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Elecciones británicas: 'éxodo' de los 'tories' y 'purga' laborista

Casi 80 diputados conservadores no optarán a la reelección en los comicios generales

Rishi Sunak y Keir Starmer.
Rishi Sunak y Keir Starmer.AFP
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El toque de retreta en Westminster ha sacado a flote las fisuras de los dos grandes partidos del Reino Unido. Casi 80 diputados tories han anticipado que no se presentarán a la reelección el 4 de julio, en un éxodo aún mayor que el de 1997 en la antesala de la aplastante derrota de John Major ante Tony Blair, y como claro reflejo del derrotismo en las filas del Partido Conservador al cabo de una semana marcada por los fiascos de campaña de Rishi Sunak.

El líder laborista Keir Starmer ha reabierto entre tanto la caja de los truenos en el flanco izquierdo de su partido. Diane Abbott, de 70 años, la primera diputada negra en la Cámara de los Comunes, se ha negado a aceptar "una salida digna" y ha acusado a su líder de realizar una "purga". Otros dos diputados del ala dura, Faiza Shaheen y Lloyd Russell-Moyle, han recibido cartas advirtiendo que han sido "suspendidos" o "deseleccionados" por el partido.

La desbandada de los tories arrancó a primeros de año y se ha intensificado en la última semana. El último portazo lo ha dado la diputada Lucy Allan, que dio su apoyo a su rival de Reform UK Alan Adams en el momento de la despedida. El sonado adiós de Lucy Allan dejó a la luz el desaliento que se ha instalado en las filas del Partido Conservador ante la decisión de Rishi Sunak de adelantar las elecciones al verano, pese a los 20 puntos de desventaja en las encuestas.

La baja más sonada en la cuenta atrás ha sido sin embargo la de Michael Gove, ex socio de Boris Johnson en la campaña del Brexit y eterno superviviente en medio de la tormenta de los cinco primeros ministros. "Los políticos no somos reclutas", recalcó en el momento de su retirada al cabo de 20 años como diputado. "Somos voluntarios que elegimos nuestro destino... Llega un momento en el que uno decide que es el momento de marcharse y de ceder el liderazgo a una nueva generación".

La ex premierTheresa May ha arrojado también la toalla, no sin antes clavarle una pulla a Boris Johnson y a Liz Truss. "Hay un elemento en la política hoy en día que está ligado al populismo y a la expectativa de hacerse famoso. Creo que algunos de mis sucesores han caído en esa categoría... Y pienso que hay una necesidad, como políticos que somos, de recordar el sentido del servicio a los ciudadanos".

El ex secretario de Salud Matt Hancock, que dimitió por violar las reglas del Covid con su amante y dio el saltó a los reality shows con Soy famoso, sacadme de aquí, se da también el piro, al igual que Sajid Javid, Nadhim Zahawi y demás ministros quemados durante la era Johnson. Kwasi Kwarteng y Dehenna Davison, celebrada en tiempos como la joven promesa conservadora, son algunas de las víctimas más destacadas de Liz Truss, que aspira sin embargo a la reelección en su distrito de South West Norfolk pese al caos creado en sus 49 días en Downing Street.

Otro que ha decidido atarse al mástil es el secretario del Tesoro Jeremy Hunt, que presume de haber devuelto la "estabilidad" a la economía británica y promete ahora "bajar los impuestos en un futuro Gobierno conservador". La despedida más emotiva ha sido en cualquier caso la del diputado biónicoCraig Mackinlay, que perdió brazos y piernas por un caso agudo de sepsis y acababa de reincorporarse a su escaño: "Mi corazón me dice que siga, pero mi cabeza sabe que es imposible".

Y, ayer mismo, en su despedida de Westminster, el diputado tory Mark Logan pidió el voto para el Partido Laborista con la esperanza "de devolver algo de optimismo a los británicos". En declaraciones a la BBC, Logan aseguró que los laboristas "han efectuado un viaje hacia el centro" mientras que el Partido Conservador "ha quedado irreconocible" tras las sucesivas crisis y los cambios de primeros ministros.

En total, 131 de los 650 diputados se baten en retirada, con 79 conservadores a la cabeza, aunque podrían ser más en los próximos días. Aunque la cifra supera a la registrada en 1997 tras los gobiernos conservadores de Thatcher y Major, se queda aún por detrás del éxodo de 149 parlamentarios -en su mayoría laboristas- tras los 13 años de gobiernos de Blair y Brown.

Los laboristas se enfrentan esta vez al descontento creado por Keir Starmer en su empeño de marginar al ala izquierda del partido y consumar con hechos ante los votantes su viraje al centro. Tras la polémica por la expulsión del partido del ex líder Jeremy Corbyn, que concurrirá finalmente como independiente, todos los reflectores han apuntado estos días a Diane Abbott (que llegó a mantener en su día un relación sentimental con Corbyn y participó en su Gabinete a la sombra).

"¡Asombroso! ¿De quién ha sido la idea de sacrificar a los representantes del ala izquierda?", escribió Abbott en su cuenta en X, en un desafío directo a Keir Starmer. Jeremy Corbyn se apuntó a la polémica criticando "el tratamiento vergonzoso" al que se ha sometido a la diputada de 70 años y de padres jamaicanos, que ocupa su escaño desde 1987. Starmer lanzó balones fuera en el caso Abbott mientras consumaba a puerta cerrada la purga y la sustitución de candidatos del ala dura por miembros de sus círculo interno como Josh Simons, al frente del think tank moderado Labour Together. Pero hasta la número dos laborista, Angela Rayner, ahondó ayer en la polémica y se desmarcó públicamente de Starmer diciendo: "No veo ninguna razón por la que Diane Abbott no pueda ser candidata a diputada laborista"