INTERNACIONAL
Guerra en Gaza

Un buque gigante, 1.000 soldados y 320 millones: Así es el polémico muelle flotante que EEUU construye en Gaza

El mal tiempo estropea la 'fiesta' de relaciones públicas de Biden al aplazar la entrada en funcionamiento del puerto prefabricado que facilitaría la entrada de ayuda a la Franja

Imagen satelital del buque Roy P. Benavidez y el muelle flotante que EEUU construye en Gaza.
Imagen satelital del buque Roy P. Benavidez y el muelle flotante que EEUU construye en Gaza.Maxar Technologies / AFP
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La Madre Naturaleza ha boicoteado los planes del presidente de EEUU, Joe Biden, de poder demostrar a los estudiantes de 51 universidades de EEUU que siguen protestando contra Israel por la guerra en Gaza que a su Gobierno le preocupa también la crisis humanitaria en el enclave. Porque este fin de semana estaba previsto que el muelle flotante que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos llevan construyendo desde hace dos meses para colocarlo frente a la costa de Gaza empezara a ser operativo, aunque en pequeña escala.

La apertura del puerto -oficialmente llamado JLOTS (Logística Conjunta Costera, según sus siglas en inglés)- no cambiaría mucho la situación sobre el terreno. Pero al menos sería un golpe de comunicación política que la Casa Blanca necesita desesperadamente después de una semana en la que se han producido más de 2.000 arrestos de estudiantes. Sería, además, un motivo de orgullo para el Departamento de Defensa de Estados Unidos, ya que el martes se cumplen dos meses desde que Biden anunció la construcción del puerto en el Discurso sobre el Estado de la Unión, el acto más importante del año en el Legislativo estadounidense.

Pero la política no contaba con el mar ni el viento (solo José Luis Rodríguez Zapatero, en su prosa incomparable, anunció en 2008 que "la Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento", aunque en Gaza la propiedad se extiende también al mar Mediterráneo). Así que las malas condiciones del mar y los fuertes vientos en Gaza obligaron a Estados Unidos a llevar el puerto flotante de la posición en la que estaba siendo construido, a unos 8 kilómetros mar adentro, al puerto israelí de Ashdod, al que, paradójicamente, llega gran parte de la ayuda humanitaria internacional que después se distribuye por carretera a Gaza.

La decisión de mover el puerto fue criticada en la red social X (antes Twitter) por el cocinero de origen español José Andrés, muy cercano en lo personal y en lo político a la Casa Blanca, que lamentó que el dinero que se está gastando en el proyecto no hubiera sido destinado a la reconstrucción del puerto de Gaza, destruido por los bombardeos de Israel. Las críticas de Andrés, --fundador de la ONG World Central Kitchen, siete de cuyos voluntarios fueron muertos en abril en un bombardeo de Israel mientras distribuían comida en Gaza- han apuntado al coste de la operación. Porque el JLOTS no es barato.

Su construcción costará, si sale todo de acuerdo con el presupuesto -cosa que con el Pentágono nunca es el caso- 320 millones de dólares (297 millones de euros). En total, más de mil soldados estadounidenses están trabajando en él desde que el 9 de marzo el buque del Ejército de Tierra (porque las Fuerzas Armadas de EEUU son tan enormes que el Ejército de Tierra tiene una flota de barcos de transporte) Roy P. Benavidez -un gigante tan largo como tres campos de futbol- salió de Virginia para hacer la travesía de 9.500 kilómetros hasta Gaza. La protección de los barcos que están trabajando en el ensamblaje de los módulos ante un posible ataque terrorista de Hamas o de otros grupos corre a cargo de Israel. Gran Bretaña también participa en la operación, con el barco de asalto anfibio Cardigan en el que duermen los soldados y marinos estadounidenses que construyen el puerto.

El Departamento de Defensa insiste en que la construcción continúa en Ashdod, con lo que, en cuanto el mar lo permita, el puerto será llevado de nuevo al mar y, casi con total certeza, puesto a un punto a unos cientos de metros de una playa de Gaza. A continuación, los ingenieros estadounidenses ensamblarán a la plataforma un pantalán prefabricado que conectará la estructura con el territorio. Y a través de esa especie de pasarela flotante empezarán a circular todo tipo de provisiones y ayudas para los habitantes del territorio. Esos productos, a su vez, serán llevados al puerto flotante desde Chipre, a unos 600 kilómetros de distancia (algo más que la distancia que separa Madrid de Barcelona). Pese a que se trata de una operación que paga exclusivamente el contribuyente estadounidense, y que está siendo realizada y va a ser operada solo por personal militar de ese país, las Fuerzas Armadas israelíes van a poder examinar todos los cargamentos que se introduzcan en Chipre en las lanchas de desembarco estadounidenses que van a realizar el transporte. Una vez que la carga sea desembarcada en Gaza, Israel volverá a examinarla.

EEUU espera que el JLOTS cambie el panorama de la catástrofe humanitaria de Gaza. Según sus cálculos, podrá atender a 150 camiones al día. Dado que el pantalán funcionará como una carretera de dos carriles, la distribución de la ayuda debería ser muy rápida. Washington estima que el muelle podrá distribuir dos millones de comidas diarias, lo que cubriría al 85% de la población de Gaza.

Pero eso no depende solo de que la estructura se mantenga anclada a 550 metros de la playa. Hay, también, factores políticos y militares. Si se recrudecen los combates, la entrega de ayuda a determinadas áreas de la región deberá ser suspendida. A eso se suma la desintegración social de Gaza, que está empezando a dar pie a la aparición de bandolerismo y milicias locales que cobran 'peaje' por la distribución de alimentos, y que es, precisamente, una de las mayores preocupaciones de Estados Unidos por el peligro de que en ese caos aparezcan grupos ultrafundamentalistas o lleguen el Estado Islámico o Al Qaeda. Finalmente, si la 'diplomacia discreta' que tanto le gusta practicar al equipo de Biden no logra que Israel abandone su proyectada ofensiva sobre la ciudad de Rafah, toda la entrega de ayuda humanitaria en el sur de la Franja podría volver a verse paralizada. El puerto flotante de Estados Unidos no solo depende de la capacidad de los soldados y marinos para construirlo, ni de que las aguas del mar estén quietas, sino, en último término, de que la extraña tregua informal en Gaza continúe.