La guerra de desgaste iniciada por el Kremlin para asfixiar al ejército de Ucrania empeza a pasar factura también a su promotor. En las últimas semanas se han multiplicado los asaltos a las líneas enemigas de las tropas de la Z a bordo no sólo de enjambres de motocicletas chinas, carritos de golf o de bujankas (la vetusta furgoneta militar soviética, parecida a la de Scooby Doo), sino incluso de patinetes eléctricos. Los muertos y heridos rusos superan los 1.500 cada día según The New York Times por culpa de estos asaltos sin protección.
La degradación de las fuerzas blindadas rusas es tal que incluso se plantean asaltos a pie, en los que los militares rusos son cazados por drones a plena luz del día y en terreno llano. El rodillo de Moscú no repara en bajas para conseguir sus objetivos de mínimos. Varios soldados ucranianos heridos en las afueras de Pokrovsk admitieron a este reportero que esos soldados rusos que avanzan en motocicleta o en patinetes "están totalmente desprotegidos, pero a la vez les permite moverse rápido, lo que puede eludir el fuego de ametralladoras o de artillería".
En febrero de 2022, cuando la invasión comenzó, Rusia tenía unos 3.200 carros de combate en servicio, más de los que tienen todos los países europeos juntos. Hoy, las pérdidas demostradas por observación de fuentes abiertas elevan estas cifras hasta los 3.668 pérdidas rusas de tanques, cifras que sólo pueden compararse con la grandes batallas de la Segunda Guerra Mundial, sin contar con miles de unidades de otros tipos de blindados.
Canibalizados
Es decir, Rusia ha perdido más carros de combate que los que tenía en servicio. La razón es que ha recuperado miles de viejos blindados de los almacenes soviéticos (modelos T62, T72 y T80). Pero el problema para las tropas de Vladimir Putin es que, con este ritmo acelerado de pérdidas, no da tiempo a actualizar esas unidades anticuadas en las fábricas.
Los almacenes se van vaciando a ritmo alto y en muchos sólo quedan aquellas unidades que ya han sido canibalizadas por piezas y que resultan irrecuperables. Varios expertos aseguran que a mediados de 2025 esa reserva soviética se habrá agotado por completo. Además, Rusia puede perder sus reservas de vehículos, pero sigue teniendo a muchos militares para lanzar al asalto. Muchos más que Ucrania.
Desde Moscú se sigue vendiendo la idea de que "Rusia avanza", que no es mentira pero que resulta, cuanto menos, matizable. En la guerra del Donbás (2014) Rusia y las milicias independentistas del Donetsk y Lugansk llegaron a controlar un 14% de Ucrania. Hoy, desde que comenzó la llamada por Putin "Operación Militar Especial", Rusia ha añadido en tres años un exiguo 6% a esas conquistas, completando hoy un 20% de territorio ucraniano en manos de una potencia nuclear que presumía de ser uno de los ejércitos más poderosos del mundo.
En el último año, 2024, Moscú ha sumado un 0,5% al total (2.800 kilómetros cuadrados), y esa es la mayor victoria de la que presumen, gracias a la ofensiva que comenzó en Avdivka (un suburbio de Donetsk cuya toma se completó en febrero de 2024) y las aldeas que han ido ocupando hasta las afueras de la ciudad de Pokrovsk, que aún se mantiene en manos ucranianas. Son unos 30 kilómetros de avance que han costado unos 2.100 blindados, unos 80.000 muertos y 300.000 heridos según cálculos del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en ingles).
Por parte ucraniana, persisten los viejos problemas de mano de obra y de armamento. La escasez de soldados, lejos de solucionarse, ha empeorado, lo que provoca que Ucrania no tenga militares suficientes para defender toda la línea del frente y tenga que permitir estos avances marginales rusos cuando a los soldados se les acaban las balas o son superados en números de 10 a uno. Es el caso del área de Pokrovsk, aunque los rusos aún no han conseguido llegar hasta la ciudad, de la misma forma que tampoco han conseguido ocupar, Kupiansk, Toresk o Chasiv Yar, otros objetivos en los que ha puesto miles de soldados durante meses.
Esta circunstancia intenta superarse con cada vez más drones en el campo de batalla. De momento, Ucrania lidera esta carrera tecnológica no sólo en número, sino también en inventiva. Esta misma semana, un solo dron naval Magura 5, modelo responsable de varios hundimientos de navíos de guerra rusos, derribó dos helicópteros de combate rusos. Es la primera vez en la historia que esto sucede.
Desde hace unos meses, los helicópteros se habían convertido en el mejor método para acabar desde el aire con estos ingenios marítimos tripulados a distancia. Pero los ingenieros de Kiev han ido más allá colocándole misiles antiaéreos. El propio canal Fighterbomber, cercano a la Fuerza Aérea rusa, reconoció los derribos de dos Mi8 (grabados en vídeo) y la pérdida de sus tripulaciones en el mar Negro.
Drones con cable
Además, tanto Ucrania como Rusia han comenzado a usar unos drones de ataque con cables ópticos, inmunes a la guerra electrónica que anula las frecuencias en todo el frente. Si el dron, en su vuelo, no se engancha con árboles o postes de la luz, nada puede detener su trayectoria. El único problema es que ambos ejércitos deben acercar a los pilotos de drones a primera línea para que el rango del aparato y la batería permitan atacar objetivos en la retaguardia, a varios kilómetros.
Rusia sigue con su estrategia de bombardeos de ciudades ucranianas a gran escala. Los ataques nocturnos en Kiev ya se han vuelto diarios y suponen toda una prueba de resiliencia para la población, sobresaltada por las explosiones y la defensa antiaérea. Moscú ha doblado la producción de drones Saheed y los usa de forma masiva. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, también ha señalado que Ucrania aumentará los ataques con drones y misiles aún más autónomos y poderosos contra Rusia en 2025 como parte de los esfuerzos para lograr que Rusia acepte las demandas de Ucrania de una "paz justa" en futuras negociaciones.
Mientras tanto, las tropas de la Z siguen intentando, de momento con poco éxito, echar a los ucranianos de la región de Kursk con la ayuda de los 12.000 norcoreanos que envió Pyongyang, de los que al menos 1.000 ya han fallecido según asegura el Pentágono. Kiev sigue controlando unos 700 kilómetros cuadrados mientras se va acercando el día de la toma de posesión de Donald Trump, fecha que se había señalado como crítica por Moscú para recuperar esa zona antes de cualquier intento de alto el fuego. Pero por desgracia para Putin, tras casi tres años de guerra el ejército ruso ya no tiene fuerzas para golpear en dos lugares a la vez.

