- Europa en guerra El Kremlin ve el paraguas nuclear de Francia como una "amenaza" y advierte de que las tropas europeas en Ucrania "entrarían en la guerra" contra Rusia
Ante la perspectiva de que la guerra en Ucrania acabe mal, en Estonia, Letonia y Lituania hay miedo a que un Putin victorioso vaya a por más, ya sin sanciones y con la maquinaria bélica manteniéndose a pleno rendimiento. Los primeros movimientos de Donald Trump causan escalofríos en los bálticos, que saben que están en primera línea. Trump quiere reducir el presupuesto de su ejército y que Europa asuma su parte para centrarse en Asia. En estas pequeñas repúblicas temen que Estados Unidos retire todos o parte de los 20.000 soldados que desplegó en Europa Central con el inicio de la guerra.
En Estonia, Letonia y Lituania temen que a partir de este año pueda venirles encima la tormenta perfecta que llevan temiendo desde que recuperaron su independencia a principios de los noventa. Por un lado, Estados Unidos abdicando de su papel como principal garante de seguridad, y por otro, una Rusia liberada del esfuerzo bélico en Ucrania con industria militar y combatientes listos para otro asalto en el norte. "En el caso de los países bálticos, todo depende de las condiciones y de si se pone fin a la guerra rusa contra Ucrania. Si la Administración Trump obliga a Ucrania a aceptar una oferta rusa como la de Estambul y reducir el tamaño de su ejército, desarmarlo de hecho, entonces aumentan las posibilidades de que Rusia extienda su agresión", explica Aleksandar Djokic, analista político y antiguo profesor asociado de la Universidad RUDN de Moscú. "Sin embargo, si la guerra termina con un statu quo efectivo, una especie de Minsk 3, Rusia quedará comprometida con la contención de Ucrania, por lo que las posibilidades de que la guerra se extienda a Europa serían escasas".
Después de la anexión de Crimea, la OTAN desplegó cuatro contingentes multinacionales o battlegroups con fuerzas de entidad más o menos equivalente a un grupo táctico, que se instalaron en Letonia, Lituania, Estonia y Polonia. Actualmente, la OTAN tiene unos 3.000 hombres en cada república báltica, insuficiente para repeler una invasión rusa. Pero el dispositivo está organizado para poder pasar con rapidez a 20.000 en cada nación. Por ejemplo, hay una división británica que tiene a Estonia asignada. Podrían estar todos sobre el terreno en menos de dos semanas. Aunque la cantidad inicial de tropas podría no ser suficiente para detener una invasión rusa a gran escala, la presencia está diseñada para mostrar disuasión a través de la unidad de los aliados. Por eso, algunos grupos de combate pueden llegar a mezclar soldados de 10 nacionalidades distintas -incluyendo los locales-, transmitiendo a Moscú un mensaje de que atacar una nación tan pequeña supondría atacar a muchos países. España patrulla el cielo báltico y participa en el contingente de Letonia, donde tiene desplegados -entre otros- carros de combate Leopard, una unidad de zapadores y una batería de artillería con obuses.
Las matanzas en 2022 en Bucha y otras pequeñas localidades ucranianas situadas de camino a grandes ciudades han hecho que los estados bálticos se muestren todavía más preocupados por el dramático coste humano de la resistencia tras las líneas enemigas, pujando por una mejora en el enfoque de la alianza, que "comienza a cambiar su postura de disuasión mediante el castigo a disuasión mediante la negación" de acceso, explica la analista Marta Kepe, del think tankRand.org. Ya no se trata de mostrar al invasor que sería duramente atacado tras penetrar en el territorio, sino que, desde los primeros metros de incursión, afrontaría pérdidas colosales.
La invasión de Ucrania ha recordado a una nueva generación de lituanos el coste que tiene la guerra para los civiles. En Lituania nadie olvida que en 2022 las tropas rusas que intentaron tomar Kiev entraron desde Bielorrusia, aliada de Putin. "En Vilna estamos a 45 minutos de esa frontera", recuerda Ernesta, empleada de banca. El ex ministro de Asuntos Exteriores lituano, Vytautas Landsbergis, lo resume así: "Cuando vimos Bucha o Irpin, tantos edificios civiles destruidos, pensamos en nuestras ciudades y en nuestra gente". Los países bálticos, debido a su reducido tamaño, carecen de lo que los expertos llaman profundidad estratégica, por lo que una incursión menor supondría un mordisco enorme en su integridad territorial. En los primeros meses de la invasión de Ucrania, Rusia llegó a ocupar hasta más del doble del territorio que abarca Lituania. Lo que para Ucrania -el segundo país más grande de Europa- es una grave pérdida territorial, para una república báltica sería un Game Over.
En Estonia, el programa de presencia reforzada avanzada de la OTAN tiene allí ubicados 2.000 británicos y unos 600 franceses. También hay soldados daneses y un mínimo de cuatro cazas actualmente, a veces seis u ocho, que sirven -junto con la base de Lituania- para hacer las labores de policía aérea en estas tres repúblicas pegadas a Rusia, que apenas tienen aviación militar.
Actualmente hay 90.000 soldados estadounidenses estacionados en varios países europeos. Varios funcionarios y analistas que hablaron con el Financial Times temen que Trump retire los 20.000 soldados estadounidenses que Washington desplegó en Polonia, Rumanía, Letonia, Lituania y Estonia en 2022 tras el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania. Trump ha dicho que no replegaría todas las tropas estadounidenses de Europa como parte de un posible acuerdo de paz en Ucrania. Pero podría reducir esa fuerza por los recortes (hasta un 8%) que quiere hacer en Defensa y su reordenación de prioridades hacia Estados Unidos y Asia.
UN ORDEN MUNDIAL AUTORITARIO
Los bálticos temen el escenario de tener que recuperar territorios mientras ven a sus civiles sufrir bajo la ocupación rusa. Han reintroducido el servicio militar y han subido el gasto en Defensa. Pero de pronto, con Trump, nada parece ser suficiente. "La inquietud ha ido creciendo, los bálticos quisieron ser optimistas, porque, al fin y al cabo, en su anterior mandato Trump aumentó su presencia en el flanco este; después, con estas primeras declaraciones altisonantes prefirieron ser muy prudentes, para no atraer la atención de la Casa Blanca; simplemente defienden a Kiev sin criticar a Washington... aunque en privado ya están sacando conclusiones", explica un asesor especializado en seguridad afincado en los bálticos que prefiere no dar su nombre. La gran pregunta que se hacen en las capitales bálticas es: "¿Qué es lo que busca la Administración Trump?". "Puede ser que estén tras un acuerdo a toda costa, el que sea, en Ucrania", admite el asesor. Pero puede tratarse de "una reconfiguración del orden global, más autoritario". En cuanto a la salida de Estados Unidos de esos enclaves, "en público nadie habla de retirada de tropas, pero a nivel teórico sí lo están pensando, sobre todo en qué pasa si Washington dice que no iría a la guerra por estos países". El discurso de J.D. Vance en Munich y la bronca a Zelenski en el Despacho Oval han hecho virar la postura báltica: antes totalmente alineados con Washington, ahora más pendientes de Bruselas. "Hasta hace poco aquí apenas se hablaba de autonomía estratégica europea, sólo se podía hablar de la OTAN... pero ahora se habla de todo ello, y de bonos de defensa europeos".
"La gente está preocupada por si en [la primera reunión entre EEUU y Rusia en] Arabia Saudí se se firmó un pacto Molotov-Ribbentrop 2.0 a nuestras espaldas", añade el periodista lituano Benas Gerdziunas, en referencia a la repartición de estos territorios por parte de Hitler y Stalin en 1939. Hasta la fecha, la guerra de Ucrania ha alejado a Putin de los bálticos. Desde que el conflicto se intensificó en 2022, Rusia ha pausado sus planes de desarrollo militar planificados a lo largo de sus fronteras del norte con los países de la OTAN, como la duplicación pendiente de los 30.000 soldados que ha tenido estacionados a lo largo de su frontera con Finlandia. Pero estando ya muy involucrado en el conflicto, Putin ordenó en septiembre que el ejército ruso se incrementara en 180.000 soldados hasta alcanzar 1,5 millones de hombres en servicio activo, lo que lo convertiría en el segundo ejército más grande del mundo, después de China. El Servicio de Inteligencia Exterior de Estonia advierte de que Rusia está ampliando sus fuerzas armadas y "se prepara para una posible guerra futura con la OTAN".
El analista de Defensa lituano Vaidas Sald¸iunas insiste en que no hay tiempo que perder: es hora de rearmarse. "Incluso si empezamos ahora tardaremos más de dos años en estar listos". Si hay una amenaza directa de Rusia a Europa como la hubo hacia Ucrania a finales de 2021, será tarde para los que no hayan hecho los deberes. Europa no tiene existencias suficientes para una guerra larga, todos los planes contemplan a Estados Unidos en la ecuación. "Competiremos entre nosotros: nosotros pidiendo dinero prestado, pero el resto hará igual. Será más caro y complicado lograr las armas". Sald¸iunas recuerda el caso de Holanda, un país rico ya antes de la Segunda Guerra Mundial, que empezó a robustecer su ejército en 1939. "Necesitaban cinco años, pero no tuvieron ese tiempo". Además, recuerda, en Europa "ya no hay potencias coloniales, los recursos no son infinitos, y si Estados Unidos nos dice que no vende determinadas armas estaremos en problemas". Más todavía teniendo en cuenta que los países europeos han estado donando su munición y equipamiento a Ucrania, y que la reposición de arsenales ha sido lenta.
Los expertos hablan del talón de Aquiles de la seguridad europea en la región báltica: un estrecho corredor entre Polonia y Lituania que cruza de Rusia a Bielorrusia. Sald¸iunas cree, sin embargo, que los rusos atacarían en Letonia, "como han hecho siempre", porque es el país más débil militarmente y porque así dejan a los bálticos partidos en dos. En todos estos supuestos planes rusos juega un papel crucial el enclave de Kaliningrado, aislado del resto de Rusia, avanzadilla en el Báltico entre Polonia y Lituania. Las imágenes de satélite allí muestran dos cosas. La buena noticia, que la guerra de Ucrania ha vaciado las bases. La mala, que están siendo reformadas para acoger fuerzas más numerosas en cuanto el asunto ucraniano quede resuelto. Los soldados destinados a invadir los bálticos ya existen sobre el papel. Rusia ya tiene una economía de guerra en marcha, miles de hombres movilizados y con experiencia, cobrando buenos contratos con el ejército, un clima de propaganda imperialista y revisionista: una inercia difícil de contener.
Quizá el principal problema estratégico de Europa sea el futuro del paraguas nuclear estadounidense y la falta de armas nucleares tácticas propias: destinadas directamente a resolver problemas en el teatro de operaciones militares e incluso en el campo de batalla. Si Estados Unidos se niega formalmente a defender a Europa, la falta de armas nucleares tácticas crearía una "brecha en el sistema de disuasión" que Rusia podría explotar.
