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Bruselas pasa de creer en la victoria de Kamala a estremecerse con el triunfo arrollador de Trump: "Debemos estar unidos, tratará de dividir a los europeos"

En la capital se había extendido la esperanza de que Harris ganase, pero la realidad es que ahora habrá múltiples puntos de fricción. Rusia, Oriente Próximo, unas medidas arancelarias que se dan por seguras o la inversión en Defensa son solo algunas de ellos.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente electo de EEUU, Donald Trump, en una imagen de 2020.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente electo de EEUU, Donald Trump, en una imagen de 2020.EM
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El discurso oficial es claro. Aparentemente seguro e incluso contundente. "Tenemos una de las economías más fuertes del mundo. Somos un socio comercial importante, una potencia exportadora y tenemos orientaciones políticas muy, muy sólidas", afirmaba esta misma mañana el principal portavoz de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Pero lo que se nota en el ambiente de Bruselas y lo que subyace en las conversaciones es, primero, sorpresa, porque en la capital comunitaria se había extendido en los últimos días la creencia de que la victoria de Kamala Harris era una posibilidad real y no sólo un deseo. Y, después, verdadera preocupación, que roza incluso el temor, ante el triunfo arrollador de Donald Trump que le convierte en presidente electo de Estados Unidos.

La relación con Vladimir Putin y Rusia, el futuro de la guerra de Ucrania o la muy probable necesidad de que Europa tendrá que defenderse en mayor medida por sí misma son algunos de los puntos que más alarman en Bruselas. También la posición que adopte Trump ante el conflicto en Oriente Próximo y la relación con Israel, lo que a su vez puede traducirse en un cambio de perfil en el puesto de embajador de EEUU ante la Unión Europea. Por supuesto, el aspecto económico y la posible guerra comercial también preocupa. De hecho, se dan por seguras medidas arancelarias.

Y todo ello sazonado con una buen puñado de gobiernos liderados por extremistas y radicales cercanos a Trump. Más fuertes y numerosos que en la anterior presidencia del magnate. El húngaro Viktor Orban, que ya dijo que celebraría la victoria republicana con champán, es el ejemplo más evidente. Pero en Bruselas tampoco se pierde de vista a la presidenta italiana, Giorgia Meloni, que hoy ha querido recordar la "alianza inquebrantable". Por eso, el mensaje es claro. "Debemos estar unidos porque Trump tratará de dividirnos", subrayan en diferentes ámbitos de la capital comunitaria.

La sensación de que la confrontación va a ser dura y inevitable no hace más que refrendarse al observar cómo ha felicitado Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo, a Trump: "Europa está preparada". Punto. Y a continuación, ya sí, "en los retos geopolíticos" o en "mantener fuerte el vínculo transatlántico". Pero el mensaje es claro.

La presidenta Von der Leyen, por su parte, ha preferido ensalzar que la Unión Europea y Estados Unidos son "más que aliados". "Estamos unidos por una verdadera asociación entre nuestros pueblos, que reúne a 800 millones de ciudadanos", ha asegurado en su perfil de la red social X.

Y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha apuntado directamente a Rusia, a China y a la "creciente alineación" de estos países con Corea del Norte o Irán. "Trabajar juntos a través de la OTAN contribuye a disuadir las agresiones, proteger nuestra seguridad colectiva y apoyar nuestras economías", le ha recordado a Trump y ha incidido en algo que fue muy importante en el anterior mandato del presidente electo: "Dos tercios de los aliados gastan actualmente al menos el 2% de su PIB en defensa, y el gasto y la producción en defensa siguen una trayectoria ascendente en toda la alianza".

Ese 2% del Producto Interior Bruto de cada país, sin embargo, se antoja ya una cifra muy redudida dado que desde el equipo de Trump adelantó ya en agosto que exigiría un punto más a los socios de la OTAN. Esto es, un 3% que muy pocos países alcanzan. El caso más llamativo es el de España, que apenas alcanaza un 1,2% y es el país que menos invierte en Defensa de toda la Organización.