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Oriente Próximo

Mujer, Vida y Libertad: Una protesta que sigue viva pese a la presión del régimen iraní

La muerte de Mahsa Jin Amini en custodia policial hace dos años, desató las protestas "Mujer, Vida y Libertad" para exigir más derechos y libertades en Irán

Una mujer sin velo se sube a un vehículo, durante un homenaje a Mahsa Amini en el cementerio de Saqez.
Una mujer sin velo se sube a un vehículo, durante un homenaje a Mahsa Amini en el cementerio de Saqez.AFP
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Las autoridades iraníes han convertido el 16 de septiembre en una jornada conmemorativa plagada de detenciones e hipervigilancia en las calles. Durante la víspera presionan a los comercios para que no secunden huelgas y se interrogan a familiares de activistas. En la última semana también se han instalado más cámaras de reconocimiento facial para detectar a las conductoras que infringen la normativa.

Las reglas impuestas contra las mujeres en Irán, obligadas a cubrirse el cabello en el espacio público, son las que provocaron la detención hace dos años de Mahsa Jin Amini, una estudiante kurda que vivía en Teherán. Las imágenes de Amini en cuidados intensivos, intubada y con el rostro visiblemente golpeado causaron una enorme indignación social. Su muerte en custodia policial evidenció una vez más, la impunidad de la que gozan las fuerzas de seguridad. Mahsa Jin Amini se convirtió en un símbolo de la lucha por la libertad de las mujeres en el país. Miles de mujeres salieron a las calles a quemar sus velos y a cortarse el cabello como muestra de la libertad y la autonomía sobre sus propios cuerpos.

Poco después las calles se llenaron de mujeres y hombres que gritaban contra el régimen, contra la falta de libertades y la ausencia de cambio ante una crisis económica que azota el país desde hace años. Lejos de ceder ante ninguna de las proclamas, las autoridades iraníes respondieron con una brutal represión, con disparos contra los manifestantes, detenciones, tortura y palizas. Al menos 500 manifestantes murieron en actuaciones policiales y más de 20.000 fueron detenidos, en una cacería contra la disidencia que continúa a día de hoy. Pese a las denuncias de grupos de derechos, ningún oficial ha sido procesado por abuso de poder o tortura. El Consejo Superior de Derechos Humanos de Irán, un organismo supuestamente independiente pero conectado al poder judicial iraní, sí que realizó una investigación sobre las detenciones durante las protestas tras la muerte de Amini. Sin embargo, concluyó que no se había producido ningún tipo de violación de derechos en custodia policial. Una investigación de Amnistía Internacional (AI) denuncia que "no se han llevado a cabo investigaciones penales efectivas, imparciales e independientes" y las autoridades actúan con total impunidad. "Las fuerzas de seguridad han pasado los dos últimos años librando una campaña de propaganda de negación y distorsión para ocultar las pruebas de sus crímenes e intentar intimidar a los supervivientes y a las familias de las víctimas para que guarden silencio", denuncia Diana Eltahawy, responsable de Amnistía Internacional (AI) en Oriente Próximo.

Mahsa Amini.
Mahsa Amini.E. M.

En estos dos últimos años las autoridades han ejecutado a diez hombres por su participar en las protestas. En todos los casos las víctimas fueron forzadas a confesar crímenes bajo tortura -incluso violencia sexual- según denuncian grupos de derechos y los abogados de los procesados. Decenas de detenidos han sido sentenciadas a pena de muerte, incluido activistas feministas como la sindicalista kurda Sharifeh Mohammadi y Pakhshan Azizi, condenadas por "rebelión contra el Estado".

En la calle, la presión de las autoridades también ha empeorado. Si bien tras las protestas, las autoridades retiraron a la llamada "policía de la moral" -un cuerpo no institucionalizado formado por hombres y mujeres ultraconservadores que vigilan las calles- en abril incrementaron las penas de prisión y multas por no llevar velo en la calle. La normativa abarca a las mujeres que conducen en sus vehículos privados o que entran en establecimientos. Aproximadamente cada semana aparece un vídeo en redes sociales de mujeres siendo detenidas o golpeadas en la calle por no llevar el hiyab. Uno de los casos más polémicos ocurrió en agosto, cuando Arezoo Badri fue disparada por la policía y quedó paralítica por conducir sin velo. "Podemos pensar que el movimiento Mujer, Vida y Libertad fue reprimido antes de lograr determinados resultados, pero se produjo una gran revolución y transformación en las mujeres y niñas iraníes", señala Mashid, farmacéutica, al Centro de Derechos Humanos de Irán (CHRI). "Tras las protestas aprendí a enfrentarme a mis miedos. El movimiento me enseñó que, como mujer, tengo un papel mucho más importante que el que la sociedad y el gobierno me han impuesto", añadió.

En junio los iraníes eligieron a un presidente reformista, Masud Pezeshkian, crítico con la represión policial de las protestas por la muerte de Mahsa Amini. Sin embargo, su cargo no tiene poderes suficientes como aligerar la presión actual contra las mujeres. "No sabemos tampoco si Pezeshkian quiere. Las mujeres se encuentran en medio de esta partida de ajedrez entre la policía, el presidente, el consejo de guardianes...", describe Nazli, una doctora de Teherán. "Pero las mujeres siguen resistiendo y saliendo a la calle", asegura.