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Paz con Rusia, dinero europeo y autocracia en casa: la encrucijada que incendia las calles de Georgia

Un proyecto de ley, que se somete este martes a la votación final, pretende obligar a las organizaciones que reciban más del 20% de financiación externa a que se registren como agentes de influencia extranjera

Protesta en las puertas del Parlamento por la votación de la ley este martes.
Protesta en las puertas del Parlamento por la votación de la ley este martes.
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A un lado, porras y gases lacrimógenos. Al otro, piedras y flores para la policía. En la capital de Georgia cada día hay heridos, detenidos y gritos contra una ley que según los opositores coartará a la sociedad civil georgiana como ya sucede en Rusia. Las calles de Tiflis recuerdan a las de Kiev en 2014, cuando el régimen de Victor Yanukovich trataba de contentar a Moscú, acercarse a la UE y apaciguar o someter las protestas en un equilibrio imposible.

Veinte personas fueron detenidas en las ingentes protestas de este fin de semana, las más grandes que ha visto el país desde su independencia en 1991. De nuevo el enfrentamiento se considera parte de una lucha más amplia que podría determinar si Georgia se acerca a Europa o vuelve a estar bajo la influencia de Moscú. El gobierno defiende que quiere llevarse bien con Rusia, hacer buenos tratos con Europa y, por encima de todo, defender su soberanía. Pero para esto último está copiando fórmulas de la autocracia rusa.

El país, de 3,7 millones de habitantes, ha experimentado guerras y revoluciones desde la caída de la Unión Soviética. Su último choque militar fue con Moscú, que no tiene buena prensa pero en cierta manera hizo escarmentar a la sociedad: el partido más votado es el que abogó por no provocar a Rusia.

El proyecto de ley, que se somete este martes a su votación final en el parlamento, requeriría que las organizaciones que reciban más del 20% de su financiación desde fuera del país se registren como agentes de influencia extranjera. El primer ministro de Georgia, Irakli Kobakhidze, rechazó las críticas de Estados Unidos y la Unión Europea a un proyecto de ley sobre "agentes extranjeros", diciendo que los opositores al proyecto de ley no estaban dispuestos a entablar una discusión.

El partido político Sueño Georgiano, que lleva más de una década en el gobierno, es la plataforma de poder del multimillonario Bidzina Ivanishvili, que hace unos meses anunció su regreso a la primera línea al asumir el cargo de presidente honorario del partido, un nuevo puesto que le otorga el derecho de elegir al candidato del partido para primer ministro.

Para algunos analistas, la posición de Sueño Georgiano no es exactamente prorrusa, sino simplemente atiende planteamientos posibilistas: evitar las crisis con los vecinos y seguir en el poder. "Personalmente, no considero a Sueño Georgiano un partido prorruso, es un partido que tiene sus propios intereses", explica a EL MUNDO Alexander Atasuntsev, analista ruso independiente y experto en la región del Cáucaso. Las prioridades son: "No pelear con la UE, no provocar a Rusia de cara a una guerra y mantener el poder".

Muchos observadores de la política georgiana confunden las acciones de Tiflis hacia Rusia con seguir el juego al Kremlin, pero "la política del Sueño Georgiano durante todo este tiempo ha sido la flexibilidad y el intento de no entrar en confrontación ni con Rusia ni con la UE". Atasuntsev cree que con la actual situación de Georgia, "ésta es en realidad la única estrategia correcta, dado que los tanques rusos en Osetia del Sur están ubicados a unos 40 kilómetros de Tiflis".

Ivanishvili ha jugado a ser la antítesis del carismático pero controvertido líder georgiano Mijail Saakashvili, al que algunos georgianos culpan de la guerra de 2008. Ivanishvili lo sacó del poder en 2012, cabalgando victorioso la aureola de paz y negocios, pero en 2013 dimitió como primer ministro. En 2018 Ivanishvili —con su aire de 'gentleman' del Cáucaso y su jugosa aureola de dinero ruso— volvió al frente del partido, pero lo dejó en 2021. Según pasan los años y adquiere más experiencia política, cada vez elige un lugar más en la sombra: más práctico, aunque su capricho supone una cierta anomalía institucional.

No está claro que haya desgaste en el gobierno. Durante los últimos meses el partido ha seguido obteniendo buenos resultados en las encuestas. "Pero para 2024, a esta tarea de maniobrar entre prioridades [no pelear con la UE y no provocar a Rusia de cara a una nueva guerra] se sumó la tarea de mantener el poder. Y lo que vemos ahora es precisamente el cumplimiento de esta prioridad", señala Atasuntsev.

Aquí entra, para algunos analistas, la baza de limitar el juego democrático. El partido gobernante ha desencadenado un enfrentamiento con los jóvenes manifestantes, muy críticos con el modelo ruso. El pulso es cada día más tenso y violento. Ya el año pasado estallaron manifestaciones similares cuando el gobierno intentó por primera vez aprobar la misma legislación, lo que le obligó a dar marcha atrás. Esta vez el gobierno parece que no tiene intención de ceder: con las elecciones previstas para octubre, sería una humillación demasiado grande para el partido gobernante Sueño Georgiano.

Ivanishvili, que hizo su fortuna empresarial en Rusia, niega las acusaciones de que sea cercano al Kremlin. Pero, ahora que está en este contexto tan difícil, Ivanishvili se ha quitado el traje de hombre de negocios y ha pasado a hablar con el mismo tono conspiranoico que los paladines del putinismo, afirmando que desde Occidente un "Partido Mundial de la Guerra" empujó a Georgia al conflicto con Rusia en 2008, volviendo así a poner sobre la mesa los dolorosos acontecimientos de cuando las fuerzas georgianas fueron aplastadas en una guerra de cinco días. Denunció, además, que esas 'fuerzas oscuras' habían hecho lo mismo con Ucrania en 2014, cuando Rusia se apoderó de Crimea, y de nuevo en 2022, cuando el presidente Vladimir Putin lanzó su invasión a gran escala de Ucrania.

Contradicciones ante Europa

Tiflis, igual que Moscú, está culpando de los avances del imperialismo ruso a sus víctimas. Natalie Sabanadze, antigua diplomática georgiana que ahora trabaja en el grupo de reflexión londinense Chatham House, cree que el discurso del 'presidente en la sombra' es una mezcla de "antioccidentalismo paranoico", populismo y teorías conspirativas. Pero la narrativa de preservar la paz con Moscú ya le ha funcionado antes a Ivanishvili.

Igual que le pasó al ucraniano Yanukovich, hay notables contradicciones entre la diatriba de Ivanishvili contra Occidente y su insistencia en el mismo discurso de que Georgia sería miembro de la Unión Europea en 2030. "Ivanishvili está jugando a una política electoralista, en vista de una elección parlamentaria crucial el próximo otoño. Pretende aspirar a la membresía en la UE... para confundir a la opinión pública y tratar de desarmar a sus críticos proeuropeos", declaró a Reuters Michael Emerson, analista del Centro de Estudios de Política Europea en Bruselas.

La Unión Europea ha advertido de que el proyecto de ley sobre "agentes extranjeros" pondrá en riesgo las esperanzas de Georgia de pertenecer a la UE. Atasuntsev admite que "la aprobación de la ley podría, en teoría, limitar las posibilidades de la oposición y de las ONG en el país". Pero parece que Sueño Georgiano "está dispuesto a correr riesgos con la esperanza de que no salgan suficientes personas a las calles para derrocar al gobierno". El primer ministro tiene los apoyos parlamentarios suficientes para lograr que el proyecto de ley supere una oposición fragmentada y anular el veto prometido por la presidenta Salomé Zourabichvili, quien se opone a la legislación pero sólo tiene poderes ceremoniales.

Así que sólo la calle es un obstáculo, y en la calle llevan la voz cantante los jóvenes, una generación que no recuerda la URSS y no quiere ninguna traza rusa en su legislación.

El partido en el poder ha navegado en los últimos cuatro años con bastante éxito entre las agitadas aguas de la política georgiana. Georgia recibió el estatus de candidato a la UE y también obtuvo todos los beneficios posibles de la asociación con Rusia. Además, el país está experimentando ahora un auge económico y las previsiones de crecimiento también son muy buenas (10,1% al comienzo de la guerra y más del 4% o 5% previsto para 2024-2025).

Atasuntsev cree que al fin y al cabo "la UE no bloqueará la integración europea de Georgia, sino que simplemente tolerará algunos de sus hábitos autoritarios". El riesgo electoral, al mismo tiempo, ha sido bajo hasta ahora. "Dado que la sociedad en Georgia está muy polarizada, una calificación del 30% al 40% es suficiente para que gane Sueño Georgiano". Sus oponentes, "que año tras año andan con los mismos eslóganes sobre 'agentes del Kremlin', tienen mucha menos popularidad".

A pesar de todas las acusaciones de que el Sueño Georgiano es prorruso, sigue siendo, con su mezcla de ambición y cautela, la fuerza más popular del país. "¿Se comportará también con cautela la oposición que llegue al poder ante la amenaza rusa? Aquí no puede haber ninguna certeza", concluye Atasuntsev.

Tina Khidasheli, ex ministra de Defensa de Georgia que se ha unido a las protestas, cree que la gente está "unida con la idea de libertad y de Europa" y saldrá victoriosa. La cuestión para muchos manifestantes es cuándo y a qué coste.