- Corona El rey Carlos III reaparece en público visitando un centro de tratamiento de cáncer
- Reino Unido El rey Carlos III o la resiliencia de la Monarquía británica
"Siempre es un poco un shock cuando te lo dicen, ¿verdad?". La confesión de Carlos III a Lesley Woodbridge, en segunda ronda de quimioterapia por un sarcoma, puso el contrapunto humano a la esperada reaparición en público del monarca británico el pasado martes tras su propio diagnóstico de cáncer y a tiempo para el primer aniversario de su histórica coronación.
En el hospital MacMillan de Londres dejó una profunda huella la visita del rey táctil, presto a dar no ya una sino las dos manos a los enfermos en señal de alivio y esperanza, mientras la reina Camila compartía también sus experiencias con las familias. Fue una visita hasta cierto punto íntima, como prolongación de aquellos apretones de manos de la misa del Domingo de Resurrección en la que Carlos III ensayó ya su nuevo papel como un monarca vulnerable y cercano de 75 años.
El shock de su propio diagnóstico, unido al anuncio de Kate Middleton, ha dejado paso a una sensación de empatía compartida por millones de británicos y reflejada en las encuestas que le dan al rey Carlos un 66% de popularidad, el punto más alto desde que heredó la Corona en septiembre del 2022, entonces con un 70% de aprobación popular..
La imagen del príncipe petulante e irascible que arrastró durante décadas quedó atrás, como certificó el propio Carlos cuando bromeó en el último banquete anual del Lord Mayor de Londres sobre "las frustrantes vicisitudes por las que pasé con las plumas y los tinteros en el último año". Pese a los borrones iniciales, lo cierto es que la transición entre los dos reinados fue al final bastante más suave de lo que muchos presagiaban... Hasta que Carlos y Kate pasaron por la London Clinic y todo se precipitó, gracias también en parte a los silencios y a la torpeza de la Casa Real a la hora de marcar la narrativa.
El revuelo no cesa en las redes, y días antes de la reaparición de Carlos asistimos al último delirio de la rumorología, proveniente desde los medios digitales del otro lado del Atlántico y propagado por el coro incesante de nuestras tertulias. Que si el rey "no está bien", que si han puesto al día la operación Menai Bridge -los planes para su funeral-...
"Estoy bien, gracias", fueron las palabras del rey en su visita al hospital McMillan, en su nuevo papel de patrono de Cancer Research UK. Se le veía más pálido y más delgado, sí, pero de buen humor y con una aspecto relativamente saludable, teniendo en cuenta que ese mismo día pasó por terapia. Llevaba su famosa corbata rosa con pequeños dinosaurios azules, y esa fue una señal que no pasaron por alto los cronistas reales. "Cuando C-Rex lleva la corbata de los T-Rex, probablemente es porque siente que tiene la primavera a sus pies", escribió su biógrafo Robert Hardman. "El rey está ansioso por más apariciones cara a cara. Y la semana que viene empiezan las fiestas en los jardines del Palacio de Buckingham".
El propio Carlos sorprendió a propios y extraños dejándose caer a los pocos días de su visita al hospital por el Royal Windsor Horse Show, uno de los eventos favoritos de la difunta Isabel II. Allí se fundió en un efusivo abrazo con su sobrina Zara Tindall, lo que ha disparado las expectativas de su presencia a partir del 18 de junio en Ascot, donde podría participar incluso en un almuerzo oficial con una burbuja de invitados.
Optimismo en la recuperación
Los médicos consideran que el monarca está lo suficientemente recuperado -aunque sigue con un tratamiento no especificado- como para asistir en solitario a actos públicos. Según The Daily Mail, el rey ha expresado incluso su deseo de volver a montar en su caballo, Noble, en el desfile del Trooping the Colour el 15 de junio.
Antes, el 6 de junio, tiene una fecha especialmente marcada (aunque aún incierta) en el calendario: los fastos por el 80º aniversario del Día D -jornada clave de la II Guerra Mundial-. Y a finales de ese mes, la señal más inequívoca de su vuelta a la acción: la visita de Estado de los emperadores de Japón.
Hasta que la enfermedad truncó sus planes, Carlos contribuyó a su manera a la diplomacia blanda británica con sus visitas de Estado a Alemania y Francia y su incursión en la COP28 de Dubai para hacer una llamada a la acción urgente ante el cambio climático. Lo que no puede decir en casa se atreve a decirlo en sus salidas al exterior.
Tras el paréntesis forzoso, el monarca confía en recuperar su vocación de trotamundos con la asistencia en octubre a la cumbre de la Mancomunidad de Naciones en Samoa, posiblemente seguido de un periplo simbólico por Australia. El viaje a Canadá, aplazado por su enfermedad, queda de momento en el aire y pendiente de su recuperación.
En contraste con la inestabilidad política con la que le ha tocado lidiar -quitando aquel comentario del "oh dear, oh dear" a Liz Truss tras el desastre de su presupuesto de emergencia-, Carlos ha sido el garante de una relativa continuidad de puertas hacia dentro. Los temores al rey intrusivo se fueron también diluyendo con el paso de los meses y el monarca siguió fiel a la neutralidad política marcada durante 70 años por Isabel II.
Incluso durante su convalecencia por el cáncer, ha seguido manteniendo sus encuentros aparentemente afables con el premier conservador Rishi Sunak. Y en los próximos meses asistirá muy probablemente a un cambio de guardia en Downing Street, con la imagen aún cercana de los encuentros de Isabel II y el laborista Tony Blair en los momentos críticos de la muerte de Diana.
Camila ha subido notablemente enteros en los últimos meses, tras cubrir la ausencia de Carlos en al menos una docena de apariciones. Por primera vez, su popularidad se ha acercado al listón del 50%, lo que la sitúa en cualquier caso en el puesto número nueve en el top 10 de los Windsor, encabezado por Kate y Guillermo. Su papel a la sombra ha sido primordial tras el shock del cáncer de Carlos. "La reina ha asumido el doble papel de máxima representante de la Corona y de cuidadora del rey durante su tratamiento", advirtió la cronista real de The Daily MailNatasha Livingstone, citando a fuentes de la Casa Real. "Su sentido del humor provoca siempre la sonrisa y ha inyectado una sensación de levedad en Carlos durante años", según Livingstone.
Aunque Carlos III ha seguido ejerciendo de rey de puertas hacia dentro, este tiempo de reflexión parece haber tenido también un impacto en esa sensación de monarca impaciente que arrastraba.
Gran arranque de reinado
"Carlos III tuvo un gran comienzo de reinado, mucho mejor de lo que muchos vaticinaban", recalcó el comentarista real Richard Palmer. "Pero sus problemas de salud y los de Kate hicieron que la Monarquía se desviara de rumbo. El rey está deseando volver a la acción".
"Un glorioso arranque dejó paso a una crisis para Carlos, ¿será capaz de recuperar el terreno perdido?", se preguntaba en las páginas del Times Kate Mansey, directora adjunta especializada en la Casa Real. Sus dos grandes dudas son la "rapidez" con la que el monarca puede recuperar la sensación de normalidad (dada su avanzada edad) y cómo la enfermedad y el largo proceso de recuperación le obligarán a "reordenar" su vida personal y profesional y a establecer prioridades.
Mansey destacaba "la sutileza y la sabiduría" mostrada por el rey durante la transición y a la hora de evitar una ruptura brusca con la tradición marcada por su madre. Carlos impuso a su llegada al trono una cura de adelgazamiento en el personal y en el plantel de representantes de la familia real, pero los fastos de la coronación dejaron claro que no iba a renunciar a la pompa y el boato que distinguen a la familia real británica desde tiempos de la reina Victoria.
Su secretario personal, Sir Clive Alderton, ha aguantado el temporal en el arranque de este nuevo annus horribilis y sigue siendo una garantía de continuidad. De una manera apenas perceptible, Carlos ha seguido alimentando el culto a los royals con un equipo curtido en tecnología digital -más de 400 millones de pinchazos en las redes y canales de la familia real sólo durante la coronación-, con innovaciones como la experiencia en realidad aumentada de las joyas de la Corona y con las visitas guiadas con té incluido al castillo de Balmoral (las entradas a 115 euros se agotaron en menos de 24 horas).
Con la reaparición aún reciente, el próximo reto al que se enfrentará Carlos se llama Harry. Su hijo pequeño vuelve a Londres esta próxima semana para celebrar el décimo aniversario de los Juegos Invictus, y la duda está en si podrá pasar más de 45 minutos junto a su padre (como ocurrió cuando se hizo público el diagnóstico del cáncer). El rey parece dispuesto a tenderle una rama de olivo a su hijo pequeño, pero el gran problema se llama Guillermo. El hermano mayor se niega a hablar con él desde la publicación de En la sombra.
El fundador de Republic, Graham Smith, vaticinó una caída del apoyo a la Monarquía por debajo del 50% con motivo de la coronación. Pero hoy por hoy, según el rastreo de YouGov, un 51% de los británicos considera que la institución es "buena para el país", frente al 28% que cree que es "mala" y el 16% que se declara neutral. Los números son muy parecidos a los que había con Isabel II. Smith insiste sin embargo en que el apoyo se sostiene gracias a los mayores de 55 años y que los jóvenes dan la espalda a la institución: "La Monarquía vive en tiempo prestado".

