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A falta de un mes para las elecciones de EEUU, Harris es favorita... si las encuestas, por una vez, no se equivocan

La clave es el llamado "votante tímido de Trump", una cantidad importante de personas que no salen en las encuestas pero que votan por el republicano.

Simpatizantes de Trump en un mitin de la anterior campaña electoral.
Simpatizantes de Trump en un mitin de la anterior campaña electoral.Leah MillisREUTERS
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Queda un mes para las elecciones de Estados Unidos, y la frase de rigor es "Kamala Harris lleva ventaja a Trump, pero dentro del margen de error". Eso es lo que corresponde cuando un candidato saca entre uno y cinco puntos a su rival. Y ese es el caso de la vicepresidenta, que va por delante en todas las encuestas, con las excepciones de las de las empresas Rasmussen Reports y Trafalgar Group, a las que pocos toman en serio porque suelen sobreestimar la intención de voto de todos los candidatos republicanos en, respectivamente, 1,5 y 2 puntos porcentuales, según la web especializada en estadísticas FiveThirtyEight, propiedad de la cadena de televisión ABC.

El problema para las empresas de encuestas - y, desde luego, para Harris - es que eso ya pasó en 2016 y en 2020. En ambos comicios, Trump sacó muchos más votos de los esperados. Y, con su magra ventaja, Harris sabe que, si eso se repite en 2024, el republicano va a ganar de forma clara y contundente.

La clave es la aparición de una subespecie de ciudadano nueva: el "votante tímido de Trump" ("Trump shy voter"), formada por varios millones de personas que no salen en las encuestas pero luego votan por ese candidato. Identificar a ese unicornio electoral se ha convertido en una de las obsesiones de los encuestadores en este 2024. Si el "votante tímido" deja de serlo y está reflejado en las encuestas, Harris puede ganar. Si no, puede ir despidiéndose.

En realidad, no es un votante tímido. Es un votante que los encuestadores no encuentran. Un ejemplo: en estas elecciones, los expertos creen que va a haber un considerable número de personas de edad avanzada que no han votado en mucho tiempo -y que, por lo tanto, suelen escapar del 'radar' de los encuestadores, o no responden a los cuestionarios- y va hacerlo ahora en favor de Trump. Ese grupo puede más que compensar el voto joven, que vota demócrata, y se ha reactivado con el nombramiento de Harris como candidata y el llamamiento de la cantante Taylor Swift a votar por ella.

Los precedentes condenan a Harris

Pero, al margen de la especulación sobre lo que está pasando ahora, el precedente histórico es horrible para Harris. Tomemos, por ejemplo, el estado de Pennsylvania, que es el más importante de los siete que van a decidir el ganador el 5 de noviembre. Según la media de encuestas de la web, de orientación 'trumpista', RealClearPolitics, Harris y Trump estaban el viernes empatados, con un 48,2% de la intención de voto cada uno. Eso significa que, si las encuestas no han mejorado, lo mejor que puede hacer la vicepresidenta es no volver a pisar ese estado y darlo por perdido. Porque, de acuerdo con la misma estadística, Hillary Clinton llevaba en Pennsylvania el 4 de octubre de 2016 nada menos que 5,4 puntos a Trump. Cuando se contaron los votos, Trump ganó con un 0,7%. El 4 de octubre de 2020, Biden iba 6,5 puntos por delante de Trump. Ganó, pero solo por un 0,2%.

Eso significa que la media de RealClearPolitics, que es la más usada por los medios de comunicación, tiene un sesgo en contra de Trump en Pennsylvania de entre 6,1 y 6,3 puntos porcentuales. Es una diferencia gigantesca en unas elecciones, máxime cuando se trata de un territorio bien comunicado, situado exactamente entre Washington y Nueva York, con una alta densidad de población y dos de las ciudades más importantes del país, Filadelfia y Pittsburgh.

Lo mismo sucede en los otros seis estados decisivos. En Wisconsin, la media de encuestas se equivocó a favor de los demócratas por la friolera de seis puntos tanto en 2016 como en 2020. En Michigan y Carolina del Norte, las previsiones mejoraron algo en 2020, pero, aun así, sobreestimaron el voto de a favor de Biden en entre uno y tres puntos. En Arizona les pasó lo contrario. Tras acertar a la perfección en las elecciones de Trump contra Clinton, patinaron en las de Biden, cuando exageraron la ventaja de éste en tres puntos. Solo en Georgia acertaron en ambos años, mientras que en Nevada, haciendo gala de un notable espíritu bipartidista, metieron la pata en 2016 a favor de Clinton y en 2020, de Trump.

Muchos de estos fallos entran dentro del margen de error de las estadísticas. Una diferencia de entre uno y tres puntos es imposible de eliminar. Pero una de seis, como en Pennsylvania y Wisconsin, es más difícil de entender, máxime cuando se repite dos años y siempre es a favor del mismo partido político. Está claro que el modelo de encuestas políticas no funciona.

Los encuestadores lo niegan, e insisten en que esta vez sí que han adaptado sus modelos a la nueva realidad, haciéndolos, por ejemplo, menos dependientes de los datos del censo y de las llamadas telefónicas a líneas fijas, y haciendo más sondeos en internet, que se ha convertido en una fuente de información política clave, especialmente entre los seguidores de teorías conspiratorias que suelen votar a candidatos ultras como Trump. Al final, las encuestas parecen, más que una ciencia, una bella arte. Una bella arte que, para la campaña de Kamala Harris, es una especie de estampa goyesca de la serie de 'Los desastres de la guerra'.