La revista The Atlantic ha decidido hacer públicos este miércoles todos los pantallazos de las conversaciones del ya célebre grupo de Signal creado hace dos semanas por el consejero de Seguridad Nacional de EEUU, Mike Waltz, en el que la plana mayor del Gobierno de Donald Trump discutió el ataque a los hutíes en Yemen, sin darse cuenta de que habían añadido al grupo al director de la publicación, el periodista Jeffrey Goldberg. La reacción de la Casa Blanca: minimizar la importancia, agarrarse a una palabra y arremeter contra el director y la publicación, acusándolos de ser propagandistas y mentirosos a pesar de las evidencias.
The Atlantic publicó el lunes un relato surrealista, denunciando cómo los máximos responsables de seguridad e inteligencia del país, incluyendo a los secretarios de Defensa, Estado, el Tesoro, así como al vicepresidente, J. D. Vance, el director de la CIA, John Ratcliffe, o la jefa de inteligencia nacional, Tulsi Gabbard, además de la jefa de Gabinete de Trump y su segundo, Stephen Miller, habían participado en un chat en una plataforma no segura en la que se habían compartido detalles clasificados, informando por adelantado de los planes exactos del bombardeo. Con un periodista experto en Seguridad Nacional como testigo.
Sin embargo, en un esfuerzo coordinado por minimizar lo ocurrido, el Gobierno casi en pleno ha repetido que se trataba de un grupo de coordinación nada más, y que ningún "plan de guerra" o material clasificado había sido comprometido.Jugando con la idea de que al no haber coordinadas exactas no se puede considerar un plan de guerra completo. Y evitando explicar cómo ese material podría no ser clasificado horas antes de un ataque o en qué momento exacto o por qué razón el Pentágono los habría desclasificado. Un punto que puedo ser crítico si hay una investigación.
Donald Trump lo calificó el lunes como "el primer fallo en dos meses" de su Administración, "pero uno no serio", echando la culpa a algún empleado de Waltz. Otros departamentos, como la CIA, dijeron que la culpa era de la Administración anterior, ya que cuando el director llegó al puesto, su ordenador ya tenía instalada la aplicación de mensajería Signal. E incluso el consejero de Seguridad Nacional, con la prensa afín de Fox News, vino a insinuar que había algo raro y que quizás Goldberg, en vez de haber sido invitado por error al grupo, quizás había hecho algo ilegal o irregular para formar parte.
Una huida hacia adelante a la que la revista ha querido responder con un nuevo artículo. En él, además de lo ya conocido, incluye los mensajes de Pete Hegseth, el secretario de Defensa, uno de los cargos más polémicos del Gobierno. El ex presentador de la Fox superó los exámenes del Senado por los pelos y sólo después de que Trump llamara casi uno por uno a los senadores de su partido para amenazarles si no daban su apoyo a un hombre acusado de varias agresiones sexuales, que pagó a una mujer para cerrar una denuncia de violación y del que había testimonios sobre problemas con el alcohol en el trabajo.
El mismo día del ataque a Yemen, el 15 de marzo, Hegseth compartió por adelantado información precisa. Por ejemplo, que el "tiempo es favorable. Confirmado ahora mismo con el Centcom, tenemos luz verde para la misión de ataque", en referencia al Mando Central, el que se ocupa de Oriente Próximo. "1215et: F-18s LAUNCH (1st strike package)", sobre cómo a las 12:15 habría un primer bombardeo usando cazas F-18. "1345: 'Trigger Based' F-18 1st Strike Window Starts (Target Terrorist is @ his Known Location so SHOULD BE ON TIME - also, Strike Drones Launch (MQ-9s)", en referencia al objetivo principal del ataque, un "terrorista", objetivo de drones MQ-9 no tripulados.
Como destaca la revista, "este mensaje de Signal muestra que el secretario de Defensa de EEUU envió un mensaje de texto a un grupo que incluía un número de teléfono desconocido para él a las 11:44 a. m. Esto ocurrió 31 minutos antes del despegue de los primeros aviones de guerra estadounidenses, y dos horas y un minuto antes del inicio de un período en el que se esperaba que un objetivo principal, el "Terrorista Objetivo" hutí, fuera abatido por estas aeronaves estadounidenses. Si este mensaje hubiera sido recibido por alguien hostil a los intereses estadounidenses —o simplemente indiscreto, con acceso a las redes sociales—, los hutíes habrían tenido tiempo de prepararse para lo que se suponía sería un ataque sorpresa contra sus bastiones. Las consecuencias para los pilotos estadounidenses podrían haber sido catastróficas".
Porque como explicó desde el primer momento Goldberg, no había sido un ataque con sólo drones y desde miles de kilómetros de distancia, sino con aparatos de la fuerza aérea que al aproximarse a la zona, entrando en el espacio aéreo yemení, podían haber sido detectados o derribados. Los mensajes de Hegseth al grupo incluían más detalles, como un segundo ataque de los F18 a las 14:10, y el uso de drones con bombas a las 14:15 "sobre el objetivo", seguidos del uso de misiles Tomahawks desde el mar a las 15:36.
Un plan detallado y cuya información es relevante, a tenor de lo que los responsables han mantenido en las últimas horas. "No era información clasificada", ha dicho Trump. "Nadie mandó mensajes con planes de guerra, es todo lo que tengo que decir", se defendió el secretario de Defensa. "No se compartió ningún material clasificado en ese grupo Signal", juró Tulsi Gabbard ayer a los miembros del Comité de Inteligencia del Senado.
Su declaración, junto a las del director de la CIA, son importantes, porque si bien parecieron cubrirse sus espaldas y no las del Departamento de Defensa, aseguraron repetidas veces a los senadores cosas que los mensajes desmienten. Así por ejemplo, a preguntas del demócrata Mark Kelly, un ex piloto militar y astronauta, sobre si en el chat se habían mencionado armas o sistemas de armamento concretos, Gabbard y Ratcclfe dijeron: "no recuerdo que se nombraran sistemas específicos", y lo mismo para el calendario previsto y horarios específicos. Cuando era más que evidente que sí se había producido.
Lo mismo ha hecho este martes el secretario de Estado Marco Rubio, argumentado que lo que se hablaba en el chat era "lo que se podía decir a los aliados", pero dejando la responsabilidad en Hegseth: "el Pentágono dice que no es clasificado", se ha excusado.
Agarrarse a un clavo ardiendo
El aparato del Gobierno intentó este martes quitar hierro al asunto de forma coordinada, diciendo que no era información sensible, aunque las propias directrices del Pentágono o de Inteligencia lo establecen con rotundidad: alto secreto. O lo más retorcido: que no eran "planes de guerra" sino "planes de ataque", como si fuera otra cosa diferente, menor, no tan grave. Como si lo importante fuera la expresión que se use para describir en la prensa y no el contenido, el formato y las consecuencias.
Un clavo ardiendo que va de la mano de ataques cada vez más duros contra Goldberg, queriendo sugerir que hackeó los dispositivos o que se hizo pasar por otra persona en algún momento. "No hubo detalles, y no había nada allí que comprometiera, y no tuvo impacto en el ataque, que fue muy exitoso (...) En algo así, quizás Goldberg encontró la manera [de colarse]. Quizás haya sido culpa un empleado, quizás un empleado muy inocente, pero... creo que llegaremos al fondo del asunto rápidamente y no es para tanto", ha dicho Trump este miércoles en una radio.
"No hay ubicaciones. Sin fuentes ni métodos. NO HAY PLANES DE GUERRA. Los socios extranjeros ya habían sido notificados de que los ataques eran inminentes. EN RESUMEN: El presidente Trump está protegiendo a Estados Unidos y nuestros intereses", tuiteó el martes Mike Waltz en respuesta a la publicación. En realidad, él está todavía en más apuros, ya que en los intercambios reconoce que hay o ha habido otros grupos de Signal. Y además, cuando habla del presunto terrorista que es el objetivo lo hace de tal manera que da pistas sobre cómo sabían que estaba en un edificio concreto, algo que los hutíes pueden usar para intentar saber si tienen topos o si hay vigilancia mucho más precisa sobre ellos.
"The Atlantic lo ha reconocido: NO se trataba de "planes de guerra". Toda esta historia fue otro bulo escrito por un enemigo de Trump que es conocido por su giro sensacionalista", ha reaccionado la jefa de prensa de la Casa Blanca, ya que el artículo titula con la expresión "planes del ataque" en vez de "planes de guerra". "The Atlantic ya abandonó su absurda narrativa de los "planes de guerra" y, al publicar el chat completo, admite que MINTIÓ para perpetuar OTRO engaño más contra el pueblo estadounidense. ¡Qué escorias!", ha tuiteado Taylor Budowich, jefe de Gabinete adjunto de Trump.
"No hay duda de que esta cadena de mensajes contiene información altamente clasificada. Los funcionarios de seguridad nacional de mayor rango del presidente Trump nunca deberían haber utilizado un chat grupal no seguro para planificar una batalla altamente sensible. La continua negación de Hegseth y Waltz de cualquier irregularidad solo empeora las cosas. Por el bien de nuestra seguridad nacional y la seguridad de nuestras tropas, Hegseth y Waltz deben dimitir", ha escrito el senador demócrata Michael Bennet, del Comité de Inteligencia del Senado.

