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Aunque hay serias dudas sobre las cantidades, las posibilidades de extracción y su valor real, EEUU cree que Ucrania tiene yacimientos de al menos 22 de los 50 minerales raros o críticos que más necesita. Grafito, uranio, litio, tantalio, berilio, niobio, galio (fundamental para los semiconductores) y otras tierras raras, un conjunto de elementos esenciales para todo, desde los teléfonos móviles hasta los misiles. Un sólo caza de combate requiere cientos de kilos de esos minerales. El titanio es uno de los principales objetos de deseo, ya que antes de la guerra Ucrania iba camino de producir el 10% del total del planeta. Lo mismo ocurre con el litio, indispensable para las baterías y que el país invadido tiene en importantes cantidades.
EEUU está presionando de formas que rozan el chantaje más cruel (incluso amenazando con cortar el acceso vital a los satélites con el Starlink de Elon Musk) a un pueblo asolado tras tres años de guerra para quedarse al menos la mitad de esos depósitos. Para explotarlos o para que al menos otros, incluyendo los aliados europeos, no tengan acceso. Habrá acuerdo en los próximos días, incluso horas. El problema es que los números que maneja la administración son estimaciones, proyecciones. Para extraerlos hacen falta enormes inversiones y el éxito nunca es seguro.
En asuntos de geopolítica, al igual que en política nacional, económico o cultural, es muy difícil decir con exactitud qué es lo que busca Donald Trump. En su cosmovisión hay una mezcla de improvisación, mesianismo, realpolitik, autarquismo, jacksonianismo y un nacionalismo imperialista que resucita el destino manifiesto del siglo XIX, pero a medio construir. También mucho de simpatías o antipatías personales, aspiraciones egocéntricas (como ganar el Premio Nobel de la Paz, como alguno de sus predecesores) y puros intereses económicos.
Cuando habla de Gaza se juntan el amigo de Israel, el que desprecia al mundo árabe y el promotor inmobiliario, incapaz de no pensar en términos de edificios de lujo frente al mar cuando ve un territorio arrasado y allanado. Cuando habla de Panamá, evoca al Trump que desde los años 80 del siglo pasado se queja a gritos de que el mundo está lleno de desagradecidos. Entonces pagaba anuncios por todas partes para quejarse de que Japón era una enorme amenaza para EEUU, un país que no rendía pleitesía como se supone que debería y se permitía rivalizar económica, comercial e industrialmente. Lo mismo pasó en su primer mandato con Alemania. O de nuevo ahora con el país americano y su Canal. Como fue construido por EEUU, Trump cree que es su derecho controlarlo y expulsar a cualquier competencia, especialmente la China.
Los casos de Groenlandia y Ucrania no tienen mucho que ver, pero permiten ver dimensiones de esa visión geoestratégica. El territorio danés reúne tres elementos. Primero, la cuestión de la seguridad nacional estadounidense y el control de Rusia, gracias a la presencia militar y a los radares que pueden prevenir de lanzamientos de misiles. Segundo, la navegación, como en el caso de Panamá. El deshielo va haciendo de la zona un lugar de paso más que estratégico. Imprescindible en el futuro o para situaciones en los que haya tapones en la cadena de suministro global, como se vio hace no tanto con el barco atascado en el Canal de Suez. El tercer aspecto, claro, son las materias primas, combustibles y los minerales o tierras raras que necesita desesperadamente para hacer frente a China, poseedora de las mayores cantidades.
Eso lleva directamente a Ucrania. ¿Qué busca Trump con un giro increíble en la política de EEUU hacia el país y la guerra? De un lado está la dimensión global. Admira y respeta a Putin pero detesta a Zelenski. Porque es un héroe, porque es valiente, porque considera que ayudó a Biden y los Demócratas. Desprecia una y otra vez que se haya atrevido a plantar cara a alguien más fuerte. Son sus palabras, insistiendo en que le "pone enfermo" que prefiriera pelear cuando "las cartas las tiene Putin" o que no "quisiera llegar a un acuerdo". En su visión el fuerte tiene derechos sobre el débil y no le gustan las alteraciones del orden natural.
Por otro está el aspecto transaccional. Trump cree o al menos repite que su país le ha dado 200.000 millones más que la UE a Ucrania, lo que es rigurosamente falso. Europa ha movilizado más recursos en total, si bien parte de ellos son en préstamos. Eso le lleva a irritarse porque cree que la UE está recuperando o recuperará parte de lo comprometido y ellos no, así que lo ve como una estafa. Lleva años quejándose de que el dinero de los contribuyentes vaya a ayudar a Kiev en una guerra que considera estúpida. Así que quiere recuperar lo 'invertido'. Y la mejor forma son los minerales ucranianos.
Washington está intentando ahora forzar a Zelenski para que le ceda hasta la mitad de sus tierras raras ni siquiera a cambio de garantizar su seguridad futura, sino de la ayuda del pasado. Según el Instituto de Geología de Ucrania, el país posee tierras raras como el lantano y el cerio, que se utilizan en televisores y sistemas de iluminación; el neodimio, que se utiliza en turbinas eólicas y baterías de vehículos eléctricos; y el erbio y el itrio, cuyas aplicaciones abarcan desde la energía nuclear hasta los láseres. Una investigación financiada por la UE citada por Reuters también indica que Ucrania tiene reservas de escandio.
La semana pasada, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, presentó a Zelenski un acuerdo en Kiev, pero éste se negó a firmarlo, alegando que la parte ucraniana debía estudiarlo más a fondo y que el acuerdo debía contener algún tipo de garantías de seguridad para Ucrania. Horas después, en Múnich, EEUU se lo volvió a poner delante exigiendo que firmara, sin tiempo para negociar o estudiar. Y al resistirse llegaron los ataques, Trump llamándole "dictador", Trump acosando en su red social, Bessent llamándolo mentiroso por decir que habría acuerdo y no sellarlo.
Zelenski había calificado la propuesta inicial de "poco clara", señalando que exigía una participación del 50% en una lista de depósitos minerales y que la demanda de Trump de 500.000 millones de dólares era excesiva. No sólo porque EEUU haya aportado más en el entorno de 100.000 millones de dólares, sino porque el propio PIB ucraniano no llega a los 180.000 millones de dólares. Firmará, porque no tiene alternativa, pero espera que en mejores condiciones.
Entre el 20% y el 40% de los depósitos de Ucrania de minerales críticos estarían ubicados en zonas del país actualmente bajo ocupación rusa, según George Ingall, analista de precios de Benchmark Minerals Intelligence citado por The Wall Street Journal. El Foro Económico Mundial ha señalado que Ucrania también es un proveedor potencial clave de berilio, manganeso, galio, circonio, grafito, apatita, fluorita y níquel. Sólo las reservas de grafito del país, un componente clave en las baterías de vehículos eléctricos y reactores nucleares, representarían el 20% de los recursos mundiales, según esos cálculos indicativos.

