- Extremadura Los 11 diputados de Vox votan en contra de la primera investidura de Guardiola, quien ve "muy cerca de cerrarse" el acuerdo el viernes
- Política Las 23 exigencias de Vox a Guardiola para investirla presidenta de Extremadura: eliminación de subvenciones a sindicatos y patronal y oposición al reparto de "inmigrantes ilegales"
María Guardiola y Vox están más cerca de lograr un acuerdo y alejar el fantasma de la repetición electoral. La duda ahora es conocer si lograrán cerrar el acuerdo definitivo para la votación de mañana viernes (la candidata del PP necesita la abstención del partido de Abascal en esta segunda votación) o si, como si de un partido de fútbol se tratara -tras desaprovechar el primer y el segundo tiempo- el choque irá a la prórroga, como parece lo más probable, y lo dejarán para los dos próximos meses como tiempo límite para no regresar a las urnas.
Como ha venido informando este periódico en los últimos días, ambas formaciones han trabajado con discreción desde el pasado fin de semana y, en cada jornada, se han ido dando pasos adelante para desbloquear una relación que no existía hasta hace bien poco, cuando el fracaso parecía seguro. Sin embargo, y en silencio como exigía Vox («sin filtraciones»), desde que el pasado jueves se frustrara la negociación en Mérida, ya con la mediación de Génova, las negociaciones se volvieron a retomar en el más absoluto de los secretos, con un hermetismo total que ha exigido Vox para que la llama del pacto estuviera viva, como reconoció ayer mismo en la tribuna del parlamento extremeño el líder del partido de Abascal en esta comunidad, Óscar Fernández. Es decir, si hay ruido mediático, se rompe la baraja.
En primer lugar, porque las 23 medidas que exige Vox para al menos abstenerse (otra cosa es que entre finalmente a formar parte del ejecutivo, que está por ver) ya no son en estos momento ningún impedimento para sellar el pacto y desbloquear el gobierno de Extremadura: «El acuerdo está muy cerca de cerrarse», reconoció ayer Guardiola tras su primer intento de investidura fallido. El PP considera que son medidas completamente legales y ninguna desproporcionada para no evitar que continúe el bloque político en esta región.
En este sentido, tanto en el fondo como en la forma, en el debate de ayer se vislumbró que la inquina, incluso personal, y el grado de crispación ya no es el mismo entre ambas formaciones. Primero, porque Guardiola ha bajado el tono, pero sobre todo porque la gran mayoría de las exigencias de Vox han sido aceptadas por la presidenta en funciones de la Junta, como ella misma esgrimió en su primera intervención del martes (inmigración o pacto verde) y como ayer volvió a recordar de forma explícita: «Usted sabe perfectamente que muchas de las cuestiones que usted ha puesto aquí encima de la mesa ya están acordadas». Más transparente no pudo ser.
Ahora, la pelota está en el tejado de Vox y en su estrategia a medio plazo con la mirada puesta en otras comunidades autónomas. ¿Considerará beneficioso Santiago Abascal el dejar gobernar ya este viernes a María Guardiola pensando en las inminentes elecciones en Castilla y León o prolongará el bloqueo dos meses más por cálculo electoral? Esa es la gran incógnita que queda por resolver, aunque en el Partido Popular extremeño considera que el líder de Vox optará, al final, por la segunda opción, aunque insistirán hasta el último minuto: «Por nosotros, que no quede».
Luego llegarán los detalles, sobre si Vox entra en el gobierno de Guardiola, con qué consejerías y cuánta dotación económica para cada una de ellas en los presupuestos, que también se está negociando, incluida una vicepresidencia. Ya no será con un solo consejero como en el 2023, sino que al menos serán tres, al exigir Vox mucho más por contar doble de representación -de 5 a 11 diputados-. Otra cosa es si prefieren seguir siendo espectadores desde fuera, visto sus resultados al alza, aunque el portavoz de la formación de Abascal en Extremadura insiste: «Extremadura quiere más del doble de Vox».
Poco después de finalizar la primera sesión de investidura (segunda jornada), el propio Santiago Abascal, enfriaba el pacto a corto plazo y hablaba ya de «semanas» para la rúbrica. Para el líder de Vox, el discurso de Guardiola fue «interesante», pero «insuficiente», aunque matizó que siguen «con la mano tendida», con una precisión: «Es difícil resolver en dos días lo que no se ha resuelto en unos meses», pero no lo descartó totalmente. Lo importante, en perspectiva, es que la investidura sigue abierta, cuando hace dos semanas el futuro de María Guardiola en la presidencia de esta comunidad autónoma era más que incierto. Su rostro, esbozando una sonrisa, no era el mismo que el día de la constitución de la Asamblea de Extremadura, hace más de un mes, donde los cuchillos volaban entre ambas formaciones. El tono y las formas son muy distintos. Nada que ver. El ambiente en los pasillos es otro. «El acuerdo es posible», coinciden todas las partes. «La incógnita es saber cuándo», apuntan fuentes de los populares extremeños, que agotarán todas las vías en las próximas horas. Lo ratifican fuentes de Génova: «Queda tiempo e intentaremos alcanzar un acuerdo. Por nosotros no será».
En este sentido, desde el PP Nacional subrayan que «bastaría la abstención de Vox para conformar un Gobierno de centro derecha. Sólo puede evitarlo que el partido de Santiago Abascal vote lo mismo que el partido de Pedro Sánchez. Ojalá eso no pase» mientras el cálculo electoral de la próxima semana podría ser la clave en la demora: «Ni las elecciones en Castilla y León ni cualquier otra motivación electoralista justifica que Vox condene a la provisionalidad a los extremeños».
En Mérida, la pantalla de las negociaciones ahora es otra. La tensión se ha rebajado ostensiblemente, también en los términos empleados para dirigirse el uno al otro.
Cierto es que Óscar Fernández, el portavoz de Vox en Extremadura, exigió -faltaría más- «certezas y no meros titulares» a la candidata, pero le recordó que «si hubiese un acuerdo, lo digo en condicional, todo será distinto» al pacto de hace dos años. Esta frase habría sido imposible de escucharla hace 15 días, aunque, como no podía ser de otra forma, hubo reproches en su discurso, pero volcados a Madrid: «Si no hay acuerdo a día de hoy es porque Génova no quiere», elevó el listón Fernández Calle, sacando incluso ya del foco de la culpabilidad a la propia Guardiola, que luego ante los micrófonos se sinceró: «He hecho todo lo que está en mi mano».
El viernes se comprobará si ha sido suficiente para Vox o si, en su particular estrategia electoral, agota otro plazo más, el definitivo, para evitar las urnas. «La partida ya se ha dejado de jugar en Mérida, donde hay un principio de acuerdo entre PP y Vox, pero ahora todo depende de Abascal», apuntan fuentes de la negociación a este periódico. En 24 horas habrá más certezas.

