente a Guillermo Lasso en 2021 y Daniel Noboa en 2023.

"El pueblo ecuatoriano tiene que escoger entre dos visiones radicalmente distintas, hasta ahora opuestas, de la economía, la seguridad y las relaciones exteriores", previene Polga-Hecimovich, presente estos días en un encuentro de expertos en Chile, donde se compartió un dato muy significativo sobre Correa: transcurridos ocho años de su abandono del poder, en un termómetro de sentimientos, el 28,1% le otorgaría un 10 y el 29,5%, un cero. Máxima polarización, que se profundizaría aún más con el posible regreso del mandamás de la Revolución Ciudadana en caso de ganar su candidata, cuya principal virtud es su lealtad al gran líder.

"Correa regresaría sin duda, es el líder de un movimiento que se ha mantenido como fuerza hegemónica de los últimos 20 años en Ecuador, con altibajos. Una fuerza capaz de ejercer el control casi total desde el Gobierno y ser el principal desafío desde la oposición. Parecido al peronismo en Argentina, salvando las diferencias de profundidad y duración del legado. Pero el regreso sería ya con un liderazgo desgastado, como demuestra esa fotografía de hace 20 años. De sus compañeros de entonces, Chávez ha muerto y Evo no está en el poder y ha roto con su partido originario. El correísmo podría sobrevivir a la sombra del líder, pero veo difícil que Correa vuelva a ser el administrador directo de ese legado", sostiene el historiador Armando Chaguaceda, uno de los principales expertos en revoluciones del continente.

No hay revolución ciudadana sin Rafael Correa, asegura taxativo el politólogo Matías Abad. "Si el día de mañana se cambiara a otro partido se llevaría todo su capital político consigo. Su candidata Luisa González es una desconocida desde lo político, desde la gestión y lo público. Lo único que hace es recibir el endoso de Correa", explica al detalle quien también fuera gobernador de Azuay.

¿Hasta qué punto se mantiene viva la figura de Correa entre los ecuatorianos, pese a la corrupción y sus escándalos? "En las mediciones, Correa siempre es mucho más popular que sus candidatos. Si en algún punto él volviera, ganaría con más holgura y no estaría en el actual empate técnico entre los dos aspirantes", atestigua Abad, quien además hace énfasis en cómo la realidad política ha forzado a que Noboa diera marcha atrás al discurso que le hizo ganar en 2023, empeñado en acabar con la dicotomía correísmo / anticorreísmo. "Seguimos en las mismas, Correa sigue siendo el actor que marca todas las agendas", sentencia.

Cualquier fallo relevante puede romper semejante igualdad. Como el cometido por el correísmo, inspirado por su líder, al apostar por la creación de los llamados "gestores de paz" para prevenir la violencia en los barrios populares. "Se han activado las alarmas porque se parecen demasiado a los mecanismos estatales de control de comunidades de barrio ensayados por los regímenes de la alianza bolivariana, desde el modelo de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR cubanos) a los círculos bolivarianos (colectivos paramilitares con licencia para matar) en Venezuela. En todos los casos se ha invocado la idea del trabajo comunitario, llevar paz y salud para convertirse en el brazo armado del Estado", aclara Chaguaceda.

El cordón umbilical del correísmo con las revoluciones comienza en el propio Correa, durante años uno de los principales asesores de Maduro, tarea que compartió con su estrellato como entrevistador en el canal gubernamental Russia Today, el favorito de Putin. Aunque parezca un lugar común en el continente, los tentáculos del chavismo aparecen por todas partes. Por ejemplo en Perú, que espera con expectación la sentencia contra el ex presidente Ollanta Humala por la financiación ilegal aportada por Hugo Chávez y por la constructora brasileña Odebrecht.

Si finalmente se produjera la tan buscada victoria de la Revolución Ciudadana en Ecuador, ¿cómo sería el regreso de Correa a su país? "No es un plan sencillo para Correa, que tiene una sentencia y está prófugo de la justicia. Tendría que desaparecer esa condena, pero no es un crimen que pueda ser perdonado a través de un indulto presidencial. Se requeriría necesariamente una Asamblea Constituyente de plenos poderes para perdonarle o recomponer la estructura de la Justicia para que la Revolución Ciudadana tenga una mayoría de jueces y fiscales para imponer un recurso de revisión de la sentencia", cuestiona Abad ante lo enrevesado y lento del proceso.

Con lo que Correa no cuenta en absoluto es con que se vuelva a producir una traición como la de Lenín Moreno, quien decidió apartarse ante el legado corrupto que recibió. En sus cálculos y en la cercanía personal con González no entran capítulos como los vividos en Colombia entre Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, en Panamá entre Ricardo Martinelli y José Raúl Mulino y en Bolivia entre el propio Evo y su hijo político, Luis Arce, convertido hoy en su enemigo.

Correa y Evo, con 62 y 65 años, apuran en estos días su última oportunidad, tan cerca y tan lejos. "Nunca digas nunca", acostumbra a decir el profesor Polga-Hecimovich. "Los políticos, y sobre todo los populistas, tienen nueve vidas. Así fue con Juan Domingo Perón en Argentina y con Velasco Ibarra en Ecuador. Los populistas siempre tienen la posibilidad de volver porque existe una mitología alrededor de su gobierno, sus éxitos y sus personajes", concluye.