INTERNACIONAL
El Vaticano

Benedicto XVI, el Papa de las sorpresas

PREMIUM
Actualizado

Al anunciar el 1 de febrero del 2013 su renuncia como Papa puso punto final a una tradición de al menos 700 años que exigía a los pontífices ejercer su cargo de manera vitalicia.

El Papa Benedicto XVI en el Vaticano.
El Papa Benedicto XVI en el Vaticano.PATRICK HERTZOGAFP

Cuando en abril de 2005 Joseph Aloisius Ratzingerse convirtió en Papa con el nombre de Benedicto XVI, su elección no fue recibida precisamente con rebosantes y multitudinarias muestras de alegría.

Los más conservadores resoplaron satisfechos al ver subir al trono de San Pedro al gran guardián de la ortodoxia, al hombre que durante 24 años había estado al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición) y cuya rigidez le había valido el incisivo apodo de "el rottweiler de Dios". Pero fue justo eso, amén de los 78 años que Ratzinger tenía entonces y que le convertían en el hombre más anciano en ser elegido Pontífice desde 1730, lo que dejó planchados a los progresistas: definitivamente, no parecía el hombre capaz de pilotar a la Iglesia en el siglo XXI.

Pero Benedicto XVI acabaría sorprendiendo a unos y otros.

En efecto, nadie se podía imaginar que ese viejecito tímido y delicado, que ese refinado y riguroso teólogo conocido por sus dotes intelectuales y su capacidad de escuchar, iba a ser precisamente quien llevara a la Iglesia a la modernidad. Pero eso fue lo que hizo al anunciar por sorpresa el 1 de febrero del 2013 su renuncia como Papa.

Para saber más

Su dimisión no sólo ponía punto final a una tradición de al menos 700 años que exigía a los pontífices ejercer su cargo de manera vitalicia sino que sobre todo introducía en el Vaticano el concepto de "responsabilidad política" que impera en cualquier democracia moderna. "Por mi avanzada edad, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino", argumentaba Benedicto XVI al explicar los motivos de su renuncia.

Muere el Papa Benedicto XVI

Ratzinger comenzó a desconcertar al poco de concluir el rapidísimo cónclave en el que fue elegido Papa, y que según su propia confesión para él fue como una guillotina que truncó su sueño de jubilarse y dedicarse a sus libros y a tocar el piano.

Los progresistas se quedaron boquiabiertos cuando el "pastor alemán", otro de los feroces apodos que le dedicaban, consagró la primera de sus tres encíclicas al amor. Por no hablar de que sólo unos meses después de convertirse en BXVI recibió en audiencia privada a uno de sus críticos más acérrimos, el teólogo progresista suizo Hans Küng, a quien en 1979 le fue revocado el permiso para enseñar Teología tras cuestionar la infalibilidad de los Papas.

LOS ESCÁNDALOS DE SU PONTIFICADO

El de Benedicto, repetían los vaticanistas, iba a ser un Pontificado tranquilo, marcado por su edad, su delicada salud y la continuidad con el de su predecesor, Juan Pablo II. Tururú. En los casi ocho años, 2.873 días exactos, que estuvo al frente de la Iglesia se vio sacudido por numerosos escándalos.

La primera crisis grave ocurrió cuando apenas llevaba un año como Papa y, en septiembre de 2006, pronunció una lección magistral en Ratisbona en la que citando a un emperador bizantino, relacionó el Islam con la violencia. Aquello desató protestas en varios países musulmanes.

Y eso fue sólo el principio. Luego desencadenó la ira de la comunidad judía al levantar la excomunión a Richard Williamson, un obispo ultraconservador que negaba el Holocausto. Por no hablar de la que se lió cuando, de camino a África, aseguró que los preservativos "agravan" el problema del sida. O del escándalo colosal del Vatileaks, la filtración masiva de documentos confidenciales robados de su despacho por el que creía su leal mayordomo.

Pero sin duda el más grave de todos fue el de la pederastia, que estalló en 2010. Benedicto XVI admitió las culpas de la Iglesia, pidió perdón, se reunió con víctimas e impulsó una política de tolerancia cero. Ya en 2006 había castigado al padre Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo y pederasta en serie, prohibiéndole ejercer el sacerdocio y forzándole a llevar "una vida de oración y penitencia".

Con los sectores progresistas también tuvo sus más y sus menos, sobre todo cuando a mediados de 2007 desempolvó y rehabilitó la antigua misa en latín, suprimida en 1969 tras el Concilio Vaticano II.

UNA JUVENTUD EN PLENA GUERRA MUNDIAL

Y si como Papa tuvo que hacer frente a varias crisis, en su juventud vivió algo terrible: el nazismo. En 1941, con 14 años, vio como los nazis se llevaban a un primo suyo con síndrome de Down que nunca volvió. Todo indica que fue víctima del programa de eutanasia selectiva.

El propio Ratzinger fue obligado a inscribirse en las Juventudes Hitlerianas y en los últimos meses de la II Guerra Mundial, a servir en las fuerzas antiaéreas. Aunque no participó en luchas armadas ni disparo un tiro, acabó desertando.

En 1951, con 25 años, fue ordenado sacerdote junto a su hermano Georg. Ese mismo año se doctoró en Teología con summa cum laude y comenzó a dar clases: en las universidades de Friburgo, Bonn, Tubingen, Münster, Ratisbona...

Pablo VI le nombró cardenal en 1977, con 50 años recién cumplidos. Pero fue Juan Pablo II quien le puso al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1981. Ratzinger renunció al arzobispado de Múnich y Frisinga y se trasladó al Vaticano. Tenía 54 años.

Desde entonces, su vida siempre ha transcurrido dentro de las murallas que delimitan la Ciudad del Vaticano, en compañía desde 1996 de Georg Gänswein, su fiel secretario personal.

Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más
El VaticanoBenedicto XVI, estable, aislado y meses sin hablar
EEUUMuere a los 96 años Kawnanakoa, la 'última princesa hawaiana'
Patio GlobalEl condenado capellán de prisones de Hong Kong