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Que la implosión del tripartito alemán coincidiera con la victoria de Donald Trump ha sido una jugarreta del destino, aunque habrá similitudes con las elecciones estadounidenses si el canciller Olaf Scholz insiste, como hizo Joe Biden en su momento, en presentarse a la reelección.
Con el Gobierno hecho añicos y políticamente más débil, Scholz ha reiterado que concurrirá como cabeza de lista del Partido Socialdemócrata (SPD) a las elecciones que ahora se celebrarán de forma anticipada y que lo hará para ganarlas. La ejecutiva de partido le apoya, pero hay barones que ven a Scholz amortizado y barajan como alternativa al ministro de Defensa, Boris Pistorius. Su personalidad y lenguaje corporal le hacen más cercano. Es el político más popular de Alemania.
La coalición de socialdemócratas liberales (FDP) y Verdes de Scholz ha sido un fracaso. Las diferencias en materia fiscal y económica han sido continuas, públicas e irreconciliables. El resultado de tanta batalla ideológica y bloqueo ha sido inacción y pérdida de confianza de los electores. Del 51% de apoyos que sumaba el tripartido tras las elecciones se ha reducido a la mitad. El último sondeo, previo a la implosión de la coalición, daba al SPD una intención de voto del 15% y a los Verdes un 10%, mientras que el FDP oscilaba por debajo del 5% necesario para entrar en el Bundestag.
Cuando el agua llega al cuello, la vocación de servicio público de los líderes políticos se mide en sus opciones de éxito y tanto las de Scholz como las del ministro de Finanzas y líder del FDP expulsado del Gobierno, Christian Linder, eran escasas a corto y medio plazo. La ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, del partido de los Verdes, lo vio hace tiempo y en septiembre se puso a salvo. Anunció que no repetiría como candidata a la Cancillería. Pasó, sin decirlo, la patata caliente a su colega, el ministro de Economía, Robert Habeck, que aún no se ha pronunciado al respecto. Opciones de convertirse en canciller no tiene ninguna.
En el sálvese quien pueda o de qué manera se podría rentabilizar el fracaso de la coalición, la estrategia de Scholz y de Lindner ha sido muy parecida. Los rumores de que el FPD abandonaría el barco corren desde finales de septiembre, tras las derrotas electorales de la coalición en Turingia y Sajonia. Pero Lindner no podía hacerlo como reacción a un golpe electoral. Para recuperar a sus electores necesitaba un relato y este le ha venido en la negociación de los presupuestos generales. Lindner, como prometió en su campaña electoral de 2021, se ha negado a levantar el freno de la deuda. El choque con sus socios, sin programas sociales para lucirse y sin subvenciones que dar, era inevitable.
Lindner, según fuentes del FPD a este diario, prefería que su salida de la coalición la decidieran los otros para no ser acusado de abandonar sus responsabilidades, y lo ha conseguido. Puede que no fuera el momento deseado, pero ya tiene relato. Ha sido víctima de un canciller ineficaz y sin visión de futuro. Castigado por mantenerse fiel a sus principios.
También gana el canciller, o eso cree. Con las encuestas en contra, con poca o ninguna capacidad de comunicación, ausente de los grandes debates, que deja para los ministros competentes, el canciller necesitaba dar un golpe en la mesa y demostrar a los electores y a su partido quién es el jefe, más allá de recordar públicamente que "yo soy el canciller". Otra cosa es si Scholz se ha revestido de la autoridad que se le echa en falta sacrificando a quien iba a ser uno de sus verdugos.
Uno de sus verdugos, porque el SPD es otro. El partido, con Scholz como candidato, no tiene opción de ganar las próximas elecciones. Le mandan al matadero. Los conservadores de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y de la Unión Socialcristiana bávara (CSU) lideran los sondeos con el 30%, el doble que el SPD. Si los socialdemócratas no sacan un conejo blanco de la chistera para dar la vuelta a la situación, su futuro inmediato está en la oposición o como segundos en un gobierno de coalición, naturalmente sin Scholz.
Dicen en el SPD que nada se puede hacer si el canciller quiere volver a presentarse como candidato salvo apoyarle. Lo mismo sucedió con Biden, hasta que los barones del Partido Demócrata le hicieron ver que el bien general está por encima de lo individual.
El canciller viajó anoche a Budapest para sumarse a la cumbre europea, y es de prever que sus colegas hagan pregunta, aunque su intención es evitar cualquier discusión sobre su viabilidad futura. En línea con el lema "mostrar responsabilidad" en tiempos de Trump, guerra y crisis económica, Scholz prefiere apelar a la responsabilidad de la oposición. Dicho de otra manera, el canciller pretende que la CDU-CSU le ayuda a salir del agujero que él mismo se ha cavado.
