- Unión Europea Europa clama contra "un atentado vil y cobarde que intenta socavar la democracia"
- Perfil Robert Fico: una retórica populista y cercana a Putin
El atentado contra el primer ministro eslovaco, Robert Fico, ha generado una oleada de respuestas, mensajes de condena y preocupación en toda la Unión Europea. Eslovaquia tiene el dudoso honor de ser el único país del continente en el que un periodista fue asesinado por investigar casos de corrupción y el líder del Gobierno que cayó (en 2018) por aquel crimen haya sido tiroteado a su vez. Pero el problema no es nacional. Los líderes de todo el continente están sumamente preocupados por el clima de crispación, descontento y violencia que ha llevado a agresiones y amenazas en diferentes países y ahora a un intento de magnicidio del que no se conocen las motivaciones.
En menos de un mes hay elecciones europeas y los factores que empiezan a darle forma son exógenos, más allá del porcentaje de participación, el auge de la ultraderecha, las posibles minorías de bloqueo o la ruptura de las alianzas tradicionales. La legislatura europea ha estado marcada por la desinformación y los escándalos de corrupción en la Eurocámara; por la detención o el señalamiento de diputados y eurodiputados a sueldo de Pekín o Moscú. Por la guerra en Ucrania, la amenaza rusa, las tensiones bélicas, el rearme. Por la cruenta guerra en Gaza que ha dejado decenas de miles de víctimas tras el salvaje atentado de Hamas, y ha disparado el miedo a atentados en Europa. Por las protestas violentas de agricultores en toda la Unión. Por las agresiones contra políticos (hasta cuatro recientemente) que estaban pegando carteles, como ha sucedido en Alemania. En 2016, un ultra asesinó a la diputada laborista británica Jo Cox y desde entonces todo ha ido a peor.
"La noticia del cobarde intento de asesinato consterna enormemente. La violencia no debe tener cabida en la política europea", ha condenado el canciller alemán, Olaf Scholz, uno de los que más de cerca ha visto estos días el peligro de la violencia asociada a la política. "El ataque es un ataque a la democracia. No hay justificación para este tipo de violencia. Le deseo a mi colega una pronta recuperación", se sumó el primer ministro belga, Alexander de Croo, cuyo país preside el Consejo de la UE esta semana.
Ese miedo a una espiral explica el tono de los líderes europeos, que este miércoles salieron en bloque y en un tiempo récord a condenar los disparos contra Robert Fico, una de las figuras más controvertidas y divisivas en la política continental. No es sólo por la brutalidad, por el golpe demoledor a la convivencia, a la forma en la que Europa presume se abordar y resolver las disputas a diferencia del resto del mundo. Sino por el temor a que más que un hecho aislado pueda ser el punto de partida de una cascada incontrolable.
"Condeno enérgicamente el vil ataque contra el primer ministro Robert Fico. Estos actos de violencia no tienen cabida en nuestra sociedad y socavan la democracia, nuestro bien común más preciado", señaló la presidenta de la Comisión Europea. "Estoy conmocionado. Nada puede jamás justificar la violencia o tales ataques", ha coincido el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. En la misma línea se pronunciaron la presidenta de la Eurocámara, Roberta Metsola, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, o el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski.
Fico es una figura polémica, controvertida y con pocos amigos en Bruselas. Volvió al poder en septiembre y su candidato, Peter Pellegrini, se impuso en las elecciones presidenciales recientemente. Fico ya había estado en el poder hace una década y si bien entonces no tuvo demasiados roces, su deriva iliberal ha chocado no sólo con las instituciones, sino con el resto de miembros y los partidos. Su familia política en Europa, los socialistas (S&D) optaron por expulsar a su partido recientemente, por la deriva homófoba y sus pactos con la extrema derecha.
Es hoy el líder con peores relaciones, justo después de Viktor Orban, y ambos comparten posición (simpatizante o mucho menos crítica) sobre Rusia, Oriente Medio, Donald Trump o la inmigración. Putin, en un comunicado, condenó el atentado y definió al político eslovaco como "un hombre valiente y de mentalidad fuerte". Y los canales de propaganda del Kremlin rápidamente alentaron las conjeturas, acusando a entes etéreos de Occidente de intentar eliminarlo por "querer la paz" y denunciar "a los nazis de Ucrania".
"Estoy profundamente consternado por el atroz ataque contra mi amigo Robert Fico. ¡Rezamos por su salud y pronta recuperación! ¡Dios lo bendiga a él y a su país!", escribió Orban también la red social X. "Con profundo desconcierto me llega la noticia del cobarde ataque contra Robert Fico. También en nombre del Gobierno italiano deseo expresar la más enérgica condena de cualquier forma de violencia y ataque a los principios cardinales de democracia y libertad", dijo la italiana Giorgia Meloni.
"Tras perder el poder en 2020, Robert Fico y su partido centraron su campaña en la desinformación y la difusión del odio. Inicialmente criticaron las medidas antipandémicas y difundieron mentiras sobre la eficacia y los riesgos de las vacunas durante la crisis de la Covid-19. Tras la agresión rusa contra Ucrania, comenzaron a hacerse eco de la narrativa del Kremlin, etiquetando la invasión como una guerra por poder de Estados Unidos, criticando el embargo europeo contra el régimen de Putin, ayudando a Ucrania o negando los crímenes de guerra rusos", explican Teona Lavrelashvili y Radovan Geist en un análisis del European Policy Center.
Las principales alarmas en Bruselas y el resto de capitales suenan por un efecto contagio, el efecto imitación y el impacto de la desinformación y la crispación. No se conocen al cierre de esta edición las causas del atentado, pero eso no cambia la genuina preocupación y la falta de recursos ante una posible deriva. Fico y su partido llegaron al poder, por cuarta vez, gracias en no poca medida a retorcer la realidad. Y minutos después de los disparos internet estaba inundado de teorías sobre las vacunas o Soros y lo que consideraban un ajuste de cuentas de una conspiración global del sistema. Ahí, en esa escalada de suposiciones y tergiversaciones, cuando nadie sabe qué es verdad y por lo tanto la mentira no importa, es donde la democracia tiene más que perder.
Fico ha tenido muchos problemas internos, pero con una clara dimensión europea. Los últimos choques han sido por sus ataques a los medios de comunicación y a las ONG, en una línea sorprendentemente similar a la de Orban. Una de sus obsesiones es poner fin a la "supremacía de las ONG" y retirarles la financiación pública, así como la promesa de introducir una ley que etiquete a las ONG como agentes extranjeros si reciben financiación exterior. El caso más sonada es el de Globsec, la conferencia de seguridad de alto nivel y que cada año atraía a expertos de todo el mundo, y que ha optado por Praga. Muchos altos funcionarios de las administraciones salientes hicieron lo mismo, buscando trabajo en la República Checa.

