Sólo nos faltaba por ver un "beef" entre Pedro Sánchez y Elon Musk y lo hemos tenido esta semana.
En su intento por desviar el debate de una realidad nacional que no le es muy favorable, nuestro presidente se iba a Dubai a contarnos, en inglés, que quería legislar (intentarlo, más bien), para eliminar el acceso de menores de 16 años a las redes y perseguir penalmente a los dueños de las plataformas, ¡ahí es nada!
Por lo que sea, a los dueños de las plataformas eso de que un presidente en horas bajas les amenace con meterlos en la cárcel no les ha hecho mucha gracia.
Elon Musk ha contraatacado, retuiteando todos los escándalos y casos de corrupción de Sánchez, lo ha llamado traidor y tirano y lo ha bautizado con un nombre que ha hecho fortuna y se ha convertido en Trending Topic número 1: Dirty Sánchez.
Si todavía no sabéis lo que es un Dirty Sánchez en la cultura estadounidense, buscadlo en la wikipedia, os sorprenderá.
A la vez, Pável Dúrov, el dueño de Telegram, enviaba un mensaje a todos los usuarios de su red alertándolos de que "el gobierno de Pedro Sánchez está impulsando nuevas regulaciones peligrosas que amenazan vuestras libertades en Internet".
Pedro, encantado de la vida con la polémica, contestaba a los que llama "tecno-oligarcas", como sólo él sabe, con una cita falsa de El Quijote.
Mi opinión: es todo una bomba de humo, pero entraré al trapo. Los dispositivos y las redes cuentan con herramientas de filtros y control parental más que suficientes, y los padres y el Estado, además, disponen de algo bastante olvidado hoy en día: la educación.
Los gobiernos, no sólo el español, ven cómo, cada vez, les resulta más arduo controlar el relato, por culpa de las redes sociales. Puedes detentar la radio y la televisión públicas, la publicidad institucional, el BOE y lo que quieras, pero, en el siglo XXI, cada persona tiene un móvil en la mano y se relaciona y comunica libremente por ahí.
La excusa de los menores y los algoritmos no es más que un patético intento de los políticos por recuperar el poder casi omnímodo del que han estado gozando, hasta hace poco, en el debate público. No volverá.
