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Edmundo, 'presidente' por accidente

Este diplomático de 75 años nunca militó en ningún partido; tranquilo, siempre prudente y con mucho sentido común, se convirtió en la esperanza para presidir un país destruido por el chavismo

Edmundo González, el pasado mayo en Caracas.
Edmundo González, el pasado mayo en Caracas.GABRIELA ORAAAFP
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"Me siento muy tranquilo", aseguró Edmundo González Urrutia, de 75 años, al asumir en abril la candidatura de la oposición democrática contra la todopoderosa revolución bolivariana. Menos de cinco meses después, y perdida toda la tranquilidad, el diplomático retirado ya está en Madrid, protegido por el Gobierno español y muy lejos del país a quien prometió encabezar la transición democrática.

El "buen puerto" final que tantas veces evocó durante la campaña electoral de momento se convirtió en el aeropuerto de Torrejón al inicio de su exilio español, muy lejos del palacio de Miraflores.

Para la historia ya ha dejado un hito: una victoria por goleada bajo el paraguas de María Corina Machado, la líder que supo conectarse emocionalmente con un pueblo abatido. Más de cuatro millones de votos de ventaja, con números que incluso superaron a Hugo Chávez.

Cuando el que fue embajador en Argelia y Argentina a principios de siglo hasta que fue cambiado por el comandante supremo, y también integrante del Consejo Editorial del diario El Nacional, asumió semejante reto sabía que se trataba de un desafío agridulce para él, un amante de las golosinas. Las mismas que comía una y otra vez cuando antes de esta cruzada por la democracia acudía todas las tardes a ver cómo su nieto jugaba al fútbol en los campos caraqueños de entrenamiento.

Todo eso cambió de un día para otro para el diplomático que siempre se movió entre los bastidores de la Unidad Democrática, tanto de asesor en materia internacional como formando parte de su junta directiva. González no militaba en ningún partido y había trabajado con todas las administraciones desde que entró en el servicio exterior en 1971.

Absolutamente desconocido para el país, Edmundo para todo el mundo, como le bautizaron los jóvenes en las redes sociales, asumió el reto al convertirse en la única salida del laberinto creado por la revolución. Machado también dio su visto bueno, pese a saber que el círculo más cercano a González Urrutia está conformado por antiguos dirigentes democristianos, con quienes mantenía diferencias políticas. El candidato del cambio y de la transición, como él mismo se definió, prosiguió en la liza electoral gracias a la presión internacional y al papel decisivo de Estados Unidos. Sólo tardó unos días en conquistar el corazón de los venezolanos a la sombra de la caravana de la libertad con la que Machado dio luz y esperanza a la Venezuela profunda.

Edmundo procede de una familia modesta de La Victoria, a 70 kilómetros de Caracas. Siempre estudió en colegios, liceos y universidades públicas, incluso el posgrado que realizó en Estados Unidos fue costeado por la Cancillería venezolana de su tiempo. El diplomático recuerda siempre que su madre y su tía fueron sus maestras en la escuela de Primaria.

Y fue allí mismo donde comenzó una campaña para la Historia, en volandas hasta conseguir el 67% de los apoyos frente al 30% de Maduro. "Es muy amable, una persona muy correcta, muy educada, de valores intachables y donde su familia juega un papel trascendental", desveló para EL MUNDO uno de sus principales colaboradores.

Su hoja de vida es tan intachable que el chavismo se vio obligado a inventar una biografía absurda para su guerra sucia, en la que Edmundo se convertía en una agente de la CIA especialista en asesinar jesuitas. Ni siquiera las fechas encajaban en el cuento revolucionario.

Con las semanas, el diplomático se convirtió en el candidato alternativo perfecto: siempre prudente, no cometía errores y sólo algunas tensiones entre equipos jalonaron su travesía electoral. "No se trata de un zorro viejo de la política, ni mucho menos. Más bien es un tecnócrata de la diplomacia, sin agilidad para el momento, pero sí un pensador para una carrera de fondo", añade la misma fuente.

Sin carisma, sin glamour, pero con mucho sentido común, se convirtió en la esperanza para presidir un país destruido. Todo comenzó a cambiar tras la noche electoral, con el gran fraude y la persecución salvaje que comenzó ese mismo día. Edmundo regresó a una embajada, esta vez para refugiarse. La cuenta atrás para su exilio había comenzado.