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Europa tiene que crear una industria propia de Defensa justo cuando sus importaciones de material militar de Estados Unidos están en su nivel más alto desde el final de la Guerra Fría, según el Instituto de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés).
Tres décadas y media pensando que Europa había alcanzado un estado de "final de la Historia" a lo Francis Fukuyama en el que las peores disputas iban a ser las comerciales han dejado no solo a las Fuerzas Armadas del continente reducidas a la mínima expresión sino también a su industria de Defensa bajo mínimos.
La invasión rusa de Ucrania ha puesto de manifiesto esa debilidad en cuestiones tan básicas como la producción de obuses de artillería. Pero solucionar eso era la parte fácil. La complicada va a ser crear, en primer lugar, empresas de Defensa que fabriquen hardware, o sea, tanques, barcos o aviones. Después, que esas máquinas sean innovadoras y capaces. Eso significa tener grupos industriales capaces de competir con los Lockheed Martin, RTX o Northrop Grumman estadounidenses, algo que Europa, con la sola excepción de la británica BAE, no tiene.
Y luego llega la tercera parte, que es la más difícil: crear compañías que puedan producir material similar al de los nuevos grupos de defensa de EEUU, que utilizan Inteligencia Artificial (IA), Realidad Aumentada y big data con fines militares.
Son empresas como Govini, Anduril, SpaceX, Microsoft o Meta (esta última, más conocida por sus productos estrella: WhatsApp, Instagram y Facebook). Europa, mucho más preocupada por regular que por innovar, no tiene nada que se le parezca. Un ejemplo: la red de telecomunicaciones por satélite Starlink tendrá a finales del año que viene dos competidores: la estadounidense Project Kuiper y la china SpaceSail. Por parte de Europa, no está ni se espera nada, en el corto, medio o largo plazo.
La ventaja estadounidense va además mucho más lejos. Washington puede desenchufar a voluntad el ultra sofisticado cazabombardero estadounidense F-35, que ha vendido a 13 países europeos. Aparte, el procedimiento habitual en todas las ventas de armas es que el país fabricante tiene derecho de veto sobre lo que el comprador puede hacer con esas armas. En otras palabras: Estados Unidos puede vetar que los europeos entreguen sus sistemas de defensa a Ucrania. Pese a esto, Alemania quiere que, hasta que Europa desarrolle su propia industria militar, Estados Unidos siga siendo su principal proveedor de armas, al contrario que Francia, que defiende limitar al máximo la dependencia europea de los sistemas de defensa del otro lado del Atlántico.
Aparte de ello está el eterno problema de todos los grandes proyectos estratégicos europeos: la soberanía nacional. En Estados Unidos se produjo una oleada de fusiones masivas en el sector de la Defensa, después de que la Guerra Fría concluyera. En Europa, sin embargo, las fusiones se produjeron dentro de los países. Aunque los diferentes gobiernos permiten la colaboración en proyectos concretos desde hace décadas -el cazabombardero con capacidad nuclear Jaguar nació a finales de los 60 como un proyecto francobritánico- la posibilidad de que dos empresas estratégicas de Defensa de diferentes países se conviertan en una sola es, por ahora, remota.
Una de las pocas excepciones europeas a la norma es Airbus. Pero ese es un caso que, pese a su éxito, ilustra también la lentitud de la UE y el peso de los Estados. Airbus nació en 1970, como un esfuerzo conjunto de los Gobiernos de Alemania, Francia y España (estos dos últimos países de hecho participaban a través de empresas públicas). Incluso tras la constitución de Airbus en una empresa independiente hace un cuarto de siglo, Alemania y Francia controlan cada una el 10,8% del capital y España el 4,8%. La UE sí gestiona redes de satélites como la de geoposicionamiento Galileo y en el futuro IRIS², que tendrá aplicaciones de defensa. Y el grupo de satélites francés Eutelsat es dueño del británico OneWeb, que compite con la estadounidense Starlink, de Elon Musk. Pero es muy difícil imaginar que sucediera lo opuesto, es decir, que el Gobierno francés permitiera a una empresa extranjera comprar una compañía de satélites gala.
Y también están, paradójicamente, las restricciones de la principal potencia económica e industrial europea, Alemania, a las exportaciones de defensa. El Eurofighter, por ejemplo, ha sido un fracaso en lo que se refiere a exportaciones en buena medida porque Alemania participa en el proyecto, lo que limita sus ventas al exterior. Su competidor francés, el Rafale, ha sido vendido a ocho países. Es la ventaja de poder entregar las armas que uno quiera.
Con la empresa alemana Reihnmetall -el mayor fabricante de armas alemán- buscando a toda velocidad plantas industriales vacías que pueda adaptar para producir sistemas de Defensa, la creación de esta industria en Europa es ya un hecho. El sentimiento de urgencia, además, no se debe solo a la posible ruptura de EEUU con sus aliados europeos (y canadienses) sino a un factor mucho más urgente: Ucrania.
Es probable que Washington suspenda la entrega de armas a Kiev una vez que se alcance un alto al fuego mínimamente estable en el frente entre Rusia y Ucrania. En ese caso, Europa tendrá que ocupar el vacío que deje EEUU. Pero Europa, que ha suministrado a Ucrania, una cantidad similar de armas a la de EEUU, va a tener que incrementar aún más su producción de armamento.
Hay opciones creativas que han dado muy buenos resultados. Dinamarca, por ejemplo, ha ayudado a Ucrania financiando la creación de fábricas de armas en el país. Pero eso no quita que Europa no tiene nada equiparable a los misiles antiaéreos Patriot, que EEUU ha dado a Ucrania y muchísimo menos a los THAAD que, manejados por tripulaciones estadounidenses, han protegido a Israel de los ataques de Irán y los hutíes de Yemen.
Por esa razón, Ucrania, pese al enorme aumento de su sector de la Defensa, ha saltado de comprar el 0,1% de las armas en venta en el mercado internacional en el periodo 2014-2019 al 8,8% en la actualidad, según datos del SIPRI. Aunque quiere alcanzar la mayor autosuficiencia posible, fabricación de armas, en las circunstancias actuales es un objetivo imposible.

