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Pese a la firme oposición de su asesora legal, Gali Baharav-Miara, el Gobierno de Benjamin Netanyahu ha destituido al jefe de la agencia de seguridad interior (Shabak), Ronen Bar. Pero la decisión, que según Bar se basa en "afirmaciones infundadas" insinuando "intereses personales", ha sido congelada por el Tribunal Supremo israelí (TS) hasta la sesión a celebrar antes del próximo 8 de abril para escuchar los recursos presentados por "conflicto de intereses" en alusión a la investigación del Shabak sobre la relación de asesores de Netanyahu con Qatar.
La intervención del TS, duramente criticada este viernes por varios ministros ultranacionalistas, el enfrentamiento con el jefe de una de las agencias de Inteligencia y seguridad más importantes de Israel y el inminente inicio del proceso de destitución de la propia Baharav-Miara elevan la crispación interna en un momento muy sensible tras el fracaso negociador y la ruptura de la tregua que aleja a los 59 secuestrados y acerca la guerra con Hamas.
Según el comunicado de la oficina del primer ministro, Bar dejará sus funciones el próximo 10 de abril o cuando se nombre un jefe permanente. "No tengo confianza en el jefe de Shabak desde el 7 de octubre del 2023. Es una desconfianza que ha crecido desde entonces. En el ejército aprovecharon la pausa (de la ofensiva) para cambiar su mando, hay que hacerlo aquí también", dijo Netanyahu en la reunión del ejecutivo en alusión a la salida del jefe del Estado Mayor, Herzi Halevi.
Tanto éste como Bar asumieron el fracaso ante el mayor ataque en la historia del país y anunciaron que no completarían sus años de mandato. Tras presentar las investigaciones internas sobre los monumentales fallos de las fuerzas armadas ante el ataque desde la Franja de Gaza, Halevi dejó la jefatura del Tsáhal a principios de mes. Bar prometió hacerlo tras las negociaciones por los secuestrados y varias investigaciones en curso.
Los dos altos cargos, bajo las ácidas acusaciones de Netanyahu y sus medios afines y que en más de una ocasión han criticado las posiciones de ministros ultranacionalistas en las reuniones de Gobierno, exigen una comisión estatal que investigue la infiltración armada de Hamas. Netanyahu se niega a dicha comisión y traspasa la responsabilidad del fracaso del 7-O a los jefes de los organismos de seguridad.
Pero la sorpresa en la reunión del Gobierno, precedida por protestas ante su sede en Jerusalén, no fue la votación por unanimidad de su destitución ya que era el único motivo de su convocatoria sino la dura carta enviada por Bar a los ministros. Tras justificar su ausencia en la sesión al afirmar que "no es acorde a las normas de la ley y las reglas para el cese de un trabajador y más si cabe si se trata de un alto cargo", denunció que la destitución se basa en "afirmaciones infundadas que no son más que una tapadera de motivos muy diferentes e inválidos en su fundamento".
Como trasfondo de la decisión, la pugna por las responsabilidades en torno al 7 de octubre y las diferencias en las negociaciones para la tregua con Hamas que devuelva los rehenes pero también la investigación de Shabak sobre supuestas e ilegales relaciones económicas entre destacados asesores de Netanyahu y el emirato qatarí.
"Se lleva a cabo una investigación compleja, diversificada, muy importante y particularmente sensible sobre la participación de Qatar, en el santuario de la toma de decisiones israelí, la oficina del primer ministro. Considero que la conclusión de la investigación en su totalidad y la búsqueda de la verdad, cualquiera que sea el resultado de la misma, es el primer y principal deber público que se me ha impuesto", escribe Bar en la misiva en la que advierte que "la destitución repentina del jefe del Shabak por iniciativa del primer ministro envía un mensaje que puede poner en peligro el resultado óptimo de la investigación. Es un peligro directo para la seguridad del Estado de Israel". "Un intento de destitución que se apoya en razones infundadas afectadas por planteamientos ajenos y conflicto de intereses e institucional muy graves", añade en un rotundo alegato contra Netanyahu.
El dirigente conservador, por su parte, niega cualquier relación suya o de la destitución con la investigación mientras sus portavoces y allegados afirman que Bar la ordenó precisamente para evitar su despido. "Siempre pero especialmente en la guerra existencial en la que estamos, el primer ministro debe tener completa confianza con el jefe de Shabak", declaró Netanyahu.
Bar replica que es un pretexto: "En contra de lo argumentado, desde que asumí el cargo y especialmente desde el inicio de la guerra en diferentes frentes, hay una intensa y estrecha cooperación entre el servicio que encabezo y el primer ministro llevando a resultados significativos en la prevención de terrorismo y la promoción de los objetivos de la guerra".
En sus últimas reacciones en una clara indirecta a su aún jefe directo (Netanyahu), Bar recordó que el cargo le obliga ser fiel al país y a los intereses nacionales y no a una persona y a intereses personales. O como avisan varios ex jefes del Shabak, "Netanyahu no pide confianza sino máxima lealtad". Algunos ex altos mandos del Mosad, ejército y Shabak, presentes en la manifestación del pasado miércoles, acusaron a Netanyahu de "golpear la seguridad nacional".
En sus 17 años como primer ministro, el líder del Likud no ha tenido buenas relaciones con la mayoría de sus ministros de Defensa y jefes de los organismos de seguridad. Algunos de éstos se convirtieron posteriormente en sus principales adversarios en la arena mediática criticándole por "anteponer la supervivencia política a la seguridad nacional o cohesión interna".
La destitución de Bar, la reanudación de la ofensiva militar contra Hamas en Gaza sin lograr la vuelta de todos los rehenes, la prevista aprobación de presupuestos que dan prioridad a determinados sectores, la cuestión del (no) reclutamiento de los jóvenes jaredíes (ultraortodoxos) y el enfrentamiento entre el Gobierno y el TS y la asesora legal (también es fiscal general) aumenta la fractura interna en Israel devolviendo a sus ciudadanos a los meses previos de profunda división en torno a la controvertida iniciativa gubernamental para debilitar o equilibrar (según cómo se mire) la fuerza del poder judicial.
